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CD: 'MOMPOU: INTEGRAL DE SU OBRA PARA PIANO', EN MANOS DE ADOLF PLA. Por Gonzalo Lahoz.

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5 de junio de 2013
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      Hablar de la integral de piano de Frederic Mompou supone entrar de lleno en el corazón de su obra, en el instrumento que acaparó su catálogo compositivo prácticamente en su totalidad y sobre el que se sustenta el legado musical del compositor catalán - Dejando a un lado Perlimplinada, el oratorio Improperis, los coros a cappella y alguna pieza suelta para guitarra, todas sus creaciones tuvieron su génesis o giran en torno a un teclado. Se presenta así el piano de Mompou, especialmente los cuatro volúmenes que conforman su Música Callada, como una vuelta a los principios, a la raíz, a los orígenes musicales para todos aquellos que quieren reencontrarse con la olvidada cultura de la escucha y el silencio, que al fin y al cabo es la música desde la que todos partimos. No es cosa baladí que pueda tomarse a la ligera, por mucho que Xavier Montsalvatge se refiriese cariñosamente al compositor como "el músic del rajolí petit" (el músico del chorrito pequeño); nos encontramos ante la música en su esencia más cruda, desnuda, despojada de toda superficialidad y efectismo innecesario, ante las sonoridades más puras de un soñador cargado de evocadoras reminiscencias y nostálgicos colores que acogía la música desde la serenidad y el reposo de quien sabe escuchar. Todo se siente en Mompou, casi sin pensar, pues es esta "música del corazón para el corazón".
     Ya es conocido por todos el entorno en el que creció el joven compositor, la fábrica de campanas  de su abuelo Dancausse, donde las reverberaciones etéreas, cuasi-espirituales y metálicas del tañido del bronce se apoderaron de su imaginario sonoro y que él mismo concentró en el autodenominado "acorde metálico". Su otra corriente de influencia fue, qué duda cabe, el Impresionismo desarrollado en la vecina Francia y que tan marcada huella dejó en su generación de la vanguardia musical catalana, la cual, inspirándose en nombres como Debussy, Séverac, Ravel o Fauré fueron buscando nuevas sonoridades verticales, nuevas armonías; terminando por romper de alguna manera con el tradicionalismo wagneriano y mirando de soslayo el agotado desarrollo melódico que hasta entonces imperaba en Cataluña.
      No obstante la música de Mompou, a pesar de los innegables influjos galos, es una rara avis en su especie. A menudo se le ha querido ver como el Chopin o el Schumann del siglo XX; quizá, en cuanto al intimismo desprendido de sus obras o del protagonismo del piano pueda ser así, pero hasta ahí prácticamente todo el reflejo, puesto que el tratamiento de los armónicos, de los intervalos de quinta y cuarta por ejemplo con sus respectivos consecutivos, resultado de la búsqueda de lo primitivo; la poetización de la métrica musical, donde hallamos casi imperceptibles cambios de ritmo o acentuación ("l'obra es dividirà en punts de emoció" decía) o las asombrosas cadencias que por ejemplo escuchamos en sus Cançons i danses, hacen del de Mompou un lenguaje único cuyo legado en el tiempo quizá haya sido regalarnos paradójicamente una música atemporal, ajena a modas y simbolismos, sublime e imperecedera.
      Todo ello ha sido recogido durante años (y ahora reunido en un cuádruple cd) con soberbia maestría por las manos de Adolf Pla, pianista de sobrada imaginación romántica que ha venido especializándose, guiado por casas como la que nos ocupa, La mà de Guido, en el modernismo catalán - su creación multimedia "El so de la llum: Gaudí i Mompou" seguramente sea el culmen de su acercamiento -.
      Por si la compilación por sí sola no se antojase suficientemente imprescindible (que desde luego así lo es), el maestro Pla acompaña la grabación con un magnífico y cuidado libro dedicado al pensamiento y la filosofía de Frederic Mompou en lo que supone una ocasión única para comprender desde dentro el arte y oficio de uno de los mayores compositores que ha dado Cataluña. Dedica el pianista, por poner un ejemplo y como no podía ser de otra manera, un apartado completo al "acorde metálico" del compositor al que hacía referencia anteriormente, de donde según el propio Mompou provenía toda la esencia de su música. Ese acorde de sonoridad agridulce con reminiscencias del Barri de platja barcelonés, donde confluía el sonido de las olas del mar con el de las fábricas que poblaban la zona y que en realidad no encontramos directamente en sus partituras a excepción de contadas ocasiones como , sino que más bien escuchamos desarrollado a través de sus concomitantes armónicos, persiguiendo la vibración propia de la campana y buscando la que para Mompou es la verdadera sonoridad a estudiar, aquella que se haya entre nota y nota.
      En cuanto a la música recogida, el pianista catalán parecer seguir las palabras del compositor cuando dejó escrito que "En el fons, totes les sonoritatas han de ser sempre lligades (...) El fort vol dir grandiositat i no soroll. El fluix vol dir dolcesa, delicadesa i no debilitat. (En el fondo, todas las sonoridades han de ser siempre ligadas (...) El forte quiere decir grandiosidad y no ruido. El piano quiere decir dulzura, delicadeza y no debilidad); un punto de vista lógico teniendo en cuenta el lugar que ocupaban las campanas como fuente de inspiración.
      Con auténtica entrega se escucha tocar a Pla en la que quizás sean unas de las partituras más complejas de interpretar y comprender por la contención que encierran, sin necesidad de un desarrollo melódico artificioso. Pla dibuja líneas melódicas en las que no cabe fruslería alguna, con un pedal estricto, sin conformismos, en la misma línea que una ya mítica Alicia De Larrocha o un siempre inspirado Javier Perianes.  Encontramos así y gracias al buen hacer del maestro, la mirada de un hombre que desde la distancia en el tiempo da vida a situaciones y entornos que le son familiares y cotidianos, evocando ricos paisajes sonoros como son "Pessebres", donde ya aparecen las campanas en la famosa "L'ermita", "Scènes d'enfants" o los "Suburbis", embebidos de un suave, acariciante folklore catalán. A lo largo de los cuatro cds que conforman esta fabulosa integral, Pla, siguiendo una increíble sencillez en el planteamiento y la intensidad justa en la expresión, nos recuerda en todo momento porque Mompou es dueño no de la música, sino del silencio de donde surge y como a través del mismo malea los sonidos en una suerte de suave melancolía repleta de sugestivos matices y recuerdos. Es muy cierto aquello de que la música de Mompou comienza en el silencio que le sigue... y en el que le precede.
Autor:Gonzalo Lahoz
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