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Opinión: Apoyar a nuestras orquestas sinfónicas

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Autor: Aurelio M. Seco
29 de noviembre de 2015

APOYAR A NUESTRAS ORQUESTAS SINFÓNICAS

Por Aurelio M. Seco
¿Corren peligro algunas de nuestras orquestas sinfónicas? Si nos atenemos al contenido de las noticias publicadas en los últimos meses en numerosos medios de comunicación, conviene estar, por lo menos, preocupados y alerta ante la actual situación. En España, la idea de música –más bien música clásica, una idea oscura pero muy viva- vio crecer su prestigio en paralelo a la de cultura a lo largo del siglo XX y motivó, por cierta inercia positiva y, por qué no decirlo, también por firme convicción, que nuestro país cuente hoy día con una importante red de infraestructuras musicales y orquestas sinfónicas de la que podemos enorgullecernos. En la Constitución de 1931 y en la de 1978 quedaba bien patente y por escrito el interés del Estado por potenciar la cultura y, por ende, la música como parte de ella. No sé si quienes escribieron los textos tenían bien clara la idea de cultura pero, en lo que se refiere a su apoyo a la música, funcionó.

   Llegado el siglo XXI y con él la reciente crisis económica, parece que el sector político se está replanteando el apoyo decidido a nuestras entidades musicales, por lo menos parte de él. No es éste el momento para hablar de las numerosas salas y teatros infrautilizados, levantados en su día sobre la estructura de los buenos deseos y el puro marketing electoral. Tampoco de las sociedades filarmónicas de nuestro país, muchas de las cuales están pasando por momentos muy difíciles que, si no se resuelven, obligarán al cierre de entidades de importancia histórica. No obstante, no podemos evitar citar la situación del Teatro Villamarta de Jerez que, en la actualidad, corre peligro de cierre.

   Hace tan solo unos días nos levantábamos preguntándonos por la salud económica de la Orquesta de Navarra, una de las más antiguas de España y un conjunto que está a las órdenes de un director respetado y de importante trayectoria, Antoni Wit. Ha tenido que salir la Asociación de Músicos de Orquestas Sinfónicas (AMPOS) para reivindicar la importancia de esta orquesta  y demandar que "se escuchen sus reivindicaciones y se provean los medios para garantizar la excelencia en su insustituible contribución a la sociedad". En una carta firmada por Valentín Centenero, presidente de AMPOS, se expone que "las noticias que llegan sobre la incertidumbre de los presupuestos de la Orquesta Sinfónica de Navarra están generando no poca inquietud". La financiación de la entidad no puede estar puesta en duda de esta forma.

   Tampoco hace tanto que el nuevo gobierno municipal de La Coruña salido de las últimas elecciones generó una gran preocupación en el contexto musical español al realizar un importante recorte en las partidas destinadas al Consorcio para la Promoción de la Música, entidad que provee de recursos a la Sinfónica de Galicia, la Temporada Lírica y la Sociedad Filarmónica de La Coruña. Parece que la situación se ha tranquilizado un poco de cara al próximo año, pero conviene estar vigilantes  para que uno de los proyectos musicales más interesantes de los que se están desarrollando en España no frene su enorme potencial, creado a fuerza de ilusión y talento durante muchos años.

   También preocupa la perspectiva evolutiva de algunas orquestas andaluzas. Hace dos días nos sorprendimos con la noticia de que en el Ayuntamiento de Granada salió adelante una moción conjunta de todos los grupos en apoyo a la Orquesta Ciudad de Granada. Es importante este gesto, pero también significativo de dicha necesidad. Nos parece increíble que una de las ciudades de mayor tradición musical de nuestro país pueda siquiera poner en duda la financiación, trayectoria y razón de ser de una orquesta como la de dicha ciudad, de un tiempo a esta parte en manos del talentoso Andrea Marcon. La Sinfónica de Sevilla y Filarmónica de Málaga parecen haber solventado la crisis económica con entereza, pero no estamos tan seguros de que la Orquesta de Córdoba reciba los suficientes apoyos para su necesaria evolución artística.

   En la Comunidad Valenciana tampoco predomina la serenidad. Los músicos de la Orquesta de Valencia, uno de los conjuntos que mayores satisfacciones artísticas nos han dejado en los últimos años,  han hecho notar la falta de interés de las instituciones públicas por convocar nuevas plazas, un aspecto crucial para cualquier orquesta que los gerentes y políticos no siempre saben atender convenientemente. Yaron Traub lanzó en su día la voz de alarma: “La Orquesta de Valencia está desapareciendo”. Es posible que el mensaje sea exagerado y sólo busque centrar la atención en los problemas de la orquesta para completar debidamente la plantilla, pero ahí está.

   En Asturias, otra de las Comunidades con mayor tradición musical se creó, recientemente, la Filarmónica de Asturias, años después de dejar morir a la Orquesta Sinfónica de Gijón. ¿Qué debe pensar Óliver Díaz -flamente nuevo director musical del Teatro de la Zarzuela y anterior titular de la Sinfónica de Gijón- y y sus músicos cuando, tras haber visto cómo se dejaba desaparecer su orquesta, ciertos partidos políticos piden ahora apoyar a otra, recién nacida en la ciudad? Estaremos expectantes para ver qué solución se da a esta orquesta sinfónica.

   

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