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CRÍTICA: 'LA VIUDA ALEGRE' DE LÉHAR CLAUSURA LA TEMPORADA DE LA ORQUESTA Y CORO NACIONALES DE ESPAÑA. Por Raúl Chamorro Mena

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10 de julio de 2013
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ALEGRÍA DE VIVIR

Temporada OCNE, 7-6-2013. Madrid, Auditorio Nacional. LA VIUDA ALEGRE -Léhar- (Selección). Veronique Gens (Hanna Glawari), Christopher Maltman (Conde Danilo), Gustavo Peña (Camille du Rosillon), Vanessa Goicoechea (Valencienne), Eduardo Giraldo (Zeta), Manuel Mendaña (Cascada), Fernando Aguilera (Saint Brioche). Coro Nacional de España. Orquesta Nacional de España. Director Musical: Josep Pons.

     La chispeante ligereza, la desbordante inspiración melódica, la alegría de vivir que transmite la innmortal opereta de Franz Léhar, nos pareció una buena elección como broche final de la temporada de Orquesta y Coro Nacionales de España. Josep Pons, titular durante los últimos años y responsable del gran cambio y muy apreciable mejoría de una orquesta que cogió en un momento bajísimo, volvía al podio ya no como titular, sino como director honorario.
      Lamentablemente no se interpretó la obra completa, lo que no hubiera supuesto una duración ni mucho menos desmesurada, ni siquiera los 80 minutos que anunciaba el programa de mano, resultando sorprendentemente cortados números como el dúo del acto primero entre Camille y Valencienne y nada menos que la salida de la protagonista, aunque esto último puede comprenderse dado el pobre nivel ofrecido por la soprano contratada.
      La francesa Veronique Gens, efectivamente, goza de cierto prestigio en el repertorio barroco y mozartiano, aunque ya se ha atrevido, incluso con la Eva de Meistersinger. Las señas de identidad compartidas por muchas de las cantante consideradas como especialistas del período barroco quedaron inmediatamente demostradas por un material modestísimo, desguarnecido en toda la gama, sin armónicos, de gran pobreza tímbrica, justísimo de volumen, desguarnecido en el grave y con un centro muy débil. Asimismo la soprano obvia el pasaje de registro, no cubre el sonido, no hay enmascaramiento, y ofrece sonidos abiertos y duros como el desastroso agudo final de su plana y trivial interpretación de la maravillosa Vilja-lied, nota que tuvo que cortar bruscamente por estar a punto de quebrarse. Es difícil imaginar mayor falta de entusiasmo, de encanto, y sotisficación en una protagonista de La viuda alegre.
       Estuvo mucho mejor el barítono Chirstopher Maltman como Conde Danilo, que lució una voz potente, sonora y empastada. No se puede decir que sus modos canoros sean refinados, pero fue innegable su expresividad, su entrega, su implicación y que siempre intentó interpretar el personaje, a pesar de estar en una versión concierto. Aprobado también para el tenor Gustavo Peña, que si en las bellísimas frases del dúo con Valencienne del acto segundo no ofreció variedad ni clase en su fraseo, sí proyección y corrección musical. Muy recortada quedó la intervención de Vanessa Goicoechea que apenas pudo mostrar una voz grata y una sobria y elegante distinción en el escenario.
      Poca afinidad, a priori, la del Maestro Josep Pons con este repertorio, pero su trabajo además de entusiasmo y vitalidad, - a falta de genuino estilo vienés-, conjugó primorosos detalles con momentos de gran refinamiento tímbrico, a los que se presta la exquisita orquestación de la obra. La Orquesta Nacional respondió con nota, destacando las estupendas intervenciones de la concertino y el chelo solista. A menor nivel, pero cumplidor, el coro.
      Una pena la gélida frialdad y nula implicación del público, que no aplaudió ni un sólo número (algo insólito cuando se interpreta esta obra-sin ir más lejos, no es nada raro ver en una representación, que se bise la marcha-septeto del acto segundo con las palmas del público acompañando), aunque es comprensible que el abono de la OCNE esté más acostumbrado a las solemnes interpretaciones de la sinfonías de Brahms, Beethoven, Bruckner o Mahler que al chispeante y frívolo mundo de los valses, polcas, marchas, galops y can-can. Señores, ¡Un poco de chispa y de alegría nunca están de más y sobretodo en tiempos de crisis!

Autor:Raúl Chamorro Mena
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