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CD: El pianista Josep Colom graba 'Dialogue Mozart & Chopin' para el sello Eudora

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7 de octubre de 2015

Josep Colom nos propone un viaje imaginario en el tiempo para asistir al encuentro entre dos genios.

Dialogue

Super Audio CD. Josep Colom. Dialogue Mozart & Chopin. Eudora

Por F. Jaime Pantín
   La propuesta se plasma en un disco de dimensiones generosas - casi 80 minutos de música sublime- en el que se intercalan diversas piezas de ambos compositores tras una selección muy meditada, seguramente pensada  para su audición completa en el mismo orden establecido. Tan solo así es posible asimilar en su totalidad el alcance de la idea de este enorme pianista e intérprete visionario que es Josep Colom.

   A través de 17 piezas se desarrolla un recorrido que va más allá de la coincidencia puntual en aspectos estilísticos, formales o emocionales para sumergirse gradualmente en una atmósfera de sensaciones anímicas en las que pronto deja de importar si lo que está sonando es Mozart, Chopin… o Colom. La sabia elección de los fragmentos, el orden de los mismos y las sutiles digresiones que en forma de inspirada improvisación introduce el pianista nos adentran en un mundo de sensibilidad máxima que nos lleva poco a poco al borde de la desolación.

   De las 17 obras elegidas, tan solo 6 son de Mozart, pero su peso específico parece  mayor en el conjunto, ya que encontramos entre ellas algunas de las más densas y concentradas, ese Mozart sombrío y transhumano que, en tono de confidencia, parece querer compartir con todos nosotros esos secretos íntimos que a veces le atormentan. Es Chopin quien aporta cierta distensión al conjunto del recital con algunas  piezas claramente vitales y luminosas, para terminar adentrándose en los abismos a los que Mozart parece conducirle y donde finalmente se produce un hermanamiento entre ambos. A lo largo del camino asistiremos a momentos de belleza inenarrable. Colom se muestra, en su espléndida madurez artística, como un pianista capaz de extraer del instrumento las posibilidades más insospechadas. Estamos, probablemente, ante uno de los escasos grandes coloristas del piano que ya van quedando y en este disco hace gala no sólo de su técnica asombrosa sino de un profundo conocimiento estilístico y una extraordinaria capacidad para la improvisación, lo cual coloca su trabajo en una dimensión cultural absolutamente fuera de lo habitual.

   Se abre el recital con la mozartiana Fantasía en re menor K 397. Un comienzo bajo el signo de la improvisación, de reminiscencias bachianas y donde la paz aparente resulta engañosa, da paso a un lamento vehemente. Colom ornamenta la reexposición del tema dejando entrever ya la lejana presencia chopiniana y elabora  una inspirada cadencia que - renunciando a la conclusión apócrifa- conduce directamente a la chopiniana  Escocesa en re mayor cuya frescura luminosa parece enlazar directamente  con el optimismo que acabamos de percibir en el allegro de la fantasía anterior y a cuyo término el pianista elabora una sencilla cadenza que sirve de enlace a la siguiente pieza, el Rondó en re mayor K 485 de Mozart que mantiene la tónica de luminosidad que parece dominar el comienzo de este Diálogo. Un tema único se repite de manera constante en un continuo  deambular por tonalidades diversas, generando un clima de improvisación permanente. Colom aborda la pieza con humor no exento de poesía e improvisa un nuevo enlace hacia la segunda Escocesa chopiniana, esta vez en la tonalidad de sol mayor, un nuevo elogio a la danza que el pianista consigue hacer desembocar en la enigmática Giga K 574,  cuya  esencia contrapuntística y fuerte cromatismo constituyen un nuevo homenaje a Bach. Colom mantiene el carácter indefinido de la pieza para decantarse finalmente por el humor y se permite la travesura de incluir, a modo de arranque de fermata, un trazo de la Sonata op. 31 nº 1 de Beethoven, desembocando de manera muy natural en el Preludio op. 28 nº 3 de Chopin, que tras todo lo ya escuchado suena en sus manos de forma novedosamente poética.

   A partir de aquí el Diálogo parece tomar un rumbo más introspectivo y continúa con un nuevo sesgo improvisado muy personal que nos conduce, a través de una nota sensible repetidade manera casi imperceptible, al si menor del Preludio op.28 nº6, bajo cuya tónica lenta pero constantemente repetida, una melodía de vocación violonchelística expone un canto de enfática melancolía. Esa nota parece diluirse en el espacio, presentando de forma totalmente natural el Adagio en si menor de Mozart, verdadera sonata constantemente interrumpida, en la que el genio salzburgués parece más cercano que nunca a Schubert. Colom elabora una recreación rayana en la genialidad, consiguiendo dibujar un entorno de desolación infinita que hubiera justificado por sí mismo la conclusión de este recital, pero del  final  de la pieza emerge una fantástica  improvisación que, dejando entrever a modo de  recitativo una referencia al estudio op. 25 nº7 chopiniano, nos traslada sin embargo al Preludio op.28 nº4, en una interpretación inusualmente agitada de total coherencia emocional en el contexto en que ahora mismo se encuentra el Diálogo.

   Tras una dolente transición improvisada aparece el Vals en la menor, en una lectura personal y emocionada en la que Colom consigue una simbiosis de belleza sublime entre el mundo del vals, la mazurca interiorizada y el nocturno. Fantástica la ornamentación y emocionante el final, que Colom deja inconcluso para desembocar en el Preludio op.28 nº 7, que suena como auténticamente improvisado y constituye  un verdadero descubrimiento. La tonalidad de la mayor nos abre la puerta de manera natural al Rondó en la menor, una de las más claras muestras de la cercanía entre ambos compositores. La tonalidad de la menor posee para Mozart un aliento trágico, como claramente puede apreciarse en la Sonata KV310. Colom consigue impregnar la música de una profunda melancolía no exenta de equilibrio y el tono patético convive con la elegancia en una versión que impresiona. Sin transición nos encontramos con la Mazurca en la menor, música hipnótica que parece girar sobre sí misma y que el pianista enlaza con lógica sorprendente con el Preludio op. 28 nº18 en una interpretación en la que la inusitada retención del tempo, en una búsqueda deliberada del recitativo prolongado, genera una visión descarnada y sobrecogedora que es reafirmada por la crudeza lapidaria de un Preludio op. 28 nº 20 que sirve de  complemento definitivo. A estas alturas nos encontramos sumidos en una profunda amargura que predispone a la escucha de las dos obras finales de este ya prolongado Diálogo, las más trascendentes y complejas en cuanto a estructura se refiere y que por lo mismo  se prestan menos a la improvisación. La Fantasía en Do menor de Mozart es expuesta  con un aliento dramático que pone de relieve el fuerte sentimiento de protesta que subyace en sus páginas y cede la última palabra a la primera Balada de Chopin,cuyo fuerte componente retórico convive con el heroísmo y la dulzura en una versión de fuerza impactante y lirismo conmovedor servida por un despliegue sonoro fastuoso y un poderío técnico avasallador.

   Música maravillosa, con un intérprete maravilloso, en uno de los discos de piano más interesantes y originales que se hayan publicado en los últimos tiempos. Una impresionante toma sonora, en Super AudioCD y los comentarios de Luca Chiantore – ejemplares en su precisión y lucidez – rubrican un trabajo impecable.

Autor:F. Jaime Pantín
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