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CD: 'LE CONCERT SPIRITUEL' GRABA PARA EL SELLO GLOSSA LA MÚSICA DE LOUIS LE PRINCE. Por Mario Guada

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31 de julio de 2013
  LA GRANDEUR DEL BARROCO FRANCÉS
 
Missa Macula non est in te. Le Concert Spirituel - Hervé Niquet. Glossa [GCD 921627], 2013. TT. 63'48. Obras de Louis Le Prince, Marc-Antoine Charpentier y Jean-Baptiste Lully.

 
       Francia siempre ha sido un espejo en el que mirarse, al menos en lo concerniente a la recuperación de su patrimonio musical, sobre todo desde que el interés por los repertorios pretéritos comenzase a calar entre los músicos y musicólogos galos. De hecho, gran parte de este éxito casi inimitable radica en el profundo apoyo institucional que desde hace décadas viene ofreciéndose a grupos y estudiosos para el estudio, interpretación y grabación de obras de los hasta entonces desconocidos grandes maestros del Grand Siècle. Así hemos visto alzarse las grandes figuras de la Francia de los siglos XVII y XVIII por encima de muchos de los maestros del XIX o XX. Los Jean-Philipe Rameau, Jean-Baptiste Lully, Marc-Antoine Charpentier, Marin Marais, André Campra o Henry Desmarest han sido algunos de los más destacados. No obstante, otras figuras que pueden considerarse menores también han obtenido mucha atención por parte de los grandes conjuntos franceses, algunos de sobra conocidos ya por el público de cualquier lugar del planeta.
      Uno de estos grandes conjuntos, empeñado durante años en desempolvar legajos y buscar partituras inéditas, es quien protagoniza esta grabación. Le Concert Spirituel, conjunto con sede en la ciudad francesa de Metz, y que es dirigido desde su fundación por Hervé Niquet, es a su vez uno de los mejores embajadores de la música francesa en los escenarios de todo el mundo.
       Para el presente registro fonográfico han centrado su atención en la ignota figura de Louis Le Prince, compositor del siglo XVII del que apenas conocemos dato alguno. Se sabe que al parecer fue "Presbytero in Ecclesia Cathedrali lexovensi Symphoneta/Symphoniarca, & Capellano./" [maestro de capilla, en resumidas cuentas] en la catedral de Lisieux. La única obra que se conserva de su producción es esta Missa Macula non est in te, que se interpreta y graba aquí por primera desde hace siglos. La obra, que fue publicada por en 1663 por Robert Ballard, llevaba el sobrenombre de Missa sex vocum ad imitationem moduli, dando así buena muestra de las pretensiones del compositor galo en su composición.
      Únicamente se conserva una copia de esta partitura, albergada en la Bibliothèque nationale de France, consistente en esas seis partes, escritas por separado y para las tesituras vocales más comunes del momento en Francia: dessus I [soprano], dessus II, haute-contre [literalmente contralto, aunque hoy sabemos que solía cantarse por tenores agudos, con gran registro y facilidad para las notas altas "de cabeza"], taille [tenor], basse-taille [barítono] y basse [bajo]. Además, la partitura no consta de parte instrumental alguna, ni tan siquiera del bajo continuo -algo ciertamente habitual en la época, por otra parte. Por lo demás, la obra es una clara referencia y alabanza mariana, y está compuesta en el tono de sol menor, descrito por Charpentier como "serio y magnífico".

      Al igual que hiciera en otra de sus grabaciones para Glossa, Niquet presenta aquí una reconstrucción litúrgica en la que utiliza los efectivos vocales e instrumentales que considera fueron los utilizados por Le Prince en su capilla. De este modo, y basándose en las diversas combinaciones ofrecidas por el compositor Jacques de Goy en su introducción al Airs à quatre parties sur le paraphrases des psaumes de Godeau [Paris, 1650], Niquet utiliza únicamente voces femeninas -divididas en haut-dessus, dessus, bas-dessus-, apoyándose en un aparato instrumental compuesto por un conjunto de cuerdas formado por violines barrocos, violas barrocas, violonchelos barrocos y violone, dejando el continuo a su vez al órgano y fagot barroco -solamente hemos de lamentar la ausencia de un instrumento de cuerda pulsada en el continuo, pues siempre aporta ese colorido tan particular a la música del XVII y especialmente a la del Grand Siècle, en la que la thèorbe d'accompagnement es marca de la casa. Las partes instrumentales por un lado doblan las partes cantadas, mientras que por el otro completan las partes que carecen de cantores para su interpretación -aquí básicamente el bajo. La Missa Macula non est in te es un interesante ejemplo del quehacer musical de este momento, pero no nos ofrece melodías ni armonía especialmente complejas, aunque es su sencillez y belleza melódica radica gran parte de su encanto.
       El resto del oficio se completa -a falta de un corpus mayor compuesto por Le Prince- con obras de Marc-Antoine Charpentier, del que se ofrecen cinco motetes -Gaudete fideles, Gratiarum actiones pro restituta, O pretiosum, Domine salvum fac Regem y Magnificat [H. 75]- y una pieza instrumental -Ouverture pour le sacre d'un évêque-, además de un motete de Jean-Baptiste Lully. Estas obras son de un carácter totalmente contrastante al de la misa, pues hallamos aquí un tejido contrapuntístico, una complejidad melódico-armónica y un concurso instrumental mucho más virtuosístico y con un carácter marcadamente solístico. Las piezas de Charpentier son probablemente las de mayor trascendencia y preciosismo del presente álbum, portadoras de una belleza fascinante y un carácter recogido, en el que el contraste entre las partes vocales y las instrumentales es ya un valor en alza -los brevísimos ritornelli imitativos son marca de la casa en el caso de Charpentier. En la pieza instrumental la sonoridad francesa se deja entrever en el uso del ritmo ternario y esos puntillos tan característicos, amén de sus partes contrastantes -aquí algo menos representativas de lo que es norma. El motete de Lully, O dulcissime Domine, es uno de los momentos de mayor lirismo, con una línea vocal de gran lucidez melódica sustentada por un refinado bajo continuo que aporta el sustento armónico necesario. 
      La interpretación plasmada en este compacto es realmente fabulosa. No estamos ante uno de los mejores conjuntos franceses por nada. La calidad mostrada en las diez cantoras es de un altísimo nivel. Se alcanzan cotas de belleza sonora, afinación, empaste -impresionante este aspecto- y equilibro que no están al alcance de cualquiera -hay momentos de sonoridad casi angélica [escúchese el amen del Magnificat]. El toque maestro viene de la mano de los instrumentistas, comandados de una manera brillante por Alice Pierot, con una limpidez y tersura en las cuerdas que realmente engancha desde la primera escucha.  
      La dirección de Hervé Niquet es precisa, sacando de cada línea el resultado exacto que esta música merece. El director galo es uno de los mayores expertos a nivel mundial en este tipo de repertorio y eso se hace notar desde la primera nota. Debates, sobre lo adecuado de utilizar solo voces femeninas, la forma de combinarlas, lo apropiado o plausible de las piezas escogidas para completar la reconstrucción litúrgica..., aparte, lo que no puede negarse es que estamos ante un disco de muchos quilates, en el que la calidad de la música habla per se -sobre todo Charpentier y Lully- y la interpretación hace sobrada justicia a un repertorio hasta ahora desconocido y que merecía ser rescatado del "sueño de los justos". Otro nuevo acierto para el sello escurialense, que por lo demás nos ofrece sus calidades habituales: bella presentación e interesantes y fundamentadas notas críticas.
Autor:Mario Guada
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