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CD: 'Die wilden Schwäne' de Reinecke (CPO)

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3 de abril de 2016

CONTADO POR REINECKE

Por Albert Ferrer Flamarich
Reinecke: Die wilden Schwäne Op. 164. Kirsten Labonte, soprano. Gerhild Romberger, mezzosoprano. Markus Köhler, barítono. Shuang Shi, soprano. Rebecca Blanz, mezzosoprano. Christian Kleinert, narrador. Mirjam Petri, arpa. Hugh McGregor, violonchelo. Norbert Stertz, Peter Gulyka, trompas. Schwanen-Ensemble. Peter Kreutz, piano. CPO 777940-2 DDD 53 minutos.

   La explotación del otro repertorio, el que no forma parte del canon, pero es esencial para entender y completar el panorama de la música del siglo XIX, es una mina de oro para sellos como CPO, Tudor, Naxos y Hyperion; o Verso, en el caso español. Un compositor revivificado gracias al disco es Carl Reinecke (1824-1910), que sin caer en una vinculación nacionalista en el sentido más estrictamente identitario, muestra la importancia de la escuela de Lepizig siendo considerado por Mendelssohn, Schumann y Brahms por un igual. De hecho en 1860 fue nombrado director de conciertos de la Gewandhaus de Lepizig y profesor de composición y  piano. Hasta su retiro en 1902, Grieg, Reznicek, Sinding, Bruch, Sullivan, Svendsen, Delius y Weingartner se contarán entre sus muchos discípulos.  

   Además estuvo en contacto relación con el escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875) de quien adaptó algunos de sus cuentos de hadas como El cisne salvaje. Éste se publicó por primera vez el 2 de octubre de 1838 y su argumento giraba en torno a una princesa que sufre en silencio terribles pruebas para liberar de un hechizo a sus once hermanos por parte de una reina malvada. Cuando se desatan las sospechas que es también una bruja se la condena a muerte pero logrando su objetivo de liberar a sus hermanos en el último momento. Finalmente puede explicar su historia y se casa con el rey.

   Este tipo de adaptaciones musicadas a partir de cuentos, próximas a óperas en miniaturas, eran frecuentes en la educación de las clases medias en el siglo XIX, con carácter de diletante, especialmente mujeres, a modo de hausmusik, lo que justifica la presencia del coro femenino. La mayoría de números de estos coros juegan con texturas homofónicas y al unísono como el “Gesang der Königskinder” inicial; el primero de los coros de Cisnes, que contrasta con el segundo mucho más ambicioso tanto en la melodía como en los juegos polifónicos y el acompañamiento instrumental; o el “Coro del Ángel” una de las páginas más bellas de la obra por su encanto melódico y su evocación pseudoreligiosa.  

   En medio de revoluciones estéticas como el wagnerianismo, el impresionismo y los torbellinos nacionalistas, Reinecke tomó distancia del mundo teatral y prefirió lo camerístico, lo instrumental a lo vocal. Su vocabulario romántico se desarrolla en un temperamento contenido, muy clásico y tremendamente académico. Un academiscismo en el sentido tradicionalista y en el resguardo del magisterio del pasado. Es económico en sus estructuras, generoso en los arcos melódicos, tiempos moderados reminiscentes de lied como lo prueban las intervenciones de Elfriede (“Elfriedens Nachtgebet”, “Elfriedens GruB an das Meer” y “Elfriedens Sehnsucht”) que tiene las páginas de mayor lirismo, evocación y que la soprano lírico-ligera Kirsten Labonte canta con gusto, timbre cristalino, cierto vibrato stretto y mayor peso en los puntuales ascensos al agudo como es habitual en su tipología. En conjunto son voces que, sin ser especialmente destacadas, demuestran profesionalidad y la calidad suficiente para unas páginas que exigen más gusto y musicalidad que dominio técnico y virtuosismo. A su lado los otros protagonistas, Königssohn interpretado por el barítono Markus Köhler, y la reina de la mezzosoprano Gerhild Romberger, poseen un centro sonoro, inteligibilidad en la dicción, cuidado en la articulación y matices de color suficientes para no caer en una prestación anodina. La competencia interpretativa es extensible al Schwanen-Ensemble formado por catorce voces femeninas, a los dos partichinos de Shuang Shi y Rebecca Blanz, y al conjunto instrumental encabezado por el pianista Peter Kreutz. La narración de Christian Kleinert aporta un punto expeditivo al devenir argumental sin histrionismos.

   En conjunto no se trata de una obra significativa específicamente por méritos musicales ni por el tipo de adaptación de la matriz literaria. Es otro ejemplo de una fórmula literario-musical propia del siglo XIX –también presente en el siglo, sobretodo en su adaptación como propuesta radiofónica- que permite tener al alcance otra composición de Carl Reinecke. La grabación se efectuó durante en febrero de 2014 y la edición, marca de la casa, sigue la estética habitual del sello alemán. El libreto, en alemán e inglés, contiene unas notas de carpeta que combinan la biografía del compositor con un comentario mínimamente orientativo de la obra aunque lejos de la densidad y análisis técnico que caracteriza CPO. Son firmadas por el violonchelista Markus Köhler y el pianista Peter Kreutz.

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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