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CRÍTICA: JUDITH JÁUREGUI OFRECE UN CONCIERTO EN ZARAGOZA JUNTO A LA JONDE, BAJO LA DIRECCIÓN DE JOSÉ LUIS TEMES. Por Alejandro Martínez

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Autor: Alejandro Martínez
14 de enero de 2013
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ELOGIO DE LA JUVENTUD


      La JONDE dio comienzo al 2013 con un encuentro sinfónico en Zaragoza, preparando las obras del programa que han interpretado en el Auditorio de esta ciudad los días 12 y 13 de este mes, y que llevarán el día 14 al Teatro de la Zarzuela. El proyecto de la JONDE merece de entrada un elogio. Y es que no abundan las formaciones jóvenes con decidido y declarado apoyo institucional público. Y mucho menos, los proyectos en los que se amalgame con tan buen juicio la formación musical con el desarrollo personal. Los encuentros de JONDE, y lo cuentan todos los que han pasado por ella, dan lugar a un intercambio fraternal de experiencias musicales y vitales entre jóvenes músicos en pleno crecimiento.
      El programa ofrecido por la JONDE el domingo 13, en concierto matinal, comenzó por una primera parte dedicada a la música española y francesa de inspiración orientalizante.  Se interpretaron obras de J. Gómez, C. Debussy, M. de Falla, R. Chapí y J. M. de Usandizaga, éste ya en la segunda mitad del concierto. Todo ese conjunto de obras, de muy diversa valía e interés,  da clara muestra de la riqueza musical que produjo el encuentro entre Europa y su Oriente, desde mediados del siglo XIX. El exotismo y fascinación de los músicos franceses y españoles por la cultura oriental dio lugar a partituras de gran riqueza melódica e innovadora orquestación, y resultan además ocasión espléndida para calibrar el desempeño técnico y emocional de la JONDE, que sonó en todo momento empastada, firme, con un sonido seguro y técnicamente resuelto. De esta primera parte, quizá lo más logrado fue la pieza de Chapí titulada Los gnomos de La Alhambra, de rica orquestación, de clara inspiración 'nibelunga', podríamos decir. Una partitura muy bien ejecutada, salvo por algún esporádico desajuste y a pesar de que el público interrumpió la continuidad de la obra, aplaudiendo al acabar cada uno de su movimientos.

      Ya en la segunda parte, la hermosísima Pavana de G. Fauré encontró asimismo una exquisita recreación musical en manos de la orquesta, que sonó especialmente poética y sutil. El coro Amici Musicae del Auditorio de Zaragoza no logró en esta pieza ser todo lo etéreo y flexible que debiera. La partitura exige un esfuerzo constante por sonar ora a media voz, ora en piano, y el conjunto no supo regular con la precisión debida ese juego de intensidades. Más cómodo se encontró al coro con el tono enfático de la Fantasía de Beethoven, aunque sin alcanzar la grandeza expresiva, la universalidad elegíaca que demanda la pieza, y acusando aquí y allá esporádicos problemas de empaste y afinación. En ambas intervenciones se echó de menos un trabajo más detallado y preciso del texto, que apenas resultó inteligible.
      La citada Fantasía de Beethoven para piano, coro, orquesta y solistas es sin duda una obra genial. Claro precedente, se ha dicho siempre, del movimiento coral de la Sinfonía no. 9 del genio de Bonn, posee un tono, un equilibrio y una serenidad que son señas de una música grande e inspirada.
      La labor de Judit Jáuregui al piano, en esta Fantasía, nos pareció espléndida, ofreciendo muestra de una seguridad técnica que se convierte en vocación emocional. Comunicativa, elegante, serena. Hizo fácil lo difícil, como los grandes intérpretes. Junto a ella, sin embargo, se presentó un muy discreto y destemplado sexteto solista, de afinación más que dudosa, compuesto por Vanesa García (soprano), Beatriz Gimeno (mezzosoprano), Elena Ruiz (alto), Carlos Salvador (tenor), Mariano Valdezate (tenor) y Fernando Hernández (bajo). Su recreación vocal, lo mismo que la modesta intervención coral, deslucieron un tanto una Fantasia que sonó auténtica y brillante en manos de la JONDE y el piano de Judith Jáuregui. Como propina, la pianista donostiarra ofreció una poética y ensoñadora lectura de Granada de Albeniz.
      La dirección musical fue de José Luis Temes, un maestro que transmitió experiencia y confianza a la JONDE, que sonó con gran musicalidad, buscando siempre el fraseo natural, sin afectaciones ni excesos, dando muestra de un trabajo bien hecho, sin fisuras, con la madurez, la seguridad y el convencimiento propio de quienes aman lo que se traen entre manos.
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