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CD: Primera grabación mundial de la «Misa en mi bemol mayor» de Mayr [Naxos]

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20 de abril de 2020

Mayr sacro

Por Albert Ferrer Flamarich
Mayr: Misa en mi bemol mayor. Dorotea Szczepánska, soprano. Johanna Krödel, contralto. Markus Schäfer, tenor. Daniel Ochoa, bajo. Symon Mayr Chorus. Concertus de Bassus. Franz Hauk, director.
NAXOS 8.574057 DDD 87 minutos.

   En los últimos años la ingente obra del bávaro Johann Simon Mayr (1763-1845) ha protagonizado algunas novedades discográficas gracias al impulso del investigador y director musical Franz Hauk. En el ámbito religioso encontramos misas, cantatas, motetes y oratorios que integran buena parte de la producción para voces solistas, coro y acompañamiento instrumental, compuesta entre 1800 y 1830, especialmente desde que en 1802 Mayr se convirtió en maestro de capilla de Santa María Maggiore de Bérgamo. Algunas obras han obtenido sus primeras grabaciones mundiales a partir de la reconstrucción de fragmentos como la tardía Misa en mi bemol mayor de 1843 (Kyrie, Gloria y Credo), que se completó con movimientos independientes fechados en la misma época -con el soporte de Manfred Hössl-. Lo ejemplifican los breves Sanctus, Benedictus y el Agnus Dei que son los más atractivos de la partitura.

   Esta misa difiere de planteamientos unitarios y sigue el modelo de missa concertata con carácter episódico y divisiones claras en los diferentes números vocales, cantados por el coro y los solistas (Kyrie, Gloria y Credo). La suya fue una época aún preocupada por la integridad de los textos y la diferenciación musical que tenia que acompañar cada momento litúrgico. Por este motivo sigue el esquema de misa numeraria, muy frecuente en Italia durante la segunda mitad del siglo XVIII y en el ambiente formativo del joven Mayr, que se mantuvo en otros contemporáneos como Rossini y en generaciones posteriores (Bellini, Donizetti y Mercadante).


   Reforzado con la participación de metales y timbales para otorgar un carácter solemne, el Kyrie no recurre a la forma de sonata, mantiene la subdivisión tripartita y combina el cuarteto solista vocal (dúo masculino en el “Christe eleison”) con el coro. El Credo, dividido en cuatro secciones, juega con una ornamentada línea del violín como segunda voz melódica en un contrapunto alejado del estilo severo de la polifonía tradicional (“Et incarnatus”) y con recursos retórico-musicales: los trémolos de las cuerdas como símbolo del sufrimiento de Cristo en la cruz, las escalas ascendentes en el coro “Et ressurexit” y un fragmento fugado para componer espacialidad y grandeza al breve “Et vitam venturi”.

   No obstante, el centro de la obra radica en el extensísimo Gloria de siete secciones y casi una hora de duración. Se enmarca con intervenciones corales (Gloria in excelsis, Cum Sancto Espiritu) y se inicia con una larga introducción orquestal de aires marciales. En la estructura combina arias próximas a otros motetes, poliseccionales (muy claro en el tripartito Domine Deus y el bipartido Qui tollis) y asociaciones de tesitura y enriquecimiento de la textura con el acompañamiento de instrumentos obligados: soprano-flauta en el “Qui sedes”, tenor-clarinete en “Et interra”, bajo-trompa en el “Gractias agimus tibi”, tenor-trompa en el Domine Deus y bajo-fagot en el Qui tollis pecata mundi. Unos aparejamientos tímbricos solistas también presentes en el Benedictus a la manera de trio vocal, sobre el arpegiado de las cuerdas.

  En conjunto, se trata de una música bonita, con una armonía generalmente movida por quintas entre fragmentos y derivaciones rococó que asumen lo que Charles Rosen exponía en su monografía sobre El estilo clásico (Alianza Música, 2ª edición, 2015) en la configuración estética influida y modelada por las convenciones teatrales y operísticas del momento, tal y como caracterizó buena parte de la música sacra del siglo XVIII y parte del siguiente, a desagrado de la Iglesia. En comparación con algunos motetes de Mayr, esta tendencia es menos acusada.


   El Simon Mayr Chorus y el Concerto de Bassus ofrecen una versión competente de resultados estándares en equilibrio, transparencia e idiomatismo aparejados a la insuficiencia de los solistas vocales, la mayoría protagonistas de otros registros sacros del compositor. La edición, por cierto, presenta los cantables y las notas de carpeta firmadas por Claus Bockmaier que contextualizan la obra y la fórmula de la «missa concertata» como tipología.

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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