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Crítica: Maxim Emelyanychev dirige a Il Pomo D'Oro en la 'Parténope' de Haendel programada por el CNDM

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27 de enero de 2016

A LA ADVERSIDAD, HAENDEL

Por Raúl Chamorro Mena
23-1-2016. Madrid, Auditorio Nacional de Música. Ciclo Universo Barroco. Partenope, HW 27 (George Frideric Haendel). Karina Gauvin (Partenope), Lawrence Zazzo (Arsace), Emöke Barath (Armindo), Kate Aldrich (Rosmira), Victor Sicard (Ormonte), John Mark Ainsley (Emilio).  Il Pomo d’oro. Maxim Emelyanychev, clave y dirección.

Al comienzo del concierto, Antonio Moral, director del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), que como ha sido habitual en él en todas las actividades musicales de su responsabilidad, da la cara en este tipo de situaciones, anunció, que a las cancelaciones ya anunciadas de Riccardo Minasi (por abandonar su relación con Il Pomo d’oro) y Philippe Jaroussky (por fallecimiento de su padre), se añadía la indisposición del tenor John Mark Ainsley, que provocaba la supresión de dos de las arias de Emilio junto a una de Arsace, además de la reducción de otras dos, una del referido papel tenoril y otra de la protagonista.

   A diferencia del reciente Holandés errante de la Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE), en esta ocasión asistimos a una interpretación concertística “al uso” con los cantantes portando las partituras, una escasa gestualidad y aún menos movimiento, resultando el contratenor norteamericano Lawrence Zazzo, sustituto de Jaroussky, el más expresivo en ese aspecto. Todo ello tuvo como consecuencia un inicio muy frío y que el público, que llenaba la sala, tardara en “entrar” en la interpretación.  

   El evento inserto en el magnífico ciclo Universo Barroco y que forma parte de una gira por diversas ciudades, supuso el estreno en Madrid de Partenope, ópera semiseria que, además de ser todo un ejemplo propio de este período musical, de tratamiento del juego amoroso con refinado distanciamiento y sugerente ambigüedad, presenta una estructura que se aleja algo de la típica sucesión de arias da capo alternadas con recitativos, ya que incluye algunos dúos, terceto y números de conjunto.

   Lo mejor de la noche vino de mano de esa magnífica agrupación especialista en este repertorio que es Il Pomo d’oro, que ofreció una sobresaliente intepretación. Bajo la dirección de Maxim Emelyanychev en lugar del habitual Riccardo Minasi, escanció un sonido impoluto, exquisito, articulación ágil y brillante, acompañamiento adecuado al canto, cuidada gama dinámica y buen pulso. Fueron ovacionadísimos por la audiencia.

   En cuanto a las voces, el contratenor originario de Filadelfia Lawrence Zazzo como Arsace, mostró una posición, apoyo, caudal y proyección inhabitual en este tipo de voces. Asimismo, un centro de cierto cuerpo y redondez, aunque en contraprestación, una franja aguda tasada y un grave un tanto abierto y forzado, pero efectivo y sonoro. La agilidad fue correcta e interesantes tanto el fraseo como los acentos siempre intencionados. Fue muy ovacionado en su gran aria de bravura del acto segundo “Furibondo spira il vento”.

   La canadiense Karina Gauvin es una de las grandes intérpretes barrocas del momento y para ello armoniza una voz de fuste con un total dominio estilístico. Su interpretación de la fabulosa “Io ti levo l’impero dell’armi” (uno de esos hits típicos de la inagotable inspiración handeliana) al final del primer acto, arrancó los primeros aplausos de la noche. Su fraseo volvió a brillar por su aquilatamiento y clase, pero se echaron de menos una mayor variedad e incisividad. Su típica falta de calor y excesivo distanciamiento se acentuaron en esta interpretación concertística, que afrontó de manera demasiado estática y envarada, quedando por debajo de su despempeño como Alcina hace unos meses en el Teatro Real.

   Muy correcta y aplicada, a la vez que insípida, la soprano húngara Emöke Barath en el papel de Armindo, aunque la modestia de su material sopranil, indudablemente fresco y juvenil, quedó en evidencia en comparación con el de Gauvin. No se puede dudar la entrega de Kate Aldrich en el papel de Rosmira, así como su buena agilidad, aunque la emisión totalmente retrasada, sin correcto apoyo sobre el aire, tiene como consecuencia un sonido sin liberar, totalmente opaco y pobre de armónicos.

   Insignificante el Ormonte de Victor Sicard que afrontó un papel de bajo, se anuncia como barítono y resultó un tenor corto pobretón, que sólo aportó algunos aspavientos que desmantelaron su atril. Poco puede comentarse del tenor John Mark Ainsley, ya que su parte quedó, practicamente, reducida a la nada, además de estar absolutamente mermado.

Fotografía: Facebook Il Pomo D´Oro

Autor:Raúl Chamorro Mena
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