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CRÍTICA: MARIELLA DEVIA DEBUTA CON ÉXITO EN BOLONIA EN EL PAPEL DE 'NORMA'. Por Raúl Chamorro Mena

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19 de abril de 2013
El Comunale de Bolonia acoge una versión histórica de la célebre ópera de Bellini
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 MARIELLA DEVIA, EL MAGISTERIO POR NORMA

 

NORMA (Bellini)  Bolonia, Teatro Comunale, 13-4-2013. Mariella Devia (Norma), Carmela Remigio (Adalgisa), Aquiles Machado (Pollione), Sergey Artamonov (Oroveso), Alena Sautier (Clotilde), Gianluca Floris (Flavio). Dirección musical: Michele Mariotti. Dirección de escena: Federico Tiezzi. Escenografía: Pier Paolo Bisleri.

       La estupenda y radiante tarde de Sábado nos permitió asistir a una curiosa estampa llena de contrastes. La explanada enfrente de la fachada principal del Teatro Comunale de Bolonia, situado al lado de la famosa Universidad de la ciudad, rebosaba de jóvenes en animado botellón, mientras los aficionados, muchos de ellos vestidos de etiqueta, ya que era el estreno, hacían su entrada en el recinto para poder presenciar el debut de Mariella Devia como Norma. Todo ello en un civilizadísimo clima de tolerancia mutua.
      Un acontecimiento esta Norma, ya que se representaba por primera vez en Bolonia en época moderna la versión original de la partitura, es decir, con Adalgisa cantada por una soprano y además, como homenaje a Richard Wagner en su centenario por parte de la ciudad más wagneriana de Italia, se interpretó el aria para Oroveso "Norma il predisce, o druidi", que compusiera en 1837 el genio de Leipzig, rendido admirador de la obra maestra belliniana.
      También era un gran aliciente, cómo no, el debut de la gran Mariella Devia en el legendario papel. Una artista que por propia elección y como consecuencia de su temperamento, ha llevado una carrera de casi 40 años dentro de una gran discreción y alejada de la fama, la popularidad y cualquier expresión del star system. Una cantante admirada por conocedores y amantes de su grandiosa técnica, su profesionalidad, seriedad y dedicación sin alaracas, ni otras veleidades que el puro servicio al canto. Algo que no abunda precisamente entre las estrellas líricas actuales.
      Su planteamiento, como no podía ser de otra manera, sabio, inteligentísimo, apoyado en una dirección musical y una producción totalmente al servicio de su interpretación que, descartada la intensidad dramática de otras intérpretes y asumiendo la justeza del volumen y la falta de  la consistencia en centro y grave que requiere el papel, lo lleva a su terreno y sin forzar en ningún momento, expresa todo a través del canto. Al fin y al cabo Bellini expresó con rotundidad: "Il dramma per musica deve far piangere, inorridire, morire... cantando". Asimismo, su aproximación al papel y todo el planteamiento escénico y musical de la representación pusieron el acento en el importante elemento de tragedia neoclásica que, junto al romántico, confluyen en la genial partitura del compositor catanés.
      En esa línea, la Devia con una voz aún en buen estado a pesar de algunos sonidos áridos en el centro y un agudo que ha perdido, lógicamente, parte de ese brillo y punta de antaño, compuso una protagonista noble, superior lógicamente en los momentos patéticos a los de fiereza y estallido dramático y en la que, la sobriedad del carácter de la soprano conectó perfectamente con el marco de austeridad Gluckiano-Spontiniano tan presente en Norma.
      Por descontado que el fundamento de su interpretación radicó en su magistral técnica y dominio de todos los resortes del bel canto. Altísima factura en el canto spianato, afinación impecable, perfecta colocación, morbidez, precisión en la agilidad, dominio de las regulaciones dinámicas, control del aire, musicalidad y elegancia.  Si al recitativo "Sediciosi voci", nobilísimo, le faltó incisividad, fantástica resultó su manera de delinear un "Casta diva" con un fiato aún estimable y en la que destacó la parte intermedia del aria, lunar, mágica, en la que la veterana soprano desgranó de manera pulquérrima el pasaje de agilidad apoyada en la refinadísima dirección de Mariotti y una estupenda prestación del coro en un subyugante pianissímo. El público felsineo prorrumpió en una ovación inacabable, que dió paso a la cabaletta "Ah bello a me ritorna" interpretada con sus dos estrofas y una estupenda exhibición de coloratura.
     Magníficos asimismo resultaron los dos dúos con Adalgisa, una apreciable Carmela Remigio con la que empastó fantásticamente, logrando formar un auténtico alboroto en el teatro, después del "Mira o Norma". La soprano nacida en Pescara posee musicalidad, gusto y sensibilidad en su canto, italianísimo, aunque el material de soprano lírica justa no es especialmente bello ni suntuoso y la emisión no está totalmente liberada.

      Pollione fue Aquiles Machado. El tenor venezolano de vocalidad ajena al papel, con un centro hinchado, falseado y cada vez más áspero y mate, sufrió con una pasaje cada vez más problemático, pródigo en sonidos oscilantes y abiertos. Los ascensos al agudo, esforzadísimos, con portamenti di sotto y siempre en la gola (do de la cavatina en "era rapiti i sensi" y, especialmente,  el si natural final de la cabaletta en "abbaterò", que fue un auténtico alarido). Apenas rescatables en su interpretación los retazos que le restan a una voz de calidad y que corre de sobra por el teatro y su musicalidad innata, que todavía le permite alguna frase hermosa.
     El bajo Artamonov con una emisión totalmente in gola,  ayuno de graves, falto de rotundidad y de modos rudos y escasamente afines al buen canto, apenas logró colocar algún sonido digno en toda la función. Como decíamos, muy interesante la labor del joven maestro Michele Mariotti que acompañó primorosamente a los solistas, cuidando especialmente a la Devia y logrando, ya desde la estupenda obertura, un sonido pulido y refinado de la orquesta, si bien se pudo echar de menos una mayor dosis de tensión teatral, que tampoco parecía permitirlo el prudente enfoque de la protagonista.
      La producción de Federico Tiezzi, como decíamos,  pone el acento en el carácter neoclásico de Norma.  La escenografía de Pier Paolo Bisleri basada en dibujos de Mario Schifano tuvo que ser reconstruida a partir de los bocetos conservados, ya que fue pasto de las llamas en el incendio que consumió al Teatro Petruzzellli de Bari en 1991. Una gran luna preside gran parte del acto primero, así como el roble en colores verdes y azules. Decorados estilo imperio en los aposentos de Norma, mientras los niños juegan, soprendentemente, con un tren eléctrico, presencia de elementos escultóricos y algunos momentos de acción en pantomima de los figurantes, que, quizás, intentan compensar la falta de acción de la ópera, al igual que la dirección de actores simple y mínima, que emparentan la producción con las de Pizzi o De Ana, por el predominio del elemento decorativo, de indudable belleza, sobre la dirección de actores.
      El que firma estas líneas es consciente de que Mariella Devia no es Norma, ni por medios vocales ni por temperamento, como no es Imogene o Lucrezia. Sus grandes creaciones, todas afortunadamente disfrutadas por el que firma,  han sido y serán Lucia, Amenaide, Giulietta o la Elvira de Puritani, pero su acercamiento a un papel tan dificultoso como la sacerdotisa de Irminsul, ha resultado más que apreciable y constituye todo un placer y un hito en la situación vocal actual, poder disfrutar con una soprano veterana que sigue escanciando canto de alta escuela con la  técnica verdadera, seriedad, profesionalidad, inteligencia y sabiduría. Esperemos que aún por muchos años, Donna Mariella.
Autor:Raúl Chamorro Mena
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