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Libro: «Beethoven contado a través de sus contemporáneos» [Alianza Música]

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Autor: Aurelio M. Seco
2 de abril de 2021

Beethoven al contado

Por Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
Beethoven contado a través de sus contemporáneos. O. G. Sonneck [ed.] [Alianza Música]

   El 250 aniversario del nacimiento de Beethoven dejó, el año pasado, un aluvión de publicaciones sobre el compositor. Entre ellas se encuentra este Beethoven contado a través de sus contemporáneos, un libro de semblanzas, de recuerdos sobre Beethoven, escritos por amigos, coetáneos... No estamos ante un libro fundamental, como pudiera serlo, por ejemplo, el escrito por Jean y Brigitte Massin [Ludwig van Beethoven], publicación que, por cierto, contiene documentos que encontramos en éste de Alianza Música. Se trata, eso sí, de una edición agradable y de interés, por la cantidad de información que aporta sobre el hombre y el artista, sobre todo para el aficionado que se encuentre por primera vez ante muchos textos ya clásicos en la historiografía beethoveniana. El encuentro entre Mozart y Beethoven descrito por Otto Jahn, los amores de Beethoven por boca de algunos de sus amigos; escritos de profesores del compositor como Johann Schenk o de músicos como Johann Wenzel Tomaschek o Czerny, alumno del propio Beethoven y él mismo profesor de Liszt; el famoso texto que Franz Grillparzer compuso con motivo de su muerte; opiniones de Beethoven sobre, por ejemplo, Meyerbeer, e incluyo nombres de músicos que, como el de Ignaz Umlauf, tenían importancia entonces pero que hoy han sido olvidados. Por voz de Ferdinand Ries, nos enteramos, por ejemplo, de que «De todos los compositores, era Mozart y Händel a los que tenía en mayor consideración, y a continuación, Bach. Siempre que me lo encontraba con partituras en la mano o las veía sobre su escritorio», nos dice, «se trataba con seguridad de composiciones de uno de estos héroes. Haydn casi nunca se libraba de unos cuantos puntapiés en las costillas, ya que Beethoven le guardaba rencor desde los primeros tiempos», confiesa Ries. Beethoven había estudiado con Haydn, con Albrechtsberger y Salieri, pero parece que no consideraba muy valiosas sus enseñanzas.


   Como no puede ser de otra forma, son muy relevantes y de total actualidad las opiniones de Beethoven sobre algunos de sus contemporáneos. Sobre el valor de las interpretaciones pianísticas, afirma lo siguiente: «Siempre he dicho que los mejores pianistas eran también los mejores compositores, pero ¿cómo tocaban? No como los pianistas de hoy en día, que sólo recorren el teclado arriba y abajo con pasajes que se han aprendido de memoria: ¡pam, pam, pam! ¿Qué significa esto? ¡Nada! Los auténticos virtuosos del piano, cuando tocaban, ofrecían algo interconectado, un todo. Cuando se transcribía, podía aceptarse automáticamente como una obra bien compuesta. ¡Eso era tocar el piano, lo demás no vale nada!». 

   La publicación es generosa cuando se trata de cuestiones personales. Wegeler nos confiesa que Beethoven «siempre estaba enamorado, y el amor que vivía en cada momento solía afectarle mucho». Resulta entrañable y también sorprendente observar la lucha infructuosa de Beethoven por encontrar un lugar entre la alta sociedad, un sitio que, incluso en lo sentimental, él parecía demandar constantemente, pero que siempre le estuvo vedado. Así, en un escrito de Otto Jahn que encontramos en el mencionado libro de Jean y Briggite Massin, se dice lo siguiente en relación con el interés sentimental de Beethoven por la condesa Giulietta Guicciardi: «Cuando no se trata ya del placer, sino de la vida, el músico más grande de todos los tiempos, todavía años después de su muerte, no ha sido nunca a sus ojos más que un criado, un “maestro de música”». 

   Entre lo más atractivo está la descripción de algunos de los más importantes momentos de su vida. Es el caso de Ferdinand Hiller, cuyo relato de los últimos días del compositor resulta especialmente emotivo. Hiller visitó a Beethoven cuando tenía quince años y la suficiente madurez como para anotar, negro sobre blanco, los pormenores de sus encuentros. «En Viena», nos cuenta, «los artistas que visitaron a Hummel comentaron la gravedad de su estado. Por un lado, era desesperado; por otro, terriblemente triste. Primero, su sordera absoluta y una desconfianza continuamente creciente hacía todo el mundo, y ahora, como colofón, dolores corporales, las operaciones fallidas, el descontento y la soledad, y un aspecto que casi daba horror». El relato del fallecimiento de Beethoven prosigue hablando de su sobrino Karl, «a quien quería muchísimo» pero que le causó una «gran infelicidad». Trece días antes de su fallecimiento, el 13 de marzo, volvió a visitar a Beethoven con Hummel. «”Sois un hombre afortunado -le dijo [A Hummel] en esta ocasión con una sonrisa-. Tenéis una esposa que os cuida, que está enamorada de vos; pero yo, ¡pobre desgraciado!”, y suspiró profundamente».


   El 23 de marzo, Hiller lo visita por última vez. «El aspecto de este hombre extraordinario era totalmente desesperado. Yacía débil y hundido, suspirando levemente de vez en cuando. No salió de sus labios ninguna palabra más; el sudor le perlaba la frente. Viendo que, por algún motivo, no tenía un pañuelo a mano, la mujer de Hummel usó su delicado pañuelo de batista y le secó la cara varias veces. Nunca olvidaré la mirada de agradecimiento que sus dos ojos le lanzaron al hacerlo». El 26 de marzo, «a eso de las cinco menos cuarto» de la tarde, fallecía Beethoven. De cinco a seis, relata Hiller, «cayó una densa nevada acompañada de violentos rayos y truenos que iluminaron toda la estancia».

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