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El ciclo 'Música en el Camino' conjuga al Cuarteto Ribera con Alterum Cor

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9 de julio de 2018

Un recorrido festivo y espiritual

   Un reportaje de Agustín Achúcarro
   Seis Iglesias, seis conciertos para seguir de la mano de la música en el Camino de Santiago con el Cuarteto de cuerda Ribera de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y el Coro de cámara Alterum Cor, dos formaciones a la altura de la propuesta. “Un proyecto que se recupera con la idea de una vez terminada la temporada regular llevar la música en verano a lugares que plantean otra dimensión, como ocurre con el ciclo de la OSCyL y Las Plazas Sinfónicas, en el que subyace el seguir acercándose al público”, así concibe estas actuaciones Valentín Benavides, director del coro, para el que los templos que van a recorrer en cierta forma marcan el repertorio a seguir: “Ha de ser de cámara, limitado entre el Renacimiento y el Barroco”. Las actuaciones comienzan el domingo 8 en la burgalesa Iglesia de San Nicolás de Bari de San Juan de Ortega; el 9 en el Monasterio de San Zoilo de la palentina Carrión de los Condes; el 15 en la Iglesia de San Juan de Castrojeriz en Burgos; el 16 en San Martín en la palentina Frómista; el 28 en la leonesa Iglesia de San Francisco de Villafranca del Bierzo, y finalizan el día 29 en la S.I. Catedral de Astorga. Los conciertos comienzan a las 20h y la entrada es libre hasta completar el aforo.

   Valentín Benavides se puso a pensar en la programación más adecuada desde el mismo momento en el que supo que Alterum Cor iba a participar en este proyecto. “Lo más interesante es darle una dimensión internacional, sabiendo que hay muchas maneras de acercarse al Camino; a mí me gusta esa idea universal de que el Camino es patrimonio de la humanidad pues hay muchos, nuestros Caminos de España, desde Inglaterra, desde Italia, desde Alemania… “, apunta el director. Y precisamente esta manera de ver el Camino de Santiago es lo que le lleva a “potenciar esa idea universal”. “Hubiera sido fácil ceñirnos a una investigación musicológica específica en cada sitio, pero aquí buscamos la idea opuesta y por eso queremos darle al público algo agradable de escuchar, no específico, por eso no hemos escogido autores desconocidos, para expertos, sino algo más festivo”. Con esa idea Benavides pretende que “si a una parte del público una pieza le resulta más dura, con la siguiente no sea así”, y reflejar ese concreto ya reseñado carácter de la universalidad del Camino de Santiago, por lo que el director cuenta con las sensibilidades que según su criterio “pueden aportar compositores alemanes, italianos o españoles”.

   “Hemos dejado también una parcela instrumental en el que interviene solo el Cuarteto Ribera, como va a haber también momentos a capella”, recuerda un Benavides que a la hora de explicitar las obras en las que no interviene el coro apunta lo siguiente: “en una perspectiva francesa van a tocar una selección de Concert pour quatre parties de violes de Charpentier” a la que se suma el Concierto para cuerda en mi menor de Durante.

   Y en esta universalización del programa, que comienza con Diferencias sobre el Canto del caballero de Cabezón y que incluye una obra de tal frescura como es Le Chant des oisseaux de Janequin se sumarán obras de diferentes autores: “Por la parte inglesa Händel (Let thy hand be strengthened), que tiene momentos majestuosos y otros más frescos, la alemana de J.S. Bach con un motete (O Jesu Chris, mein´s Leberns Licht), una cantata de Buxtehude (Alles was ihr tut), un motete de Pachelbel (Nun danket alle Gott), y con respecto a Italia acudimos a Lotti con su Credo en Do mayor, obra en la que el autor reafirma ese espíritu de una época, de una nacionalidad y lleva el Credo a un extremo en el que casi te dan ganas de danzar, aunque también tenga momentos de marcada severidad”, reseña Benavides para el que así se consiguen ciertas cosas: “Con los franceses tenemos esa pompa tan suya, con los alemanes esa sensación de majestuosidad barroca y con los ingleses estamos a caballo entre la frescura italiana y el carácter francés”.

   La colaboración entre Alterum cor y el Cuarteto Ribera de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León –formado por Liz Moore e Iván García, violines, Jokin Urtasun, viola, y Jordi Creus, violonchelo, a los que se suma la viola Elena Boj–, ha dado ya sobrados réditos. “La verdad es que trabajamos muy bien juntos porque ya hemos colaborado muchas veces, y además a mí realmente no me deja de impresionar su manera de trabajar y asimilar todo tan rápido y ver como a un profesional le das una instrucción de tu visión de la obra y ahí le queda para siempre”, explica un Benavides para el que es muy relevante el que trabajen juntos profesionales y un coro como el suyo. “Soy un absoluto creyente de que la cultura tiene que ser amateur también, y lo que me emociona de esto es esa parte en la que el aficionado deja de descansar de su trabajo diario y por amor al arte muestra ese espíritu tan predispuesto. El tener la posibilidad de trabajar con un grupo tan profesional como ellos nos resulta una experiencia enriquecedora”, considera el director. De hecho, éste es el cuarto proyecto que hacen juntos y la preparación del mismo ha resultado tan positiva que ya están pensando en planes de futuro.

Fotografía: Alterum Cor.

Autor:Agustín Achúcarro
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