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Libro: «Pensamiento filosófico en el arte coreográfico contemporáneo» de Isabel Arance [Ediciones Cumbres]

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18 de octubre de 2019

Filosofía de la Danza

Por Albert Ferrer Flamarich | @AlbertFFlamari1
El pensamiento filosófico en el arte coreográfico contemporáneo. Isabel Arance. Ediciones Cumbres, Madrid, 2017. 645 págs.. 978-84-945766-7-6.

   Ediciones Cumbres prosigue su periplo de publicaciones entorno la danza desde distintas perspectivas y metodologías. En esta ocasión ha comercializado un extenso volumen dedicado a las relaciones filosóficas en la danza contemporánea. Dividido en seis capítulos se trata de un trabajo de la bailarina Isabel Arance que conjuga el binomio filosofía y danza como un lenguaje del espíritu y del cuerpo. La autora ubica la danza en un espacio abierto a la multiplicidad, la interrelación y la diferencia, maridando razón y experiencia. Arance analiza la influencia del pensamiento de cada época en los creadores, sea por asimilación o por oposición, en un desarrollo intelectual y intuitivo; y desde la libertad artística ante corsés y reglas que coarten su vitalidad y creatividad en la representación dancística: ya sea desde la fisicalidad más absoluta hasta la abstracción más simbólica, con voluntad de narración y significación concreta o sin ellas; ya sea con interdependencia entre música y danza o con independencia entre ambas; y con el consecuente alumbramiento de registros y estilos en un diálogo entre filosofía y danza mediado por lo musical a nivel discursivo.


   El capítulo inicial concentra un sucinto repaso desde una perspectiva histórica a cuestiones y conceptos como la belleza, el gusto y el estilo, entendidos como orígenes de determinados parámetros fundamentales que integran cualquier tipo de composición artística. Establece un repaso del devenir diacrónico de la danza, así como su relación de complementariedad, reciprocidad e independencia con la música. Se centra en el siglo XX como marco contextual de capítulos posteriores como el cuarto, el quinto y el sexto; tras presentar la danza como disciplina de estudio, en su variedad estilística y su técnica, así como en la interrelación con la danza clásica y la danza jazz. El segundo capítulo amplía la panorámica sobre las escuelas y principales figuras en el siglo XX con apartados de corte, a veces, más curricular y detallado que técnicamente analítico y global. Se retratan personalidades como Marta Graham, José Limón, George Balanchine y escuelas como la americana y la alemana, y la holandesa en su posicionamiento como puntera las últimas décadas. En lo referente a España, el discurso tiende más una valoración de la situación a la manera de un artículo periodístico. Aquí se echa de menos un comentario más detallado sobre Nacho Duato o Antonio Najarro que merecerían un desglose equivalente a lo ofrecido sobre otros bailarines y coreográficos dentro de este mismo capítulo. En algunos casos, la cronología vital de Isadora Duncan o Jerome Robbins no queda precisada.

   A partir del tercer capítulo, la relación entre las disciplinas se entrelaza y desarrolla estrechamente a partir, por ejemplo, de la dialéctica entre opuestos según la concepción nietzscheana del devenir y el carácter dinámico y de raíz heraclítea en el fluir de la esencia cósmica y del ser que la danza representa. Se presenta al filósofo de la sospecha como el primero que reflexiona sobre la danza y su incidencia en la vanguardia representada por figuras como Isadora Duncan. Enlaza temas como la dialéctica entre el intelecto y el sentir, la preeminencia del cuerpo, a la par que el influjo fenomenológico a partir de Ortega y Gasset, Husserl, Heidegger y Zambrano. También comenta aspectos de Artaud como su noción de alquimia con el que se refería a la materialización artística, a la vez que el concepto de pensamiento débil de Vattimo. En su vertiente de ensayista e investigadora, la autora introduce algunas ideas propias como la de la dualidad genética, concebido a la manera de un binomio entre equilibrio y traslación basada en procesos de apertura, dinamismo, perspectiva y mutación.

   El siguiente capítulo recoge el encuentro artístico de Bob Fosse frente Nietszche, así como la razón poética de Zambrano y Wigman como vía de descubrimiento personal para la creación de universos propios, entendidos como el acceso al interior de uno mismo para definir las relaciones con claridad y dar sentido a su emoción. Mientras que el quinto, arguye la perspectiva deconstructivista des del pensamiento de Derrida en la que la plasticidad y corporeidad de los cuerpos y movimientos hacen que la danza no solo remita a sí misma. También aborda la perspectiva adorniana de la pluralidad de la idea creativa, su vínculo nietzscheano en la reinvención y dinamismo vital y la dialéctica entre la intención (mensaje del artista), contenido (significado) y el sentido (idea sensorial entre intención y significado). Estos capítulos se nutren de una prosa muy abstracta, algo florida y que atrapa por momentos, aunque no esconde un halo repetitivo y reexpositivo algo agotador. El sexto capítulo resulta sugerente por el perfil de John Inger y la atención al montaje Carmen de Rain Dogs para la Compañía Nacional de Danza de España en 2015. En una misma línea de lo nacional, cabe añadir la referencia a Marcos Morau y su código de movimiento llamado kova.

   Ello no impide reconocer que esta monografía se configura como otro de los aciertos de la editorial madrileña. La presentación sigue la línea elegante del sello con una letra de cuerpo grande, las citas y extractos en cursiva, ilustraciones a dos tintas, márgenes espaciosos y concisas notas a pie de página. Todo ello rezuma el tan señalado gusto por el libro como objeto de consumo y culto como caracteriza el sello dirigido por Mayda Bustamante.

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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