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Cinco compositores españoles del siglo XVII para no perderse en el Día del #OrgulloBarroco. Por Mario Guada

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   Allá por el 2017, un grupo de investigadores e historiadores del arte muy concienciados con la divulgación de la historia del arte en RR.SS., especialmente a través de Twitter –que ya habían creado la etiqueta #NiUnDiaSinBarroco con el fin de da difundir obras artística del período en esa red social–, decidieron crear el Día del #OrgulloBarroco –terminó acuñado por Cipriano García [@cipripedia] y aglutinado por el grupo de especialistas de @InvestigArt– con el fin de dar mayor visibilidad al Barroco y las artes plásticas, pero también en todas las disciplinas artísticas y culturales posibles. Escogieron como día el 7 de diciembre, por celebrarse en él el nacimiento de Gian Lorenzo Bernini, una de las luminarias del período. Pues bien, pasados tres años de aquello, el Día del #OrgulloBarroco es sin duda uno de los movimientos culturales de mayor empuje en Twitter –aunque ya ha traspasado su influencia a otras RR.SS.–, convirtiéndose en las ediciones de 2018 y 2019 en tendencia a nivel nacional en dicha red social, logrando un éxito sin precedentes, gracias a la implicación absoluta de tuiteros de gran repercusión en el ámbito de la divulgación cultural de diversa índole.

   Por segundo año, desde CODALARIO nos sumanos a esta celebración, y hoy quiero hacerlo dando visibilidad a algunos de nuestros más insignes compositores, aquellos que desarrollaron su labor en el ámbito de lo que hoy se conoce como Barroco, la música que va desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII. En España fueron muchos, y si bien hoy día se tiene la errónea percepción que después de nuestro «Siglo de Oro musical» –esto es, el XVI, en pleno Renacimiento y de la mano de compositores como Victoria, Guerrero y Morales– no hubo nada de especial relevancia, lo cierto es que España continuó siendo un país de enorme riqueza en el ámbito musical, legando a la historia algunos de los nombres más relevantes de nuestro arte musical, que solo hasta hace muy poco años se están empezando a poner en el valor y la consideración que realmente merecen tener. Estos son cinco de esos compositores que a lo largo del siglo XVII –nuestro siglo quizá más denostado, mal comprendido siempre entre el esplendor renacentista y el auge de la música italiana en la primera mitad del XVIII– a los que merece la pena dedicar algunos minutos de nuestras vidas para descubrir en ellos música absolutamente maravillosa, la cual supone apenas una ínfima porción de su producción total. Lamentablemente, en España el respeto por nuestro patrimonio musical es una cuestión de reciente discusión y reflexión, al menos en una dimensión de la importancia que este asunto debe tener. La totalidad de estos autores han estado totalmente infravalorados hasta hoy día, copando un porcentaje muy bajo de la programación en los escenarios de nuestro país y con una discografía prácticamente testimonial. Sirva este texto como un reconocimiento a nuestro siglo XVII, un siglo de enorme riqueza todavía por descubrir en su verdadera dimensión. Sirva, del mismo modo, como homenaje a aquellos musicólogos que ha dedicado su tiempo y esfuerzo para rescatar del olvido sus partituras, así como también a los intérprtes que han tenido el arrojo de acercarse a esta música con convencimiento.

   Los autores se exponen por orden estrictamente cronológico y se presentan unas sucintas notas biográficas y de su relevancia en el ámbito musial, ofreciendo finalmente algunas opciones discográficas que sirvan para situar auditivamente al lector. Juzgar el resultado de las grabaciones no es objeto de interés en este texto, por lo que esa labor la dejo al arbitrio de cada cual, pero sí quiero anotar que en algunos casos las opciones discográficas son muy limitadas y [puede] que no estén a la altura de lo que cabe esperar para música de la calidad que estos compositores atesoran. Comencemos...

§ Pedro R[u]imonte [1565-1627]: autor de transición entre finales del Renacimiento y los inicios del Barroco, este compositor nacido en Zaragoza pudo formarse con Melchor Robledo en La Seo de su ciudad natal, aunque la gran parte de su carrera la desarrollo en Bruselas, a donde se trasladó en compañía del archiduque Alberto, Gobernador de los Países Bajos, y su esposa la Infanta Isabel. En 1601 ocupó cargo de maestro de la capilla musical de estos, así como de la música de cámara, como señala Barton Hudson. Ostentó dichos cargos hasta al menos 1611, cuando participó en las ceremonias de duelo por Margarita de Austria, Reina de España. En 1614 regresó a España, lo que se conoce entre otras cuestiones, porque el compositor Diego Pontac señaló en su autobiografía que en dicho año fue pupilo de Rimonte en Zaragoza. Un documento citado por Vander Straeten, proablemente de 1618, vuelve a nombrar a Rimonte como maestro de música de cámara en Bruselas, cargo que ocuparía al menos hasta 1622. Rimonte destacó en el ámbito de la música vocal sacra, con dos colecciones, una de misas de 4 a 6 partes, así como unas Lamentaciones de Jeremías y doce motetes ancladas en gran medida en el estilo del Renacimiento tardío, en un estilo prodominantemente imitativo, similar al de las obras de mediados del siglo XVI. Su colección El Parnaso español de madrigales y villancicos a quatro, cinco y seys [Antwerpen, 1614] está conformada por un total de nueve madrigales y ocho villancicos, todo ellos en español, salvo uno en latín. Aunque en ellas se observa todavía cierta querencia por el estilo imitativo del mediados del XVI, presentan ya un gusto por los figuralismos, esto es, por pintar con música las palabras del texto, además de ciertas audacias armónicas que muestran ya en cierto modo lo que estará por venir años después. En su música sacra hay también un notable gusto por el policoralismo –dobles coros, generalmente–. Los villancicos se distinguen claramente por sus formas de estribillo, compases como el 6/4, ritmos de gran viveza y bastante intrincados, con una presencia notable de la hemiola. Hay en él joyas tan maravillosas como el villancico a 6 «Quiero dormir y no puedo».

- Pedro Ruimonte en Bruselas • La Grande Chapelle | Albert Recasens [Lauda Musica].

- Parnaso Español de Madrigales y Villancicos • Musica Ficta | Raúl Mallavibarrena [Enchiriadis].

§ Mateo Romero [c. 1575-1647]: compositor español nacido en la localidad flamenca de Liège, fue la principal figura musical de la corte real española durante las tres primeras décadas del siglo XVII, y uno de los primeros compositores españoles en introducir el estilo moderno en España, como indica la musicóloga Judith Etzion en su estudio sobre su figura. Nacido como Matthieu Rosmarin y conocido posterioremente con el sobrnombre de «Maestro Capitán», comenzó su carrera musical como cantor de la Capilla Flamenca de la corte de Felipe II en Madrid en 1586. Sirvió allí hasta 1598, siendo nombrado después maestro de capilla tras el ascenso de Felipe III al reinado ese año. Cambió su nombre por el de Mateo Romero [c. 1594] y se naturalizó español en 1623, lo que le dio derecho a una alta posición social y a beneficios financieros. Durante su largo servicio como maestro de la Real Capilla –hasta su retiro en 1633–, Romero contribuyó al renovado prestigio de los músicos españoles nativos en la Capilla Real, lo que dio como resultado la eventual desaparición de los músicos flamencos de la corte. Sirvió simultáneamente como maestro de los músicos de cámara, profesor de música y francés de Felipe IV, además de director de la música en numerosas ocasiones religiosas y ceremoniales. Además, fue ordenado capellán de alto nivel. Invitado a Vila Vizosa por el Duque de Braganza en 1638, quien lo nombró capellán de la corona portuguesa en 1644. João IV aparentemente adquirió muchas de las obras de Romero para la famosa biblioteca real de Lisboa, destruida por un terremoto en 1755. Además, como otras muchas de sus obras perecieron en el incendio del Palacio Real de Madrid en 1734, su producción fue presumiblemente sustancialmente mayor que lo que ha llegado has nosotros: dos docenas de misas, más de treinta otras obras en latín –incluyendo una decena de misas–, unos sesenta villancicos y cerca de cuarenta canciones profanas. En sus obras policorales en latín, en particular, muestra rasgos estilísticos destacados del primer Barroco español: múltiples técnicas antifonales, contrastante tratamiento de la armonía, frecuentes cambios de sección, partes ocasionales a solo, además del uso del basso seguente y el continuo. Los textos de las canciones profanas de Romero [romance nuevo, seguidilla, folía, canción y diversas versificaciones de tipo letrilla], a dos o cuatro voces, se atribuyen a destacados contemporáneos españoles, como Lope de Vega, Luis Góngora, Francisco de Quevedo y Antonio Hurtado de Mendoza. En ellos hace gala de un exquisita manejo del estilo madrigalista, cuya tratamiento del figuralismo, las progresiones cromáticas y disonancias acentuadas son sintomáticas de un estilo español moderno.

- Romerico Florido • Clematis, Cappella Meditarranea | Leonardo García-Alarcón [Ricerar].

- Requiem para Cervantes • La Grande Chapelle, Schola Antiqua | Ángel Recasens [Lauda Música].

§ Carlos Patiño [1600-1675]: compositor conquencse, en 1612 fue recibido como seise de la catedral de Sevilla, cuando ostentaba el cargo de maestro de capilla el gran Alonso Lobo. A comienzos de 1617 se hizo cargo de la capilla de música de la catedral de Sevilla el carmelita portugués Fray Francisco de Santiago, por lo que la formación de Patiño puede estuvo en manos de Lobo y de Santiago, como destacan Raúl Angulo y Antonio Pons, de la Asociación Ars Hispana. En enero de 1623 fue nombrado maestro de canto de órgano del Sagrario de la catedral de Sevilla y en 1628 compitió sin éxito por el puesto de maestro de capilla de la catedral de Salamanca, para ser finalmente nombrado maestro de capilla del Monasterio de la Encarnación de Madrid ese mismo año. El 1 de enero de 1634 Patiño sucedió a Mateo Romero como maestro de capilla en la Capilla Real; simultáneamente sirvió como viceministro y rector del colegio de escolanos hasta el 7 de febrero de 1657. En 1660 pidió la jubilación, alegando mala salud. Fue dejando de componer de manera paulatina en esos años, hasta que finalmente le llegó la muerte años después. En su testamento pidió que se entregasen a la Real Capilla sus papeles de música y que un conjunto de obras se llevasen a la librería de manuscritos de El Escorial. Patiño fue uno de los mejores músicos de España en el siglo XVII y junto con Romero estableció allí el estilo barroco. Es especialmente importante para reemplazar el estilo madrigal italiano por uno más específicamente español, cmo comenta Barton Hudson. Algunas de sus obras sacras son para un solo coro, pero en la policoralidad –de dos hasta cuatro coros– es donde Patiño se encontró más cómodo. Casi todas estas obras incluyen ya una parte para el continuo, a menudo designado para órgano, arpa, clave o bajoncillo. La escritura de las partes vocales a veces se presenta doblada por instrumentos. Las obras policorales incluyen secciones imitativas junto con otras que presentan motivos generados por la palabra y la dramática yuxtaposición de pasajes rápidos y lentos. Tanto en la melodía como en la armonía Patiño logró importantes dosis de audacia, incluyendo intervalos de 4.ª disminuida, falsas relaciones y disonancias no preparadas junto con un leve cromatismo. Aunque Patiño fue principalmente un compositor de música sacra en latín, también compuso música sacra en lengua vernácula, así como música en el género del «cuatro de empezar» para ser cantada como preludio de producciones escénicas extensas. Sus tonos humanos se caracterizan por ritmos vivos con frecuentes hemiolas. Las obras de Patiño gozaron de una amplia difusión en las colonias españolas de América Latina. Patiño es probablemente el autor que menor atención discográfica ha recibido de entre los grandes maestros del XVII español, una lacra a la que sin duda habría que empezar a poner una solución.

- Celebrando a Carlos Patiño • Coro de Cámara de la Schola Cantorvm de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria | Emilio Tabraue [Sociedad Española de Musicología].

Retrato de Carlos Patiño, realizado posiblemente por su hijo Pedro Félix Patiño [Biblioteca Nacional de España].

§ Juan Hidalgo [1614-1685]: miembro de una familia de violeros, este compositor madrileño fue nombrado en 1633, antes de cumplir los veinte años, arpista y claviarpista de la Capilla Real, de nuevo según indican Angulo y Pons de Ars Hispana. En noviembre de 1638 fue nombrado Familiar del Santo Oficio y en 1640 se convirtió en Notario de la Santa Inquisición. Por un documento de 1671 se sabe que Hidalgo se encargó de la música de los espectáculos teatrales de la corte al menos desde 1645, al ser descrito como «maestro de toda la Real Cámara, así en Palacio y Buen Retiro, como en todas las jornadas». Como responsable de esas representaciones en palacio que incluyeran partes musicadas, Hidalgo se hizo cargo de la parte musical de numerosas comedias mitológicas y zarzuelas, destacando varias de ellas, como Los celos hacen estrellas [1672], escrita por Juan Vélez de Guevara; Ni Amor se libra de amor [1662], con texto de Pedro Calderón de la Barca; o Celos aun del aire matan [c. 1660], también firmada por Calderón. Compuso además, dentro de sus funciones de maestro de la música de cámara de palacio, diversos tonos humanos, pero también los llamados «tonos a lo divino», por sus quehaceres como miembro de la Real Capilla. Juan Hidalgo murió en 1685, siendo enterrado el 31 de marzo en la capilla de Nuestra Señora de los Remedios de la parroquia de San Ginés. Su música era tan estimada que el rey ordenó a la viuda que entregase todas las composiciones de su difunto marido para que se guardasen. Sin embargo, la mayor parte de su obra no ha llegado a nosotros, mientras que la que sí lo ha hecho está muy dispersa en diversos archivos. Para Louise K. Stein, en la música escénica de Hidalgo domina la tradición del canto profano ibérico, aunque siguió el consejo del escenógrafo italiano Baccio di Bianco y adaptó el monólogo recitado para los pesados diálogos y discursos de los dioses en las semioperas para la corte, a partir de aproximadamente 1652. Celos aun del aire matan está considerada como la primera ópera española completa existente, excepcional en el contexto de la música teatral española del siglo XVII, pues está cantada íntegramente. Las convenciones operísticas de Hidalgo y su estilo musical difieren claramente de cualquiera de los varios tipos de ópera contemporánea que se cultivaron en Italia, según Stein, pues su uso específico y parco de la recitación y su enfoque de la forma y el ritmo de las melodías recitadas son distintivos en comparación con otros compositores dramáticos del siglo XVII. En las canciones y las arias, que son casi exclusivamente silábicos, diatónicos y entrelazados con la síncopa y la hemiola, es especialmente importante su adaptación de las danzas españolas, como la jácara y la seguidilla, para lograr la caracterización y verosimilitud. Stein concluye: «El lugar de Hidalgo en la historia de la música teatral española es comparable al de Lully en Francia o Purcell en Gran Bretaña. Como Purcell, trabajó con el mayor dramaturgo de su época y compuso principalmente para producciones parcialmente cantadas diseñadas para atraer tanto a los mecenas reales como a un público amplio pero sofisticado. Al igual que Lully, no solo compuso para las ocasiones políticas más importantes, sino que se encargó de desarrollar una música teatral nacional adecuada al estilo característico de los actores españoles, alcanzando una dignidad estilizada en textos dramáticos altamente simbólicos, acompañados de exquisitos efectos visuales».

- Música para el Rey Planeta • La Grande Chapelle | Albert Recasens [Lauda Música].

- Cantar de Amor: Juan Hidalgo and 17th-Century Spain • Juan Sancho, Accademia del Piacere | Fahmi Alqhai [Glossa].

«Llorad, por Dios, llorad», de Juan Hidalgo [manuscrito c. 1742, colección catedral de Guatemala].

§ Sebastián Durón [1660-1716]: nacido en la localidad caracense de Brihuega, es quizá el compositor más importante de la segunda mistad del XVII en España. Hermano de Diego Durón, un compositor de escasa relevancia que llegó a ser maestro de capilla en Las Palmas de Gran Canaria, se formó musicalmente en Cuenca junto al maestro de capilla Alonso Xuárez, como indica Raúl Angulo, de Ars Hispana, probablemente quien mejor conoce al compositor actualmente. En 1679 fue ayudante de Andrés de Sola Ximénez, organista de la catedral de San Salvador de Zaragoza. Al año siguiente se trasladó a Sevilla para ocupar la plaza de organista segundo de la catedral de la ciudad. En 1685, recomendado por su maestro Xuárez, abandonó Sevilla para ocupar el puesto de primer organista de la catedral de El Burgo de Osma, aunque solo un año despues pasó para ocupar el de organista de la catedral de Palencia. Algunos años después, en octubre de 1691, fue nombrado organista de la Real Capilla de Carlos II. En 1701, coincidiendo con el llegada a España de la dinastía borbónica, Durón fue nombrado maestro de la Real Capilla y rector del Real Colegio de Niños Cantorcicos. Ese cargo le obligaba a componer para los oficios religiosos de la Real Capilla, pero fue también uno de los máximos responsables de la música destinada a los festejos reales y nobiliarios. Tras ser detenido en 1706 en una emboscada de las tropas borbónicas, Durón tuvo que exiliarse a Francia. Mariana de Neoburgo le nombró miembro de su Consejo, Limosnero Mayor y Capellán de Honor en torno a 1710. Su obra es, además de muy extensa, de una enorme importantancia, especialmente en el ámbito de la música escénica. Para Louise K. Stein, Jack Sage y John H. Baron, muchas de sus obras sacras sobre texto en latín son previsiblemente conservadoras, dentro de lo que se esperaba para la música de servicio en la España de la Contrarreforma. Algunas de ellas, sin embargo, especialmente los motetes, Miserere, Te Deum, y Lamentaciones, muestran a Durón en su forma más moderna y son importantes también por sus nuevas texturas y uso de instrumentos. Los villancicos incluyen obras grandes y pequeñas para voces e instrumentos que conservan el estilo musical del Barroco español de compositores anteriores como Juan Hidalgo, pero que van más allá de lo que este y otros habían logrado en el despliegue de nuevas técnicas y géneros musicales para la expresión textual y el efecto del mismo. Los villancicos de Durón parecen especialmente teatrales. Aunque su carrera como compositor teatral fue breve, la contribución de Durón a la historia de la música escénica española es muy importante, con títulos tan trascendentes como Salir el amor del mundoEl imposible mayor en amor, le vence amorVeneno es de amor la envidiaLa guerra de los gigantes o Coronis. Junto con los dramas de Juan de Navas y Antonio de Literes, sus partituras demuestran la coexistencia de estilos musicales autóctonos e importados que llegaron a caracterizar la vida musical en Madrid a finales del XVII y principios del XVIII. Varios años después de la muerte de Durón, su música teatral seguía siendo controvertida, pues para algunos críticos nacionalistas él había introducido en la escena española géneros y estilos musicales contemporáneos extranjeros, abriendo con ello la puerta a todo tipo de «abusos modernos». Sus partituras contienen minuetos en estilo francés, además de canciones populares de baile español como la seguidilla, arias da capo al estilo italiano, junto a tonos y tonadas tradicionales españolas. Por todo ello, Durón fue acusado de haber contaminado el estilo «puramente español» con caprichosos «barbarismos extranjeros», en detrimento de la supuesta gravedad de la tradición musical hispánica...

- Música para dos dinastías • La Grande Chapelle | Albert Recasens [LAuda Música].

- Tonadas • Raquel Andueza & Manuel Vilas [Naxos].

- La guerra de los gigantes • VV.SS., Orquesta Barroca de Granada & Íliber Ensemble | Dario Moreno [IBS Classical].

Portada de Salir el amor del mundo, zarzuela en dos actos de Sebastian Duroón y José de Cañizares [c. 1696, Biblioteca Nacional de España].

Autor:Mario Guada
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