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Obituario: 'Adiós al gran Nicolai Gedda'. Por Raúl Chamorro Mena

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10 de febrero de 2017

ADIOS AL GRAN NICOLAI GEDDA

   Por Raúl Chamorro Mena
Uno de mis más inolvidables recuerdos entre los eventos líricos presenciados en vivo fue el recital que ofrecieron Victoria de los Angeles y Nicolai Gedda en el Teatro de La Zazuela el día 28 de Marzo de 1992 con el acompañamiento del pianista Sir Geoffrey Parsons. Aún retengo en mi memoria unas estupendas canciones de Mussosgsky en la interpetación del tenor sueco, una de ellas bisada ante las ovaciones del público y rematada por un largo y espectacular agudo. Al término del concierto me firmó la grabación de “La flauta mágica” de Otto Klemperer. Con la desaparición de Nicolai Gedda a los 91 años de edad se marcha uno de los más grandes tenores del período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Un cantante de una versatilidad impresionante merced a su dominio de múltiples idiomas. Seguramente sea Nicolai Gedda, junto a Dietrich Fischer-Dieskau y Plácido Domingo, el trío de cantantes líricos con mayor número de grabaciones y amplitud de repertorio.

   Nacido en Estocolmo en 1925 y de origen ruso (su verdadero nombre era Nicolai Ustinov), Gedda comenzó sus estudios con su propio padre y con el tenor Martin Oehman para perfeccionarlos posteriormente en el Conservatorio de la citada capital sueca, donde debutó en 1952 con “Le Postillon de Longjumeau” de Adam en lo que parecía un claro antecedente del enorme nivel al que llegaría en la ópera francesa. Enseguida comenzó una fulgurante carrera internacional y discográfica con presencia ya en numerosos registros hoy míticos de los años 50 como el “Boris Godunov” (en el papel del falso Dimitri) protagonizado por Boris Christoff y dirigido por Issay Dobrowen, Pinkerton en la “Madama Butterfly” con Callas y Karajan, su insuperable encarnación del empinadísimo papel de Bogdan Sobinin en “Una vida por el Zar” de Glinka, bajo la dirección de Igor Markevich, el Don José de Carmen con Victoria de los Angeles y Thomas Beecham… y múltiples registros en vivo procedentes de sus actuaciones ya habituales en los teatros más prestigiosos, fundamentalmente el Metropolitan de Nueva York, en cuyo escenario participó en 1958 en el estreno de “Vanessa” de Barber.

   Lo primero que hay que resaltar del arte de Gedda es su colosal técnica con un control absoluto de la respiración y la emisión, -perfectamente enmascarada- y un dominio total del pasaje de registro. Su arte de canto, primoroso, cimentado en un canto legato de sobresaliente factura, un fraseo siempre cuidado, elegante, aquilatadísimo, imaginativo y de gran clase, todo ello respaldado por una impecable musicalidad. Con un brillante y desahogado registro agudo, dominaba, asimismo, las regulaciones dinámicas, así como la emisión en falsettone y la voz mixta. Su timbre era menos atractivo -se le acusaba por sectores importantes de la crítica italiana de “gris y biancastro, así como de blando y frío en el aspecto expresivo y interpretativo-. Cierto es que esto último podría resultar más manifiesto en la ópera italiana, en la que le faltaba un timbre más meridional y una expresión más espontánea y comunicativa. Lo que nadie podía discutir era su perfecta adecuación estilística en todos los repertorios que abordó, que fueron casi todos. En primer lugar, a destacar su gran calidad como tenor Mozartiano. Tamino, Don Ottavio, Belmonte, Ferrando, Idomeneo… todos ellos documentados en grabaciones de estudio bajo la dirección de Otto Klemperer, Josef Krips y Colin Davis. También descollante su Tito en vivo con Joseph Keilberth. Referencial en ópera francesa donde su dominio del estilo, el control, el fraseo refinado y capacidad para la matización le permitieron brillar como Des Grieux de Manon, Werther, Hoffmann, Benvenuto Cellini, Nadir, Faust (de Gounod y de Berlioz), Gérald de Lakmé, Fra Diavolo, Enée de Les Troyens de Berlioz, “El Profeta” y Raoul de Nangis de “Los Hugonotes”, ambos de Meyerbeer, su Arnold de Guillaume Tell grabado completo para EMI e interpretado en Forencia con Muti… Su Don José de Carmen era impecable en los dos primeros actos, faltándole vigor y calibre vocal para los más dramaticos tercero y cuarto. Otro de sus grandes caballos de batalla fue la ópera rusa, que dominaba idomáticamente por sus orígenes. A las ya citadas creaciones de Grigori, el Falso Dimitri en Boris Godunov –también dejó, ya veterano, una notable interpretación del papel de El Idiota-  y Bogdan Sobinin en “Una vida por el Zar”, habría que añadir los papeles Chaikovskianos como Ghermann de “Pique Dame”, Veaudemont de Iolanta y cómo no, el Lenski de “Eugen Onegin”, convirtiéndose su interpretación del aria “Kuda, Kuda” en una referencia, que se hizo habitual en sus conciertos y recitales. En ópera italiana es obligatorio citar su Elvino de La Sonnambula, así como el Arturo de I Puritani de Bellini, los Verdianos Duque de Mantua y Alfredo Germont, el Donizettiano Nemorino, grabado para EMI junto a una deliciosa Mirella Freni, sus incursiones Rossinianas como Don Narciso de “Il turco in Italia” junto a Callas en la grabación EMI dirigida por Gavazzeni o el Conde Almaviva junto a Beverly Sills. En repertorio alemán también destacó, especialmente en los papeles de ópera romántica: Adolar de Euryanthe -inexcusable su grabación con Jessie Norman y dirección de Janowsky-  y el Max de “El cazador furtivo”, ambos de Weber, Nureddin de “Der Barbier von Bagdad” de Peter Cornelius, Lyonel de Martha de Flotow y algún papel Straussiano como el tenor italiano de Rosenkavalier o el Flamand de Capriccio, sin olvidar el Lohengrin de Wagner. No se pueden dejar de citar tampoco sus tan brillantes como abundantes interpretaciones de ópereta vienesa.

Autor:Raúl Chamorro Mena
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