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Opinión: Valoración de la Temporada 2018-19 del Teatro de la Zarzuela. Por Raúl Chamorro Mena

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22 de mayo de 2018

¿Vuelve la calma?

   Por Raúl Chamorro Mena
En el mismo momento en que el camino de la negociación ha posibilitado que se cumplimentaran las tres últimas funciones previstas de La tabernera del puerto de Sorozábal se publicaba la próxima temporada del Teatro de la Zarzuela. Sólo cabe esperar que ese camino del acuerdo y, sobre todo, del sentido común presidan esta “fusión” (ojalá no sea “absorción”) del Teatro de la Calle Jovellanos con el Real de la Plaza de Oriente.

   La temporada se abre con el primer éxito del citado compositor donostiarra Pablo Sorozábal, Katiuska, un título de gran popularidad, pero que llevaba ausente mucho tiempo del recinto que lleva el nombre del género. El evento tiene todo los ingredientes de plato fuerte de la temporada, con la dirección musical de Guillermo García Calvo, una de las mejores batutas nacionales, montaje a cargo de Emilio Sagi con escenografía de Daniel Bianco (en coproducción con el Arriaga de Bilbao, Campoamor de Oviedo y Calderón de Valladolid) y un reparto con grandes nombres de la lírica nacional actual. Ainhoa Arteta -soprano que une una innegable popularidad, que trasciende a la ópera, a una carrera sólida, ya de larga trayectoria y en la que ha sabido evolucionar a papeles más dramáticos- en el papel titular. Con ella se alternarán Mayte Alberola, voz de calidad, pero lineal como intérprete y una Rocío Ignacio cuyo rendimiento, en principio, plantea más dudas. Todo un lujo la presencia del barítono malagueño Carlos Álvarez como Pedro Stakoff, junto a Ángel Ódena, buen conocedor de un papel que ya ha interpretado en varias ocasiones, incluido el Teatro Español de Madrid. Sorprende la presencia de Jorge de León -tenor que está realizando una exitosa carrera internacional en la huérfana cuerda de tenores spinto- como el príncipe, dado que este papel apenas tiene una intervención, eso sí, bellísima, la romanza “Es delicada flor” un cantabile legato de gran lirismo y que no parece adaptarse, en principio, a las cualidades del tenor tinerfeño. Veteranos como Enrique Baquerizo, Emilio Sánchez, Milagros Martín y Amelia Font garantizan el nivel de los secundarios.

   La ópera de Miquel Ortega estrenada en 2009 sobre el inmortal texto de Lorca, La casa de Bernarda Alba, será otro punto importante de la temporada. Nueva producción a cargo de Bárbara Lluch acompañada de nombres tan señeros como Ezio Frigerio, Franca Squarciapino y Vinicio Cheli, dirección musical del pianista especializado en acompañamiento a cantantes Rubén Fernández Aguirre (lo que parece trabar bien con el autor, ya que Ortega se ha caracterizado, asimismo, por ser un gran acompañante de voces) y un reparto enteramente femenino, lógicamente,-con la excepción del camaleónico Luis Cansino en el papel de  Poncia- encabezado por la gran actriz Julieta Serrano en el personaje hablado de Josefa y un solvente equipo formado por la soprano Carmen Romeu y las mezzosopranos Nancy Herrera, Carol García, Marifé Nogales y Milagros Martín.

   Interesantísima la programación,-en versión concierto- de la olvidada zarzuela de Gerónimo Giménez María del Pilar y aún más por la presencia en el podio de Óliver Díaz, director titular del teatro que, sin duda, sabrá poner de relieve las calidades como orquestador del músico sevillano. En el elenco vocal destacan la soprano pacense Carmen Solís, buena voz de soprano lírica ancha con impecable sentido de la línea, aunque inane como temperamento, el tenor vasco Andeka Gorrotxategui que parece últimamente templar algo sus tan potentísimos como deslavazados medios vocales; el siempre fiable tanto en lo musical como en lo  dramático Rubén Amoretti y un nuevo ejemplo de los intentos de internacionalización del género, como es la presencia de la soprano polaca Iwona Sobotka. Las funciones se dedicarán a la memoria de Jesús López Cobos, quien estaba previsto como director de las mismas.

   A continuación, otro rescate importantísimo, esta vez de Joaquín Gaztambide, uno de los fundadores del Teatro de la Zarzuela, El sueño de una noche de verano basada en una ópera cómica francesa con libreto traducido libremente por Patricio de Escosura y adaptado para la ocasión por Raúl Asenjo. Las acreditadas dotes de comediantes tanto de Luis Cansino como de Valeriano Lanchas parecen, a priori, ideales para dar vida a Falstaff, una de las grandes creaciones Shakesperianas. Las sopranos Raquel Lojendio, de medios vocales modestos, pero modos refinados, y María Rey Joly, de ya sólida trayectoria, darán vida a Isabel I de Inglaterra.  

   Uno de los emblemas del género dará luz a la primavera madrileña de 2019, nada menos que El barberillo de Lavapiés del gran Francisco Asenjo Barbieri, uno de los más grandes músicos que ha dado este país. Nueva producción a cargo de Alfredo Sanzol con dirección musical del habitual y un tanto irregular José Miguel Pérez Sierra. En el reparto cabe destacar a la catalana María Miró, que dejó una buena impresión en la wagneriana La prohibición de amar en el Teatro Real, el barítono Borja Quiza, que será un Lamparilla de limitados medios, pero buen actor y con dotes cómicas como demostró en La viejecita y la siempre fiable vocal y escénicamente Cristina Faus como Paloma.

   No menos paradigmáctico dentro de nuestro género lírico es el título que vendrá a continuación, la Doña Francisquita de Amadeo Vives, que se presentará en un nuevo montaje en coproducción con el Gran Teatre del Liceu y la Opera de Lausanne a cargo de una figura tan acreditada como Lluis Pasqual, que se espera ofrezca lo mejor de sí mismo en la puesta de escena de esta fabulosa creación. La magnífica partitura de Vives será campo fértil para el talento de Óliver Díaz, que asumirá la dirección de las 15 representaciones. En el papel titular se alternarán la consolidada soprano Sabina Puértolas, que no terminó de convencer al que firma como Marola en La tabernera, con la joven y aplicada soprano donostiarra Elena Sancho-Pereg que, después de sus actuaciones Liceísticas e incursiones alemanas (Düsseldorf, Berlín), tendrá la oportunidad de pisar fuerte en Madrid con un papelón como Francisquita al que cabe desear no dote de tintes excesivamente ñoños. Fernando, uno de los personajes más representativos para tenor de punta de nuestra zarzuela, cobrará vida en la voz del tenor jerezano Ismael Jordi, de medios limitados, pero fraseo fantasioso y siempre musical. Más incognitas plantea José Luis Sola en la otra distribución. En el maravilloso papel de Aurora la Beltrana, madrileña de rompe y rasga, en principio uno se inclina por la prestación que pueda ofrecer Ana Ibarra sobre Lorena Valero, que si en lo vocal carece de graves para el papel, no digamos ya la falta de temperamento y garra, fundamentales para caracterizar a este volcán que proclama “En la calle del Soldado come, duerme y vive sola, el que quiera conquistarla pida la vez en la cola”.

   El atractivo proyecto Zarza, zarzuela por jóvenes y para jóvenes, tendrá como protagonista en esta ocasión otra de las joyas de nuestro género, La verbena de la paloma con la guía de Óliver Díaz, que garantizará la pátina musical del espectáculo.

   Otra rareza, la ópera buffa, Il finto sordo del legendario Manuel García se ofrecerá en colaboración con la Fundación Juan March con acreditados nombres como Rubén Fernández Aguirre en el apartado musical, Paco Azorín en el escénico y cantantes a priori de gran fiabilidad y compromiso como con Cristina Toledo, Gerardo Bullón, Carol García y Damián del Castillo.

   En el capítulo de conciertos hay dos citas imprescindibles. En primer lugar, el recital de Carlos Álvarez (17 de Diciembre de 2018) -con la colaboración de la radiante soprano sevillana Leonor Bonilla- con el que el magnífico barítono malagueño apuntalará su relación con la zarzuela desde aquel recordado debut del año 1990 con La del manojo de rosas. En segundo lugar, el habitual concierto de Navidad que contará en esta ocasión con la siempre apreciable batuta de Ramón Tebar y las voces del recio y cada vez más asentado internacionalmente barítono Juan Jesús Rodríguez, la soprano argentina Virgina Tola y la avezada cantante madrileña María José Montiel. Los amantes del barroco tendrán una cita ineludible con la mezzosoprano Vivica Genaux en un variado programa acompañada por la ya mítica agrupación especialista “Les musiciens du Louvre”.

   A resaltar, cómo no, las clases magistrales que la gran Teresa Berganza, madrileña de postín, una de las más grandes cantantes que ha dado España (que no es decir poco) y que mejor ha interpretado nuestro género, ofrecerá del 13 al 19 de Noviembre de 2018, siendo la de este último día abierta al público.

   El ciclo de lied alcanza su XXV edición ya totalmente consolidado en la vida musical madrileña. Junto a un habitual como Christian Gerhaher, cabe destacar el debut en el ciclo de una importante voz, habitual en los teatros de ópera internacionales, como la de la mezzo rusa Ekaterina Sememchuck con la que podrá disfrutarse música rusa, normalmente poco habitual en el ciclo. Un veterano fraseador como el bajo Franz Josef Selig, la experimentada soprano estadounidense, de indudable clase, Adrianne Pieczonka (que abordará una obra tan paradigmática como el Winterreise de Schubert) y la española Ainhoa Arteta (en cuyo programa se incluye un estreno absoluto, el ciclo de canciones Sendero mágico de Lorenzo Palomo), así como la presencia como narrador de Thomas Quasthoff, junto al notable Florian Boesch y el tenor Michael Schade en el último recital previsto, darán lustre al ciclo, sin olvidar a la refinada soprano alemana Dorothea Röschmann.

Autor:Raúl Chamorro Mena
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