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Libro: «Filosofía de la música. Respuestas a Peter Kivy». James O. Young. Daniel Martín Sáez (ed.) [Calanda Ediciones Musicales]

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21 de junio de 2019

Desmontando a Peter Kivy

Por Albert Ferrer Flamarich
Filosofía de la música. Respuestas a Peter Kivy. James O. Young. Daniel Martín Sáez (ed.). Calanda Ediciones Musicales, 2017. 196 págs. ISBN: 978-84-943568-6-5.

   El joven sello Calanda Ediciones Musicales acaba de publicar otra novedad que, a nivel discursivo y de pensamiento, encaja perfectamente en su línea por el rigor, la densidad, la metodología y el prurito de actualidad dentro del ámbito académico y especializado. En él se recoge el debate entre dos de los más distinguidos filósofos contemporáneos de la música como Peter Kivy (1934-2017) y James O. Young (1961). En 2012 Kivy contestó a determinados artículos de Young en el libro Sounding Off: Eleven Essays inthe philosophy of music, a los que Young respondió en 2014 y 2015. Estas últimas respuestas se recogen aquí gracias a la labor como editor y revisor del musicólogo español Daniel Martín Sáez, que también firma un prólogo en el que replantea algunos puntos de la estética de la música como disciplina y establece una pequeña trayectoria del pensamiento de Kivy.

   Se trata de un discurso lúcido, certero, preciso y bien reflexionado en lo que Young juzga importante corregir para evitar errores que conduzcan a otros nuevos en la filosofía de la música. El sugerente argumentario se divide en cuatro bloques y siete capítulos a partir de cuatro de los ejes del pensamiento de Kivy como fueron la ontología musical y el formalismo; la hipótesis del gran corte; la idea de genio y, por último, el problema de la ópera. En ellos la fluida pero algo reincidente redacción de James O Young peca de dos excesos: la referencia constante a Kivy y a la reexposición de los puntos de partida de sus premisas, aunque ello se fundamente en la voluntad y calidad expositiva de un texto muy bien encadenado en las tesis de partida y sus refutaciones. Y más, tratándose de una monografía basada en rebatir su discurso. Young establece una síntesis respetuosa de las ideas de Kivy en un magnífico despliegue de contraargumentaciones basadas en un serio conocimiento de las fuentes de época como demuestra en el bloque dedicado a concepto de genio aplicado a los compositores, con el que Young desmonta un libro apasionante pero parcial y algo tendencioso aunque seductor como El poseedor y el poseído (Antonio Machado Libros, 2011). Young demuestra que los compositores fueron considerados como genios musicales -aunque sin el empleo del término- mucho antes de lo que teoriza Kivy. En este punto cabe destacar la reflexión sobre la omisión del papel de Herder y las valoraciones de intelectuales que en el Renacimiento opinaron sobre músicos como Ockeghem o Josquin, así como la construcción fluctuante y cíclica de las concepciones longiana y platónica del genio a partir de les casos expuestos sobre Händel, Mozart y Beethoven como paradigmas.


   Otra hipótesis refutada es la del «great divide» o «gran corte» establecida hacia 1800 también por figuras como Lídia Goehr y aceptada en el ámbito académico actual. Ante la conversión de la sala de concierto como principal espacio destinado a la interpretación y de la música como objeto de contemplación estética exclusiva en los inicios del siglo XIX, Young apunta que los cambios fueron de contexto de la experiencia estética y no de ésta. No obstante, reconoce que en los albores del Romanticismo y su ethos «más-sensible-que-tú» (página 83) beneficiaron el establecimiento de la etiqueta defendida por un Peter Kivy que, en uno de sus habituales errores metodológicos, no aportó ningún argumento irrebatible que justifique el cambio drástico tan defendido por él. Y es que muchas de las audiencias anteriores a 1800 también escuchaban música como objeto exclusivamente estético, según lo recogido por Young  a partir de distintos testimonios y fuentes documentales de época.

   En cuanto al problema de la ópera (bloque IV), arraigado en la semanticidad del género y familiarizado con el debate «prima la música dopo le parole», para Young no existe tal cuestión. El formalismo de Kivy lo conduce a considerar la música desde una asemanticidad que esteriliza su papel y efecto psicológico en la ópera, dada la incapacidad de realizar enunciados frente a la literatura. Young recuerda que los significados sólo existen en virtud de convenciones semánticas y que, literatura y música, despiertan emociones de formas distintas como ejemplifican las conclusiones de distintos experimentos psicológicos y neurocientíficos con música instrumental y vocal. Como dice Young al final del libro: «la ópera no es una forma vacía, y el compositor, incluso más que el libretista, contribuye al contenido musical» en un pseudoproblema que sólo surge como debate entre pensadores formalistas.


   Este formalismo atañe al primer bloque, centrado en la ontología de la música desde un platonismo extremo fundamentado en las composiciones musicales como tipos de estructura sonora eternos e increados, que se descubren y que, como obras, no pueden ser destruidas y son independientes del contexto histórico. Según Young, Kivy olvida la evidencia empírica para formular una filosofía bastida sobre marcos de debate y no sobre hechos que hablen de obras musicales. Más, tratándose de un pensador autodenominado empirista. En esto, no faltan referencias a otras interpretaciones ontológicas como las de Julian Dodd, el perdurantismo de Ben Caplan y Carl Matheson. En este bloque inicial del libro, el segundo capítulo aborda el discurso reaccionario y estéticamente escéptico de las interpretaciones históricamente auténticas e informadas a partir de argumentaciones contrafácticas del compositor. Uno de los errores apuntados por Young radica en la ausencia de cuestiones técnicas estrictamente musicales vinculadas a la interpretación y ejecución de las obras en una mirada parcial al hecho sonoro.

   En conjunto se trata de un libro apasionante si se conoce la materia, tras cuya lectura uno puede preguntarse por qué Peter Kivy ha sido -quizá- el filósofo contemporáneo más influyente si sus teorías y escritos parten de errores conceptuales, musicológicos y metodológicos como los que han posibilitado un libro como éste de Young que lo retrata como un pensador dogmático y con severas contradicciones. El lector hallará la respuesta en la introducción del autor y en elprólogo de Martín Sáez. Para Young -y para otros filósofos y pensadores-, Kivy imaginó problemas donde no los hubo. Volúmenes como el presente favorecen la vitalidad e importancia de la filosofía de la música, la necesidad del debate y el fundamento de las humanidades en un libro que también supone una introducción a determinados episodios de la filosofía contemporánea de la música. Además, posiciona a Calanda Ediciones Musicales como uno de los jóvenes sellos nacionales con unas líneas de investigación sin saturación temática y ultraespecíficas, surgido del empeño y la aguda visión académica -y crítica- de la profesora universitaria e investigadora Teresa Cascudo (1968).

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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