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Opinión: «Nueva imagen, misma esencia, menor apoyo». Presentado el FIAS 2020 de la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid. Por Mario Guada

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4 de febrero de 2020

   El pasado viernes 31 de enero tuvo lugar, en la sala negra de los Teatros del Canal, la presentación pública del FIAS 2020. Mucho se esperaba de la primera comparecencia cara a cara con el sector musical de Marta Rivera como máxima representante de la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, tras el reciente escándalo de la cancelación de uno de sus ciclos musicales más exitosos de los últimos años. Lo cierto es que, por el modelo de esta presentación, que se sale de lo habitual en relación con otras presentaciones de ciclos y festivales, pues no hay en ella posibilidad de efectuar preguntas por parte de los asistentes, sucedió lo esperado: la consejera se fue tal y como vino, sin afrontar ningún tipo de cuestionamiento al respecto de sus recientes decisiones que han afectado notablemente a una parte del sector de la música antigua española. Quizá no era el momento, pero desde luego tampoco lo era para sacar pecho después de todo lo sucedido. Si bien es cierto que la consejera mantuvo un discurso de perfil bajo, con las palabras muy medidas para no facilitar ninguna suspicacia por parte de los asistentes, el discurso previo de Gonzalo Cabrera, director general de Promoción Cultural, rozó lo inaudito. Lamentablemente vivimos en un estado político en el que cualquiera puede pronunciar públicamente todo tipo de declaración, sin que esta conlleve coste alguno para quien la emite y mucho menos para el organismo que representa. Que quien ostenta el mando actualmente de una Dirección General de Promoción Cultural –el nombre del organismo es suficiente claro como para comprender cual debe ser su cometido– se llene la boca de halagos para con el asesor musical de la Comunidad de Madrid, Pepe Mompeán –al que sin duda hay que alabar su magnífico trabajo en estos últimos cuatros años al frente del FIAS y de otros ciclos y festivales de la Comunidad de Madrid–, cuando acaban de prescindir con total impunidad de uno de los ciclos que este dirigía, y cuando el FIAS sigue siendo –a pesar de que lo describió como uno de los festivales estrella de la programación cultural de la comunidad madrileña– el festival al que menor cuantía económica se le desvía de los presupuestos, a una escandola distancia de otros cuyo impacto –medido cuantitativamente por las herramientas de la propia Consejería de Cultura y Turismo– están a años luz de lo conseguido por el FIAS en estas últimas cuatros ediciones, resulta poco menos que vergonzoso.

   Hace falta más honestidad y autocrítica cuando uno está al frente de un organismo público que hace uso del dinero de todos los ciudadanos para programar cultura. Más apoyo y menos discursos vacuos y demagógicos, tanto en el mundo de la cultura como en la política en general de este país. Cuando solucionemos esto, quizá comencemos a entender según qué cosas.

   Pero hablemos de lo que importa, que es la celebración de una nueva edición del Festival Internacional de Arte Sacro, que por fin ha dado el salto hacia un establecimiento de su imagen en el siglo en el que estamos, comenzando por su nomenclatura  y continuando por su imagen. Por fin FIAS, el nombre con que público y medios han terminado por conocer a un festival que a pesar de sus empeños y logros en lo que a la programación se refiere, se mantenía anclado aún a un pasado de escaso interés. Por otro, una renovación de su imagen más acorde y atractiva a los tiempos actuales, aunque tampoco especialmente brillante –una vuelta de tuerca un poco menos evidente hubiera sido deseable–. De cualquier manera, un logro que parece posicionar al FIAS por fin en pleno siglo XXI, pero sobre todo muy acorde con su esencia estos últimos años. Se ha utilizado por por primera vez eso que los modernos llaman claim, es decir, un lema, con el que se pretende mostrar la filosofía de un producto mostrando sus cualidades. «Música que ni imaginas» es como lo han querido bautizar. No sé si en pleno 2020 es posible no imaginarse cualquier tipo de hecho musical, por extraño que este sea, pero desde luego la programación de este FIAS, que es cierto intenta salirse de las habituales etiquetas y de las sendas más obvias de la progrmación musical, no es como para no imaginársela. Sea como fuere, se han programado hasta un total de 51 conciertos, 35 de los cuales son estrenos y hasta 13 encargos del propio festival para esta edición; el intento por innovar es evidente.

   Como lleva sucediendo en estas últimas ediciones, la polarización es ya total: por un lado, las llamadas música actuales; por otro, la conocida como música antigua. Dos etiquetas en las que cabe mucho, como es posible comprobar en estos conciertos que tendrán lugar entre el 27 de febrero y el 2 de abril. Cabría esperar que la Consejería hubiese echado el resto para la que supone la 30.ª edición de este FIAS reconvertido, pero no ha sido así, lo que necesariamente se ha visto reflejado en la supresión de una notable cantidad conciertos en comparación con la edición anterior, pero también en la apuesta por los encargos del festival, mucho menor que en ocasiones previas. Aún con ello, Mompeán ha sido capaz de imbricar una apuesta por el pasado y el presente de manera imaginativa y repleta de sutiles influencias y reclamos. Tres de estos encargos celebran los logros de tres escritores: la obra del maestro de la ciencia-ficción Isaac Asimov (1920-1992) será recreada por Raül Refree, multiinstrumentista y productor clave en la carrera de artistas como Rosalía o Silvia Pérez Cruz; la poesía de Paul Celan (1920-1970) será adaptada musicalmente por un combo formado para la ocasión y liderado por Víctor Cabezuelo [Rufus T. Firefly] y Sofía Comas; la mezzosoprano Marta Knörr une sus fuerzas a la pianista de jazz Lucía Rey y su trío para conmemorar los 250 años del nacimiento de uno de los poetas claves del Romanticismo, el alemán Friedrich Hölderlin (1770-1843).

   Tres grandes damas de la canción iberoamericana, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años, serán objeto también de un homenaje: Camila Meza ofrecerá su personal visión de la música de la compositora e intérprete peruana Chabuca Granda (1920-1983); la música de la reina del fado, Amália Rodrigues (1920-1999), estará presente por partida doble, con Refree repetiendo como homenajeador, esta vez junto con la cantante portuguesa Lina, y María Berasarte, que compartirá escenario junto a Lisboa String Trío, una formación compuesta por el guitarrista clásico José Peixoto [Madredeus], la guitarra portuguesa de Bernardo Couto y el contrabajista Carlos Barretto; por último, uno de los triunfadores de la edición del  año pasado, Dorian Wood, cerrará su gira del proyecto que estrenó hace un año en el FIAS 2019 [Xavela Lux Aeterna], un espectáculo encargado por el festival y dedicado a celebrar la música y la vida de Chavela Vargas (1919-2012), como él costarricense exiliada y como él exponente y defensora de la diversidad sexual.

   El Museo Nacional del Prado formará parte, por segundo año consecutivo, de los escenarios en los que se desarrolla el FIAS, con la particularidad que los conciertos que se desarrollan en esta emblemática pinacoteca no tienen lugar en su auditorio, sino en las salas de pintura. Carmen París, Pablo Martín Caminero o La Bellemont unirán sus nombres a los de los de Refree, Christina Rosenvinge, Vicente Navarro o Prado Negro para presentar su música en diálogo con cuadros tan emblemáticos como El fusilamiento de Torrijos de Antonio Gisbert, La lucha con los mamelucos de Goya o La Anunciación de Fra Angelico. Dos de los conciertos estarán relacionados con dos Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, «El 19 de marzo y el 2 de mayo» y «El terror de 1824». Así, el FIAS 2020 se suma al Año Galdós dentro de la programación que la Consejería de Cultura y Turismo ha organizado para conmemorar el centenario de su muerte.

   En el campo de la música antigua, el FIAS persiste en su doble objetivo de, por un lado, dar oportunidades para lucir su enorme talento a toda una generación de intérpretes españoles que han desarrollado gran parte de su carrera en el extranjero y, por otro, presentar ante el público madrileño obras inéditas o poco habituales en la programación de música en España, muchas de ellas recuperadas por musicólogos especialistas que colaboran de forma activa con muchos conjuntos españoles, destacando el caso de la Asociación Ars Hispana. Como es habitual para estos conciertos, las iglesias de Madrid se unen a lugares patrimoniales de importancia, como la Capilla del Palacio Real, la Basílica de San Miguel o la Iglesia de los Jerónimos, ofreciendo a los asistentes repertorio que van desde la polifonía medieval, la lírica tardomedieval, la polifonía del Renacimiento pero, sobre todo, la producción musical del Barroco en su múltiples facetas y estilos. En cuanto a sus protagonistas, diversos son los ensembles que transitarán por su programación, desde los más aposentados y toda una realidad [La Ritirata, L'Apothéose, Concerto 1700 Tiento Nuovo, La Bellemont, Los Afectos Diversos o Ariel Abramovich] hasta conjuntos emergentes que ya están desarrollando una labor muy trascedente en el panorama nacional e internacional de la llamada música antigua [Egeria, Dichos Diabolos, I Discordanti, La Guirlande o Cantoría], pasando por nombres que se encuentran en mitad de una carrera ya establecida en el panorama musical español [La Madrileña Qvinta Essençia] y con la presencia de artistas ajenos a los escenarios españoles hasta el momento [Il Zabaione Musicale, Le Petit Trianon o Vicente Cantarini].

Autor:Mario Guada
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