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RICARDO LLORCA, compositor: «No me siento reconocido en España, como muchos de mis colegas»

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1 de noviembre de 2019

RICARDO LLORCA, compositor: «No me siento reconocido en España, como muchos de mis colegas»

Una entrevista de Ruth Prieto | Foto: Fernando Frade / CODALARIO
Nació en Alicante y lleva media vida en Nueva York, donde ha hecho su vida como compositor y profesor de la prestigiosa The Juilliard School. Muy desconocido en España podremos escuchar su segunda ópera Tres sombreros de copa en noviembre en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.  De La Movida Madrileña a la Juilliard, sigue conservando el mismo sentido del humor y su pasión por componer. Sobre su mesa: varios encargos y muchos proyectos con la New York Opera Society. Hemos hablado con Llorca de su vida, de su música y de sus proyectos y esto es lo que nos ha contado…

Vive desde hace 30 años en Estados Unidos y este mes de noviembre el Teatro de La Zarzuela estrena en Madrid su ópera Tres sombreros de copa…., pero volvamos un poco hacia atrás. Aunque vive y trabaja en Nueva York todo el año, ¿usted nació en Alicante no?

Yo realmente soy de Benidorm, que es de donde viene la familia de mi padre desde hace muchas generaciones, y nací en Alicante de casualidad, porque en aquella época en Benidorm no había hospital. Con esto quiero decir que de alicantino ejerzo poco, aunque tengo un estudio de música en Alicante y me retiro allí a componer siempre que puedo. En Benidorm participo cada año como profesor de composición en los Cursos Internacionales de Música que organiza el Ayuntamiento, con el objetivo de introducir a los alumnos en las últimas tendencias compositivas. Y además en Benidorm se han estrenado algunas obras mías. Creo que, en ese aspecto, sí que he sido profeta en mi tierra y estoy muy agradecido por todo lo que en Benidorm han hecho por mí.


En su familia la música y el teatro siempre fueron muy importantes, ¿qué recuerdos tiene de su infancia sobre esto?

En mi familia siempre ha habido una relación muy cercana con la música a pesar de que, exceptuándome a mí, no hay ningún músico profesional. Con mi abuela íbamos a La Zarzuela a menudo, y mi padre nos llevaba al teatro María Guerrero y al Español cada semana. Una hermana de mi padre, mi tía Concha Llorca, que fue quien me introdujo en la música y quien me compró mi primer piano, colaboró durante muchos años junto a Carmen Bravo, la esposa de Federico Mompou, en la recuperación del folclore español, grabando los testimonios musicales con su magnetofón por todos los pueblos de España, una música que ya estaba destinada a desaparecer, un poco al estilo de lo que hizo Béla Bartók en la Hungría de los años 20 y Benjamin Britten en la Inglaterra de la postguerra. Además, mi padre, que estudió Filosofía y Letras en Valencia durante la II República, organizaba en Benidorm durante la postguerra los «Conciertos de Verano» y todavía conservo muchos programas de conciertos y cartas dirigidas a mi padre de Regino Sainz de la Maza, de los pianistas José Mira Figueroa y Gonzalo Soriano…. Mi padre también era muy amigo de Óscar Esplá y Luis Sagi-Vela. Todos ellos tenían su tertulia en el Molí de Ondarella, donde Óscar Esplá tenía su casa de verano. Yo todo eso lo viví cuando era muy pequeño: las visitas a Esplá, las charlas sobre música y teatro, y lógicamente, no valoré lo privilegiado que había sido hasta mucho más tarde.

De Alicante a Madrid, ¿su infancia y juventud las pasó en Madrid?

Yo me crie en Madrid, ya que mi padre, Vicente Llorca, era el Director de la Biblioteca del Senado y de la Universidad Autónoma de Madrid. Recién llegado a Madrid, estudié en el Colegio Estilo, una continuación de la Institución libre de Enseñanza, dirigida por Josefina Aldecoa, en donde estudiábamos los hijos de muchos intelectuales de la época. Nos llamaban «La Gauche Caviar» y a mí aquello me hacía mucha gracia.

¿Qué recuerdos tiene del Colegio Estilo y de sus comienzos en la música?

Muchos porque mis tres hermanos y yo estudiamos allí diez años. Por el Colegio Estilo también andaban los hijos de Carlos Saura, los Bardem, García Berlanga, Quinto, Buero Vallejo, Vizcaíno, Sorozábal, Umbral. De todas maneras mis estudios de música eran fuera del colegio. Yo empecé a estudiar música junto a dos compañeras de clase con una profesora de piano excelente: Maruja Palacios, que daba clases particulares y nos preparaba para examinarnos en el Conservatorio. La verdad es que, una vez en el Real Conservatorio, no recuerdo a ningún profesor de la talla humana y profesional de Maruja Palacios, salvo a Antón García Abril, que fue un gran profesor de composición. Yo, en concreto, tuve a una profesora de piano, Carmen Ledesma, que era la profesora perfecta para hacerte odiar la música y abandonarla para siempre.

Con 25 años y terminada la carrera del conservatorio, se muda usted a Nueva York a estudiar en The Juilliard School, ¿cómo fueron estos años como estudiante en Juilliard?

Yo entré en Juilliard en el año 1988 y me gradué en 1993. Allí estudié composición, primero con John Corigliano y después con David Diamond, dos de los grandes compositores del momento y dos maneras muy diferentes de entender la música y la vida en general.

David Diamond era un apasionado de la cultura europea, una enciclopedia viva, reliquia de otros tiempos y ejemplo de una generación de compositores norteamericanos que ya se encontraba al borde de la extinción. Era una delicia escuchar sus relatos y las mil y una anécdotas que contaba sobre todos los compositores y artistas con los que había trabajado. Diamond pertenecía a una generación que, aunque formada en París en las aulas de Madame Boulanger, ha pasado a la historia como lo que hoy en día se conoce por el nombre de «La Escuela Americana». La verdad es que fue una delicia y un privilegio estudiar con él. Era un erudito que no aceptaba medianías, y los que estudiábamos con el sabíamos que teníamos que trabajar duro porque con David no valían excusas. No teníamos días libres ni siquiera los fines de semana, analizaba en detalle y revisaba todas nuestras obras sin escatimar ni su tiempo ni su esfuerzo. Incluso acudía a los ensayos de nuestros conciertos para comprobar que no hubiera fallos y que todo estuviese perfecto. Nunca perdimos el contacto y, después de graduarme, le seguía visitando en su despacho de Juilliard cada vez que tenía alguna duda y quería hablar con él, y más tarde también en su retiro en su Rochester natal.

Tras terminar sus estudios ha vivido y trabajado allí hasta la fecha. ¿Cuál es el balance de estos 30 años de profesor y compositor en Nueva York?

En el año 1995, poco tiempo después de graduarme, me ofrecieron trabajar como  profesor en Juilliard y allí sigo desde entonces. En un principio yo trabajaba a tiempo completo en el Departamento de Teoría, pero desde el año 2004, cuando ya empezaba a tener encargos y conciertos por todas partes, tuve que reducir mi trabajo en Juilliard y me dediqué exclusivamente a organizar seminarios de música contemporánea en la Juilliard School Evening Division, que es el departamento que imparte cursos para profesionales. Ahora mismo estoy dando unos seminarios sobre Richard Strauss y Patti Smith, y en pasadas temporadas he organizado seminarios monográficos sobre Igor Stravinsky, Arnold Schoenberg, El folclore en la música contemporánea, etc.  

A partir de 1996 también trabajé en el Queen Sofía Spanish Institute en el Departamento de Música organizando seminarios y conciertos en la Sala Carlos IV, un lugar que desgraciadamente ya no existe. Organicé recitales con grandes intérpretes  e incluso un concierto homenaje que le dimos a Federico Mompou, para el que trajimos a Nueva York a su viuda Carmen Bravo.

Usted además es muy activo y ha participado y gestionado muchos proyectos, ¿Cuál ha sido su proyecto más importante en Nueva York?

Todos los proyectos lo son y a todos hay que dedicarles tu esfuerzo. Desde el año 2008 soy compositor en residencia de la New York Opera Society. Con NYOS estamos promocionando y programando óperas de compositores jóvenes por todos los Estados Unidos y colaborando con instituciones públicas y privadas norteamericanas y con los gobiernos y ministerios de cultura de varios países latinoamericanos para promover la música contemporánea, y la cultura latina y española en los Estados Unidos.

También soy compositor en residencia de Sensedance, que es una compañía de danza contemporánea en Nueva York con la que colaboro desde hace mucho tiempo. Sensedance ha llevado mi música no solo por todos los Estados Unidos, sino por varias ciudades latinoamericanas en donde cada día existe un mayor interés por el arte contemporáneo. También trabajo habitualmente con el Manhattan Choral Ensemble, que me acaba de encargar una obra nueva que se estrenará en su concierto-aniversario aquí en Nueva York el próximo día 20 de Marzo de 2020.

Y llegamos al 12 de noviembre de 2019, fecha en la que se estrenará su ópera Tres sombreros de copa en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, ¿Han hecho falta 30 años para que un teatro importante español se acuerde de usted?, ¿cómo vive esto?

Bien. Lo vivo con mucha ilusión porque más vale tarde que nunca y no puedo protestar porque mi música se ha interpretado en muchas salas del mundo. He tenido conciertos en la Catedral de Berlín, con un lleno absoluto, en el Auditorio de las Naciones Unidas, en el Lincoln Center de Nueva York muchas veces, en el Festival «Tardes de España» de San Petersburgo, en la Ópera de Sao Paulo; en la Ópera de Manaos, en la National Gallery de Washington,  en el Smithsonian Institute, en el Carnegie Hall,… así que no me puedo quejar.

¿Qué nos puede contar de su ópera Tres sombreros de copa?

El proyecto surge en el año 2014 en São Paulo. Estaba allí con mi ópera anterior Las horas vacías, que tuvo mucho éxito y Jennifer Cho, directora de The New York Opera Society me encargó escribir una nueva ópera para estrenar en Brasil en la temporada 2017-2018 basada en alguna obra del teatro del absurdo español, ya que Jennifer es una gran experta en el teatro del absurdo. Después de investigar mucho a autores españoles como Poncela, Tono, Neville y Mihura, me decidí por Tres sombreros de copa, una obra muy poética y original.  Han sido tres años de trabajo y dedicación absoluta. El público va a encontrar mucho de la obra de teatro de Mihura, junto a mi música, que, en este caso, está inspirada en la música del sur de Italia, la música de circo y muchas referencias a la música de las bandas.

No es un encargo, como se ha comentado en algunos medios, ¿no?

No es un encargo de ninguna institución española. Tres sombreros de copa es un encargo de la New York Opera Society y esta ópera ya se estrenó en Sao Paulo en Brasil en noviembre del 2017. Ahora se estrena en España en una nueva versión del fantástico equipo del Teatro de la Zarzuela y me encantaría que pueda hacerse en algún otro Teatro de ópera de España.

Sus obras se han interpretado en medio mundo y en USA es usted un compositor muy querido ¿Qué le pasa a España que quiere tan poco a sus artistas?

Yo no me siento reconocido en España, pero como muchos de mis colegas. Hay que tener mucha paciencia para ser profeta en España aunque, como ya he dicho, yo no me puedo quejar. Creo que en España se debería valorar más la cultura.

¿Vamos a poder escuchar sus Tres sombreros de copa en algún otro teatro en España?

Por ahora no. Mis próximos proyectos son seguir dando clases en Juilliard; hay también varias representaciones de Las horas vacías dirigidas por Alexis Soriano en Lituania y Estonia en septiembre 2020; un recital con Rosa Torres Pardo y Clara Muñiz en el Auditorio Nacional en el que interpretarán mi Steak Tartar, el estreno de mi último encargo con el Manhattan Choral Ensemble en Marzo de 2020, Tres sombreros de copa, vuelven a la Brasil a la ópera de Manaos y hay alguna sorpresa que ya iremos contando.

¿Tiene algún proyecto por abordar que le haga particular ilusión?

Es curioso porque, aunque me he criado en Madrid, yo soy valenciano y, salvo en Benidorm, apenas se ha programado mi música en la Comunidad Valenciana, es para mí una asignatura pendiente. Por otro lado lo que más ilusión hace siempre es el próximo proyecto: escuchar mis Tres sombreros de copa en el Teatro de la Zarzuela el próximo día 12 de noviembre de 2019.

Foto: Fernando Frade / CODALARIO
Está prohibida su reproducción

Autor:Ruth Prieto
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