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Roberto González-Monjas interpreta el 'Concierto para violín' de Salonen en la temporada de la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
15 de febrero de 2018

Un violinista que conjuga la música en presente y futuro

   Un reportaje de Agustín Achúcarro
La presencia del violinista Roberto González-Monjas en la temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León resulta altamente gratificante porque supone apostar, con criterios de calidad y méritos no localistas, por un músico de gran talento nacido y formado en Castilla y León. La llegada del vallisoletano los días 15 y 16 de febrero al Auditorio de Valladolid para interpretar una obra, que aún no ha tocado la OSCyL, del calibre del Concierto para violín de Esa-Pekka Salonen, ha levantado mucha expectativa. “Fue Andrew Gourlay (lógicamente el titular de la OSCyL será el que ocupe el podio) quien me lo propuso hace años para tocarlo con la Sinfónica de Galicia, pero yo no tenía las fechas libres y me quedó el resquemor de no poder hacerlo. Entonces dijimos que ojalá pudiéramos encontrar algún otro momento y en cuanto a Andrew le nombraron titular de la Sinfónica de Castilla y León me dijo que teníamos que interpretarlo aquí”, glosa González-Monjas.

   El programa también incluye la Obertura Coriolano de Beethoven y una suite sobre Parsifal de Wagner que ha realizado el propio Andrew Gourlay. A este respecto la nota de prensa enviada por la OSCyL aclara lo siguiente: “Una obra por la que Gourlay siente especial predilección y de la que ha preparado una suite para la ocasión que, por lo tanto, será un auténtico estreno, lo que añade gran interés a la interpretación de este excepcional Wagner crepuscular”.

   Volviendo al tema del Concierto para violín de Salonen (estrenado en 2009) y la presencia de Roberto González-Monjas, éste revela que “el concierto le encanta y siempre había querido tocarlo”. “Esa-Pekka Salonen lo compuso a los cincuenta años, cuando se estaba yendo de la dirección de la Filarmónica de los Ángeles, de la que ha sido titular durante bastante tiempo, y de alguna forma es un sumario de lo que ha sido su vida hasta ese momento, como el mismo ha reconocido”, alude el violinista, quien también cree que es determinante el que esté dedicado, lo estrene y lo grabe la violinista Leila Josefowicz, pues para González-Monjas esto supone “confiar la parte de solista a una intérprete con la que Salonen tiene una relación estrecha”, que es a su vez “una defensora de los conciertos contemporáneos para violín”. Todo esto resulta según el violinista un caldo de cultivo muy importante para la creación de esta obra. “Yo mantengo que es una especie de micro y macrocosmos a la vez, porque es como una sinfonía de Mahler, Bruckner o Beethoven, que es muy del compositor pero al tiempo tiene todo; del bien al mal, de lo más triste a lo más alegre, de lo más pop a lo más clásico, posee algo de Stravinski, de Lindberg, de Debussy... Realmente se trata de un viaje de casi 40 minutos por todos los recovecos del alma humana, desde el lado más urbano hasta el más lírico que te puedas encontrar, y para mí es uno de los mejores conciertos de la historia compuestos para violín”, defiende González-Monjas.

   El solista, que no es la primera vez que pisa las tablas del Auditorio de Valladolid, tiene claro que “Salonen posee un lenguaje muy escandinavo, que trabaja con una especie de tonalidad extendida, muy directa, muy universal, nada elitista” con lo que consigue que “siempre haya algo de lo que el que lo escucha puede sentirse cómplice”. De hecho para él este concierto es “como una especie de gran bazar en el que cada uno puede encontrar lo que le gusta”. “Además– agrega el violín solista- es muy reconocible para el oído, si bien es verdad que utiliza todas las técnicas actualmente a su alcance”.

   A las opiniones sobre lo que en términos generales supone el concierto de Salonen, el violinista, que considera que “es un reto gigantesco”, explica lo que ha supuesto para él su aprendizaje.“Salonen entiende bien la técnica del instrumento pero, al igual que hicieron Brahms o Paganini en sus conciertos, se lo plantea como un auténtico reto técnico, no como algo que se pueda tocar de pasada”. De hecho considera que su complejidad es tal que cuando le preguntan sobre cómo lo ha estudiado, responde que “supone más un entrenamiento que un estudio”. Una referencia que él ve que se hace más palpable en el primer y el tercer movimiento: “Ya que lleva mucho tiempo hasta que esas combinaciones te entran en la cabeza y se sistematiza, y es una obra que puede jugarte malas pasadas, pues está concebido de tal forma que si se falla una nota se puede caer todo como en un efecto dominó”.

   Roberto González-Monjas ha vivido estos días de ensayo con ilusión y le ha encantado la manera en que han recibido la obra los músicos de la OSCyL, entre otras razones porque considera que “tiene partes para lucirse todos”. En cuanto a la labor realizada con el director Andrew Gourlay lo solventa en pocas palabras: “Es un director superflexible y tenemos un concepto muy parecido del concierto”.

   González-monjas ha encontrado un hueco el día antes de los conciertos para sumarse a los actos del Centenario del Conservatorio mediante una Master Class.“Volver al sitio donde empecé a tocar el violín y poder agradecer al conservatorio todo lo que hicieron conmigo supone emocionalmente para mí algo muy especial”.

   Su ascendente y a la vez consolidada carrera hace que González-Monjas se “sienta afortunado”, pues cada vez le salen más cosas y está haciendo aquello que quería hacer. “Deseo ser un músico completo, por eso me dedico a ser concertino de orquesta sinfónica y de cámara, solo dirigir, dirigir desde el violín, enseñar, divulgar, pues me gusta focalizarme en cosas diferentes y enriquecer mi lado humano con muchas experiencias”.

   Entre sus facetas como músico guarda con especial cariño la labor pedagógica y social que realiza en la Academia Filarmónica Iberoamericana, con sede en Medellín. “Empecé hace seis años con Alejandro Posadas, (que es su fundador y director musical, y fue director titular de la OSCyL) y es impresionante cómo se van desarrollando y cómo alcanzan un futuro que les permite asentarse dentro de su propio contexto vital en Medellín”. De hecho -subraya el violinista- estamos cambiando de generación y viene una nueva, y se están consiguiendo rendimientos como nunca se hizo antes”. En marzo vendrán a Europa, y el propio González-Monjas les va a dirigir en el Winterthur Festival, en Lucerna, Salzburgo y Viena. Conciertos en los que contarán con el tenor Rolando Villazón.

   A este concertino de la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia en Roma, concertino del Musik kollegium Winterthur, primer violín  del  Winterthur String Quartet y director artístico adjunto de la Academia Filarmónica Iberoamericana le esperan próximamente el debut como director con la Sinfónica de Malasia, una gira por Asia, volver a la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia, donde dirigirá Cuadros de una exposición de Mussorgski, acudir al primer Festival Mozart en Medellín, y grabar el opus nº4 de Haendel con el Ensemble barroco de la Filarmónica de Berlín. “Anda que no hay cosas por hacer y más que vendrán (esperemos que algún proyecto sea con la OSCyL en su calidad de artista residente de la misma) que aún no puedo contar”, concluye el violinista.

Foto: Marco Borggreve

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