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CRÍTICA: OVACIONES PARA EL 'OTELLO' DEL PALAU DE LES ARTS DE VALENCIA. Por Raúl Chamorro Mena

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4 de junio de 2013
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Foto: Tato Baeza

UN VERDI DIGNO DEL BICENTENARIO


OTELLO (Giuseppe Verdi). Valencia, Palau de Les Arts. 1-6-2013. Gregory Kunde (Otello), Carlos Álvarez (Yago), Maria Agresta (Desdemona), Marcelo Puente (Cassio), Cristina Faus (Emilia), Mario Cerdá (Roderigo), Mischa Chemolianski (Ludovico). Dirección musical. Zubin Mehta. Dirección de escena y escenografía: Davide Livermore.

       El recortado VI Festival del Mediterrani del Palau de Les Arts de Valencia dio inicio con una obra maestra absoluta del género operístico, el Otello Verdiano, en que se combinan los talentos del mayor escritor para el teatro (Shakespeare, genialmente adaptado por Arrigo Boito con un libreto impecable) con el del más grande compositor de ópera, para crear una obra grandiosa musical y dramáticamente.
      En presencia de la Reina Sofía, el tenor norteamericano Gregory Kunde, antaño un tenor ligero, un contraltino, ahora sorprendentemente reinventado y reconvertido en tenor spinto en esta etapa actual, mucho más interesante que la anterior. Kunde ya dejara hace tres años en La Coruña una interpretación memorable del espinosísimo papel de Arnold de Guillaume Tell y después de la cancelación del en principio anunciado Alexander Antonenko y el rechazo por parte de Mehta del sustituto previsto, Kristian Benedikt, abordó en Valencia el también temible papel del Moro di Venecia, tras un primer acercamiento en la propia Venecia el pasado año.
      Una muy apreciable interpretación la lograda por Kunde, cimentada en el inmenso oficio, en la inteligencia y en su gran capacidad como músico. Un Otello siempre cantado, no vociferado. Creíble dramáticamente, pero contenido, sobrio y noble, lejos de ese sujeto histérico y truculento que tantas veces se propone. Cierto es que falta el color broncíneo que se suele asociar a la parte, que el centro está áfono, leñoso y que el grave no tiene entidad, pero además de que el agudo gana mucho brillo, Kunde, también justo de fiato, las da todas, como en un sorprendente "Esultate" en su impactante aparición en escena. Asimismo, el tenor estadounidense acentuó, dijo y fraseó con intención e incisividad, además de resultar siempre en estilo italiano, idiomático y logrando un encarnación implicada dramáticamente y emotiva sin caer en ningún exceso.
      El que firma estas líneas celebra y se alegra enormemente de volver a ver a Carlos Álvarez sobre un escenario cantando un papel tan importante como Yago. El barítono malagueño encarnó eficazmente  y con su nobleza de siempre al pérfido Alférez a cuya caracterización dotaba la puesta en escena de especial relevancia, siniestro, vestido de cuero y con la cara enjalbegada. Cierto es que la voz ha perdido enteros, mermada en cuanto brillo y presencia sonora y que el barítono pena cuando la tesitura se empina (graves dificultades le planteó el "Credo" del acto segundo cuyo ascenso en "dal germe della culla" fue un alarido forzadísimo y descontrolado), pero aún queda calidad en su material vocal, así como musicalidad y elegancia en su canto, que le permitieron sacar adelante el papel y obtener un gran éxito que emocionó visiblemente al cantante, que tan mal lo ha pasado con sus problemas de salud.
      Desdemona fue encarnada por la soprano italiana Maria Agresta, aclamada el año pasado en Valencia por su Leonora de Il Trovatore. Estamos ante una soprano lírica justita, de timbre grato, pero genérico. Sin graves, con un centro débil, falto de cuerpo y anchura y un agudo que no termina de girar a los resonadores superiores y falto de metal y expansión en esos momentos de despliegue como "Casta io son", "Non son ciò che sprime quella parola orrenda" o "guarda le prime lagrime"´en que la soprano también mostró falta de temperamento. Mucho mejor, tanto en lo vocal como en lo interpretativo, los momentos puramente líricos y de expresión de la esposa devota y sumisa, ya que la cantante posee sensibilidad y escuela de canto de genuina raiz italiana, que le permite cantar con morbidez y realizar algunos filados de factura, como así demostró en un apreciable "Ave Maria" del acto cuarto. Bonito timbre el de Marcelo Puente como Cassio, pero deberá aquilatar el debido respaldo técnico. Engoladísimo y duro el Ludovico de Chemolianski y cumplidora Cristina Faus como Emilia.

      Notable el trabajo de Zubin Mehta que dirigió su primer Otello hace más de 45 años y reafirmó su status de gran director verdiano. Imbuido, quizás, de un cierto manierismo a estas alturas de su carrera, se recreó en tiempos lentos, que no supusieron falta de tensión y pulso, excepto en un acto primero algo caído en ese aspecto y con un dúo de amor un tanto anodino. Irreprochables los actos tercero y cuarto en los que destacaron el magnífico acompañamiento al monólogo de Otello "Dio mi potevi scagliar" en el que logró junto a Kunde y la dirección de escena (que sitúa a Yago doblando a Otello en el fondo del escenario como si fuera su sombra) un momento ejemplar, tanto en el aspecto musical, como en el dramático y teatral. Fantástica prueba también de su enorme técnica de batuta fue el balance y la progresión logrados en el magnífico concertante del acto tercero, así como en el momento previo a la entrada de Otello en el acto cuarto, en que creó una atmósfera plena de tensión.
      Fabuloso, como siempre, el sonido que obtuvo de la orquesta de Les Arts cuya prestación volvió a ser una vez más, sobresaliente. Empastadísimo, sonoro y flexible el Coro que no se despeinó en el do de "!Evviva! ¡Viva il Leon di San Marco!" de una rotundidad impactante.
      Magnífica la producción de Davide Livermore. Un ejemplo de puesta en escena moderna, con pocos medios, pero mucha inteligencia, habilidad, buen gusto y respeto a los autores y a la obra. Ni rastro de dramaturgias paralelas, retorcimientos o "traducciones para el público actual" (sic). La escenografía única se basó en una plataforma circular con un disco central que ascendía y descendía y en la que fluye toda la tragedia. Moderado, muy efectivo el uso de las proyecciones y fantástica la iluminación que creó momentos muy efectivos como la entrada de Otello, el "Credo" de Yago, la escena del jardín y el impactante final del acto segundo con el escenario teñido de rojo después que Otello y Yago invocan al "Dio vendicator".
      Éxito rotundo con ovaciones clamorosas a los tres protagonistas, Mehta y los responsables de la producción
 
Foto: Tato Baeza
Autor:Raúl Chamorro Mena
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