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[C]rítica: «La casa de Bernarda Alba» de Miquel Ortega en el Teatro de la Zarzuela

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13 de noviembre de 2018

«Una gran noche plena de emoción».

«La melodía no tiene por qué morir»

   Por Raúl Chamorro Mena
Madrid. 10-XI-2018. Teatro de la Zarzuela, La casa de Bernarda Alba (Miquel Ortega), estreno de la versión camerística. Nancy Fabiola Herrera (Bernarda Alba), Luis Cansino (Poncia), Carmen Romeu (Adela), Carol García (Martirio), Marifé Nogales (Amelia), Belén Elvira (Magdalena), Berna Perles (Angustias), Milagros Martín (criada), Julieta Serrano (María Josefa). Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid (titular del Teatro de la Zarzuela). Dirección musical: Miguel Ortega. Dirección de escena: Bárbara Lluch

   «La melodía no tiene por qué morir». Esta afirmación del compositor y director de orquesta Miquel Ortega resume bien el lenguaje musical de su ópera La casa de Bernarda Alba basada en la inmortal obra teatral de Federico García Lorca. «Mi Bernarda Alba, musicalmente hablando, emplea un lenguaje relativamente conservador, me considero fiel, en cierto modo, a la tradición», subraya el autor en el programa de mano editado por el Teatro de la Zarzuela. Como ya ha afirmado el que suscribe en otras de sus recensiones, la ópera contemporánea se manifiesta con diferentes lenguajes y desde ópticas y planteamientos plurales. Desde el vanguardismo más furibundo a las posturas que han considerado se ha llegado a un callejón sin salida y al absoluto desprecio del público y que es preciso volver a la tonalidad y a planteamientos más tradicionales. Asimismo, conviven posturas intermedias, eclécticas y de muy variadas fuentes y orígenes.

   En primer lugar hay que subrayar la grandísima dignidad del trabajo de Ortega que ha logrado plasmar su devoción desde la adolescencia -como así confiesa en el artículo del programa de mano antes referido- por el texto de Lorca, que no es nada fácil de transformar en ópera. Aunque hay muchas adaptaciones musicales de la misma, tanto ballet como óperas, en este caso estamos ante la primera de todas en español.

   La estructura de la obra tanto en lo musical como en la escritura para la voz -basada en el arioso, en el recitativo melódico- es tributaria del verismo italiano, de Menotti y sobretodo, Puccini, compositor por el que Ortega tiene especial admiración, aunque también he encontrado ecos straussianos y momentos de folklore andaluz. La música es tonal, se aleja del vanguardismo, pero es moderna, es decir no suena anticuada ni apolillada. Una música ecléctica en cierto modo y ante todo, teatral, al servicio del drama y la exposición de atmósferas. Todo ese ambiente sofocante y angustioso, producto de la moral represiva y el fanatismo religioso que contiene el drama de Lorca está perfectamente conseguido y la tensión teatral no decae en ningún momento. Esas cinco hermanas de distintas edades que deben guardar un luto de 8 años sin poder salir ni a la calle porque las apariencias y guardar esa moral hipócrita de cara a los demás es el afán principal para Bernarda, una madre tiránica, una especie de Doña Perfecta (memorable personaje del universo Galdosiano), símbolo de los peores atavismos de la España profunda, es decir, el autoritarismo, la intolerancia religiosa y la moral reaccionaria e inflexible, que conducirá a la inevitable tragedia. Todo ello afecta especialmente a las mujeres, educadas en la represión, en la total sumisión, en una religiosidad intrasingente que reprime cualquier expresión de la sexualidad, que mortifica con el sentimiento de culpa. Los celos entre las propias hermanas por Pepe el Romano, -un hombre que no aparece en la obra, pero está totalmente presente- corroerá la relación entre ellas.

   Como consecuencia de los desempeños de Ortega como maestro repetidor y director de orquesta la creación de la obra -con libreto de Julio Ramos que realiza la adaptación de la obra eliminando solamente alguna escena y  el personaje de Prudencia- se alargó unos años y a pesar de que su idea inicial era crearla para orquesta de cámara, la posibilidad de estrenarla en el Teatro de la Opera de la ciudad rumana de Brasov (como así fue en el año 2007) provocó un cambio de planes, pues allí le exigieron utilizar la plantilla de orquesta sinfónica. Por tanto, con este estreno de la versión de cámara se vuelve a las intenciones originarias del compositor que se inspira -como el mismo ha manifestado- en Britten y sus orquestaciones en óperas como La violación de Lucrezia o La vuelta de tuerca.

   Como era de esperar, la lógica se impuso y teniendo disponible al autor, el propio Miquel Ortega se encargó de la dirección musical en lugar del anunciado Rubén Fernández Aguirre, que permanece como asistente (responsable de la mayor parte de los ensayos) y solista de piano. Del elenco hay que destacar, ante todo, la compenetración y gran labor de equipo de todos sus componentes, tanto en lo musical como lo dramático. En primer lugar, hay que destacar la espléndida creación de Nancy Herrera como Bernarda Alba, tan precisa en lo musical, como entregada en lo intepretativo. Una Bernarda implacable, inexorable y firme en sus intolerantes convicciones. Sus tremendas frases al final de la obra después de la tragedia resonaron impactantes ante un público conmovido: «!A callar se ha dicho! Las lágrimas cuando estés sola. Nos hundiremos todas en un mar de luto. ¡Ella la hija menor de Bernarda Alba ha muerto virgen!» Un gran mérito su actuación, pues al final de la representación me comunicaron que el día anterior había fallecido una familiar muy cercana, de ahí esos abrazos en forma de piña que le dedicó todo el reparto en los saludos finales.

   Luis Cansino demostró, una vez más, su camaleonismo intepretativo en el fundamental papel de la criada Poncia, protagonizando uno de los clímax de la obra como es ese gran dúo con Adela en el acto segundo. Resonante en lo vocal e irreprochable en su cosntrucción del personaje. Su intervención en una obra que sólo tiene previsto mujeres se encardina en una tradición en la que figuran nombres tan ilustres de nuestro teatro como Ismael Merlo que afrontó el papel de Bernarda Alba o Eusebio Poncela que protagonizó una versión solo con hombres. Adela, la hija más joven y destinada a un final trágico, a la que desborda la pasión y que no puede entender que Pepe el Romano se destine a su ajada hermana mayor, solo por dinero, en lugar de a ella, lozana y ardiente tuvo como ajustada intérprete a la soprano Carmen Romeu. Intensa, juvenil y apasionada, quizás le faltó un punto de sensualidad en un papel que la pide por arrobas. En lo vocal, cabe lamentar unas notas agudas totalmente abiertas y desabridas, siendo la suya la única escritura aguda, lógico en principio, por ser la hermana más joven. Los demás papeles son todos de escritura central y grave, con algunos ascensos puntuales en el caso de Martirio, también fascinada por Pepe El Romano y, por tanto, celosísima frente a sus hermanas Adela y Angustias. Esas notas altas esporádicas fueron bien resueltas por la mezzo aguda Carol García, cómoda en las alturas y que también completó una estimable caracterización. Impecable igualmente Berna Perles como Angustias, la hermana mayor a la que se le escapa su última oportunidad para salir de la casa, esto es, su casamiento de conveniencia con Pepe el Romano. Apropiadas también Marifé Nogales y Belén Elvira como Amelia y Magdalena, respectivamente. Una mención a la eterna Milagros Martín, que no dejó escapar el puñado de frases de su parte. 

   Un lujo la colosal y plena de magnetismo intervención de esa gran dama de la escena española que es Julieta Serrano en el papel hablado de María Josefa, la madre de Bernarda. Fue un auténtico regalo para la vista (que el que firma agradece profundamente después de una racha tremenda de tenebroso feísmo) la escenografía, vestuario e iluminación de los eminentes Ezio Frigerio, Franca Squarciapino y Vinicio Cheli y muy eficiente dirección escéncia de Bárbara Lluch que contribuye perfectamente a esa tensión constante de la representación. El público, que aplaudió el decorado -tan espectacular como funcional y perfecto para la ambientación del drama- nada más alzarse el telón, disfrutó muchísimo, se palpaba la tensión en el mismo y dispensó una gran recepción a la obra. Indudable éxito.

   Desde aquí recomiendo a los amantes del teatro musical, de la ópera, del melodrama, especialmente a los que tienen recelo hacia la creación contemporánea, a que acudan a ver estas representaciones porque disfrutarán de una gran noche plena de emoción.

Foto: Antonio Castro

Autor:Raúl Chamorro Mena
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