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MARTÍN NUSSPAUMER, tenor: «La zarzuela me hace crecer como artista día a día»

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14 de enero de 2020

MARTÍN NUSSPAUMER, tenor: «La zarzuela me hace crecer como artista día a día»

Una entrevista de Nuria Blanco Álvarez / Foto: Fernando Frade /CODALARIO
Martín Nusspaumer debuta el próximo 24 de enero en el Teatro de la Zarzuela interpretando a Leonardo Gamboa en Cecilia Valdés, comedia lírica en un prólogo y dos actos, con música de Gonzalo Roig y libreto de Agustín Rodríguez y José Sánchez-Arcilla que este mes hará historia en el coliseo de la Calle de Jovellanos al subir por primera vez a su escenario. Nunca antes el Teatro de la Zarzuela había programado una zarzuela no española. La producción cuenta con la dirección de escena de Carlos Wagner y musical de Óliver Díaz.

Su participación en Cecilia Valdés es su debut en el Teatro de la Zarzuela. ¿Qué supone para usted?

Es un placer y gran honor poder ser parte de esta nueva y hermosa producción del Teatro de la Zarzuela, el templo mundial de este género. Para mí es una gran oportunidad debutar en este teatro tan querido y único en el mundo, además en una producción que es histórica, ya que es la primera vez desde la inauguración del teatro que se representa una zarzuela no española.

¿De qué temas trata Cecilia Valdés?

La zarzuela, basada en la novela con el mismo título del autor Cubano Cirilo Villaverde, muestra el mundo en el cual conviven las familias españolas de la Habana colonial con los negros y mulatos, donde muchos luchan por la abolición de la esclavitud y otros la toman como algo normal y cotidiano. El racismo y el clasismo impregnan cada escena de la obra.

Cecilia es una mulata que desconoce ser hija ilegítima de Cándido de Gamboa, empresario español y padre de Leonardo, mi personaje. Éste a su vez, disfruta de todos los privilegios y placeres de ser hijo legítimo y heredero de Gamboa, incluyendo entre ellos la historia de amor con Cecilia, desconociendo ambos ser medio hermanos.

Es una historia donde experimentamos un abanico completo de emociones, por momentos de gran profundidad emotiva y de repente, como algo normal, vemos el lado más vil y cruel de un ser humano.

¿Qué le parece el repertorio de la zarzuela? ¿Le atrae algún título más que otro?

La zarzuela me hace crecer como artista día a día y me ayuda a descubrirme a mí mismo. En los diálogos se nos da a los cantantes la posibilidad de desarrollar nuestra parte actoral al hablar los textos. De esta forma se le puede dar al texto una infinidad de colores y emociones. Cada vez que lo digo es diferente y eso me permite darle vida al personaje y a la vez me lleva por ese camino emocional al canto, el cual se vuelve más natural y orgánico después de tener una escena hablada.

La música por su parte me invita a conectar con mis raíces, que aunque mi primer apellido me delate como suizo, los demás son todos de españoles que emigraron en busca de una mejor vida en su momento.

Además está el factor del idioma. Cantar en mi lengua nativa me resulta, además de natural, un placer. Y disfruto del trabajo de respetar y honrar los diferentes acentos. Me parece importantísimo rendir justicia al personaje y darle credibilidad de esa manera.

Me siento muy atraído a los títulos clásicos españoles, y me he dado el gusto de interpretar algunos de los tenores emblemáticos del repertorio como Javier en Luisa Fernanda y Leandro en La tabernera del puerto, pero espero que estos sólo sean mis comienzos en el género y que pueda seguir cantando zarzuela dentro y fuera de España.

Hace usted de malo de la película en Cecilia Valdés. Háblenos de su papel y de sus características dramáticas y líricas. ¿Cómo lo está enfocando a nivel actoral y vocal?

Es verdad. Esta vez me ha tocado. De todas maneras intento que Leonardo tenga también su lado tierno y honesto. La gente no es mala porque sí. El ambiente donde se ha criado, su entorno, su familia, y en especial su madre lo han llevado a ser alguien muy egoísta y mentiroso, quien busca a las mujeres sólo por diversión, aunque internamente desea estar enamorado de verdad y creo que con Cecilia lo está. La realidad es que el contexto social no se lo permite y por eso decide casarse con alguien de su misma clase como Isabel Ilincheta.

En lo actoral este rol particularmente me ayuda a investigar esa parte asquerosa del ser humano, que usualmente los tenores no tenemos muchas oportunidades de interpretar.

Por otro lado se acopla muy bien a mi vocalidad. Hay que ser muy versátil ya que tiene partes muy fuertes en especial en el dúo con Cecilia y otras muy suaves y dulces en el dúo con Isabel.

Si no me equivoco, es su segundo trabajo realizado a las órdenes de Óliver Díaz, tras La tabernera del puerto de Sorozábal en Oviedo. ¿Cómo recuerda su participación en la capital del Principado de Asturias y cómo se están desarrollando los ensayos?

Efectivamente es mi segunda vez con el maestro Óliver Díaz, y estoy muy feliz de que esté a cargo de llevar la música de este espectáculo. Siempre muy seguro, tiene esa habilidad de hacer que las partes complicadas de la partitura se ejecuten de una manera sencilla y natural, ayudando al cantante en todo momento. Los españoles son muy afortunados de tenerlo.

En cuanto a mi pasaje por Oviedo lo recuerdo con mucho cariño ya que fue mi debut en España y me enamoré a primera vista de esa ciudad tan hermosa y pintoresca, y ¡cómo me gusta el Campoamor! Por suerte ya estaré ahí otra vez el próximo mes de marzo para los ensayos de Katiuska.

Los ensayos de Cecilia Valdés van muy bien, se trabaja muy a gusto con los colegas y nuestro director Carlos Wagner está haciendo un trabajo espectacular enfocándose en los detalles y especialmente en los textos que hacen que el espectáculo tenga más peso dramático y sea muy disfrutable. Estoy convencido de que será un éxito y muy ansioso de que llegue el día del estreno.

Usted reside habitualmente en Miami. ¿Encuentra muchas diferencias entre Miami, en general EEUU y España a nivel musical?

Es diferente. EEUU es un gran país con mucho aprecio por la grandeza y lo grandioso. En cuanto a la música, y en particular la lírica que es mi ambiente, esto se traduce en teatros de gran tamaño, en los cuales no hay lugar para sutilezas. Y justamente son éstas las que realmente conectan con lo más íntimo del corazón humano, que es de donde la buena música proviene y hacia donde debe llegar. Como consecuencia es más difícil llegar al público y las audiencias de estos grandes teatros se están viendo reducidas y hay muchas compañías que no logran atraer suficientes oyentes ni patrocinadores para financiarse, ya que no cuentan casi con apoyo del estado.

Me da la sensación de que aquí en España el teatro y las artes en general están más cerca de la gente, más integrados en la vida cotidiana. Eso es fenomenal y, a mi parecer, debería ser así. Hay veces que conversando con amigos españoles me da la sensación que no son conscientes de la riqueza cultural de la cual están rodeados.


Háblenos de la situación musical en Uruguay. Usted ha participado en el Festival de Colonia. Háblenos de este proyecto también.

En Uruguay durante los últimos años desde que reabrieron los dos principales teatros que estuvieron años y décadas cerrados luego de incendios, la música y las actividades culturales en general han ido creciendo a un paso muy rápido. De todas maneras al ser un país pequeño siempre hay dificultades que hay que sobrepasar. Además de la cuestión económica, una de ellas es la centralización de las actividades en Montevideo, lo cual se viene trabajando de diferentes maneras, y justamente con el Festival Internacional de Colonia también se logra llevar al interior del país, recitales de gran nivel e inéditos para nuestra región. Colonia del Sacramento, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es una ciudad ideal para un festival como éste ya que atrae muchísimos turistas de todo el mundo por su encanto histórico, arquitectónico, geográfico y natural. Para mí personalmente tiene una conexión muy especial al ser la capital de mi departamento y donde hice mis estudios secundarios. Este año me vuelvo a presentar en este festival en un recital junto al pianista español Rubén Fernández Aguirre.

¿Qué papeles operísticos se adecuan más a su voz, cuáles le gustaría afrontar?

Me siento muy cómodo cantando los papeles puramente líricos; ni muy ligeros, ni muy dramáticos. Disfruto mucho los tenores de Verdi y especialmente después de haber interpretado a Arrigo en La battaglia di Legnano, he quedado encantado y me gustaría seguir cantando mucho Verdi. También disfruto mucho cantando los papeles líricos de Puccini, como Rodolfo en La bohème o Pinkerton en Madama Butterfly.  En estos momentos estoy preparando Cavaradossi y a medida que la voz madure iré incursionando poco a poco en nuevo repertorio.


¿Cómo sobrelleva los continuos viajes a los que obliga la carrera de un cantante, la consabida soledad del artista?

Soy muy afortunado ya que la mayoría de las veces estamos en familia. Siempre estamos buscando la manera de estar los tres, María Eugenia, mi esposa y nuestra hija Amelia. Para mí esa parte de la carrera del cantante, la soledad es muy complicada. Si veo que no es posible estar los tres, según las circunstancias hay veces que prefiero no hacer ese determinado trabajo. La familia para mí lo es todo, es mi eje en la vida y de ahí parte la fuerza y la energía para hacer lo que hago en el escenario.

La voz es uno de los «instrumentos» musicales más sensibles. A su juicio, ¿cómo debe cuidar la voz de un cantante? ¿Qué le funciona a usted?

La verdad no hago algo en específico, sólo intento no caer enfermo con los virus normales del invierno, y a los que nos exponemos mucho al viajar. Lo que para la mayoría de la gente es un simple resfriado, a nosotros los cantantes nos impide de poder rendir de la mejor manera y, en ocasiones, nos puede llevar a perder trabajo. También me cuido en las comidas ya que el estómago nos juega una mala pasada con la acidez y eso inflama las cuerdas vocales.

Más allá del estilo de vida que conlleva convivir con el instrumento, me considero un afortunado de poder expresarme y transmitir emociones a través de este arte.

Autor:Nuria Blanco Álvarez
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