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CRÍTICA: ÉXITO DE 'UNA TRAGEDIA FLORENTINA' Y 'CAVALLERIA RUSTICANA'EN LA 46ª TEMPORADA DE ÓPERA DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. Por Andrea Merli

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24 de mayo de 2013
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Foto: Nacho González
  DOS OBRAS, UN ÉXITO

Las Palmas de Gran Canaria. EINE FLORENTINISCHE TRAGODIE (Una tragedia florentina) - Alexander von Zemlinsky. Simone: Hernan Iturralde, Bianca: Adriana Mastrangelo, Guido Bardi: José Manuel Montero. CAVALLERIA RUSTICANA - Pietro Mascagni
Santuzza: Tatiana Anisimova, Turiddu: Rudy Park, Alfio: Javier Franco, Lola: Belén Elvira, Mamma Lucia: Rosa Delia Martin. Orquesta Filarmonica de Gran Canaria. Director musical: Eric Hull. Direcciòn artistica y escénica: Mario Pontiggia. Vestuario: Claudio Martin. Escenas: Antonella Conte. Iluminación: Alfonso Malanda. Coro de la Opera de Las Palmas de Gran Canaria. M.a del coro: Olga Santana. Teatro Pérez Galdos, 20 de abril 2013.

       El estreno en Gran Canaria (en Tenerife se presentó años ha con una produccion procedente de Glyndebourne) del acto único, libreto y musica, de Zemlinsky Una tragedia florentina ha constituido un doble reto: producir una òpera de un autor muy poco frecuentado también fuera de Espana por parte de una asociaciòn de Amigos de la Opera, la gloriosa ACO, y apostar al mismo tiempo en un reparto si no todo nacional, sí de habla castellana. Siendo uruguaya la apreciable soprano Adriana Mastrangelo que ha prestado su elegante figura para el rol de la seductora Bianca, mujer del comerciante de telas Simone y amante del noble y poderoso Guido Baldi.
       El argumento es, en sí, el tipico y clásico triangulo: marido, mujer y el tercer "incómodo". Pero la sutil dramaturgia comporta que el marido, conciente de la traición de la mujer y de la superioridad social del rival, sorprenda a los dos figurando un regreso repentino en su casa. La ilustraciòn de la preciada mercancía que ofrece al noble, el cual descaradamente coquetea con la mujer, despreciando abiertamente el mercader pequeno burgues ante litteram, es en realidad una telarana tejida con habilidad para llegar a la violenta conclusión en que, atrapado el rival, el aparentemente debil Simone le mate estrangulándolo en presencia de la esposa adúltera. El final de la Tragedia comporta una dosis adicional de perversiòn: "nunca te vi tan guapa", admite el marido, "nunca te sospeché tan fuerte" confiesa la mujer.
       La ópera se estrenó en 1917 y la música, preciosa y de impacto sinfónico, tratando las voces como istrumentos en un continuo canto di conversazione cercano al schprechgesang wagneriano, está claramente emparentado con el de Strauss. Fundamental, en tal sentido, el aporte de la no menos que sensacional Orquesta Filarmonica de Gran Canaria, un conjunto de grandisima calidad, dirigida en este caso por el atento y escrupuloso Eric Hull, interesado en buscar los efectos cromáticos que la brillante paletilla que ofrece Zemlisky, sin perder de vista el escenario. Hull puso toda la pasión mediterranea al servicio de Cavalleria rusticana, ofrecida como plato fuerte de la velada en consideraciòn del 150 aniversario del nacimiento de Pietro Mascagni. Un evento y un autor del que en Italia, desgraciadamente para el público, pocos se acuerdan, menos en los grandes teatros. Parece que para algunos ilustrados managers, si el autor no lleva una equis, una zeta o una y griega en el apellido, no es à la page! Sobran comentarios.

      Los tres interpretes de la tragedia  estuvieron afortunados. Mastrangelo, cuyo rol es el menos desarrollado musicalmente, pero dramaturgicamente importante, siendo el -más o menos- oscuro objeto del deseo, hay que sumar el valiente y apuesto tenor José Manuel Montero, el galan Guido Baldi y el baritono Hernan Iturralde, sonoro vocalmente y escenicamente creíble también en su brutalidad, Simone. Su trabajo fue recibido con un áxito muy alagador, en consideración de la objetiva dificultad de la ópera, desconocida por la mayoria y sin embargo escuchada con atención por un público especialmente concentrado.
       El éxito se repitió con el popularisimo titulo de Mascagni. Un triunfo que subrayó la vocalidad poderosa y fluyente de los dos principales protagonistas, Santuzza y Turiddu. La soprano ucraniana Tatiana Anisimova repitió el papel, ya cantado en Las Palmas, con una interpretaciòn remarcable. Se le puede encontrar un "pero" en la dicción, perfectible, del italiano, que sin embargo domina al hablarlo, pero que en el canto resulta un tanto borroso. Si la dicción no es perfecta. Óptimos son el fraseo y la caracterizacion del personaje. Pero lo que asombra en esta soprano es la riqueza de armónicos, el volumen de la voz, que sin embargo domina en toda la gama, resultando tajante en el agudo, redonda y timbrada en el centro y en el grave, que tiene el color de una mezzo. Añádase la habilidad en matizar, en el saber dosificar, sea en los pianisimos como en los mezzo forte y forte, logrando reforzar y afinar el sonido a su gusto: una Santuzza sobresaliente.
       Rudy Park, tenor coreano de formación italiana, tiene una emisión vocal con virtudes en la zona de la resonancia en máscara, de por sí natural. Personalmente le he seguido desde casi su debut en Bolonia, donde participó debido a una sustitución de última hora de un colega nada menos que en Ernani. La carrera de este tenor es sorprendente: tiene una voz absolutamente fuera de serie. Sonido tan amplio que parece amplificado, color viril y cálido en la zona central, emisión "a la Corelli" que focaliza un agudo luminoso y potente. La dificultad de estas voces "grandes" es, casi siempre, el de poder dominarlas, al igual de los caballos de pura raza. Park ha ido mejorando y madurando, consiguiendo un control casi perfecto del impactante istrumento. Añádase una buena conciencia interpretativa, nada usual en los cantanets orientales, un fraseo y acento vehementes que con el rol de Turiddu casan bien. Ésta era la segunda vez que se enfrentaba con el personaje y a la cuarta y ultima función resultó conmovedor en el célebre "Addio alla madre" que precede el precipitado final "Hanno ammazzato compare Turiddu!".
      Para ambos interpretes el exito fue apoteósico. Muy alagador el aplauso al valiente Compar Alfio del baritono Javier Franco y exitosa la sensual Lola cantada por la mezzo soprano Belén Elvira, completando muy dignamente el reparto la entrañable Mamma Lucia de Delia Rosa Martin. Buena también, en Cavalleria, la prestación del coro, una vez mas instruido por Olga Santana.
       Mención especial, finalmente, por la producción, merito del director de escena Mario Pontiggia y su equipo, constituido por Antonella Conte, escenógrafa, Claudio Martin y Alfonso Malanda, que han firmado respectivamente vestuario e iluminación. La habilidad de saber utilizar elegantemente elementos ya usados en otras producciones, lejos de ser un defecto es hoy en dia una solución para superar una crisis palpable y evidente en la financiación de las temporadas, conteniendo los gastos. Eso no quiere decir que se renuncia al espectáculo, ni mucho menos que se recorta en fantasía y buen gusto. Tanto la Tragedia de Zemlinsky cuanto la Cavalleria de Mascagni, se adelantaron en los anos 30/40 del pasado siglo. También con el intento de encontrar un estilo común a los dos actos únicos. La primera en un ambiente lujoso, Art Deco con unos elegantes sofás, una mesa de grande impacto en el fondo y doble iluminación en los laterales a definir las entradas en del salón, atendido por una eficiente y cómplice camarera: la actriz Lorena Mares. La plaza de un pueblo, pero con caracter canario en la arquitectura de la iglesia, por contraste en la segunda. Una presencia masculina obsesiva y dominante, subrayó la condición sumisa de la mujer, que encuentra en la voluble Lola la unica verdadera y descarada rebelde. La presencia del cura, testigo que lo ve todo pero que todo calla por complicidad mafiosa (perfecta la carecterizacion de Agostino Taboga) fue uno de los muchos detalles en un trabajo de actores que no dejó en la partitura y en libreto nada de lo que es necesario e imprescindible, sin buscar fantasiosas y no pertinentes dramaturgias. Se agradece. Ha sido, una vez más, una ocasión estupenda para apreciar buena musica y una magnifica labor de equipo.
Autor:Andrea Merli
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