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Sebastián Durón en el tercer centenario de su muerte. Por Antoni Pons

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3 de agosto de 2016

"Tras entrar en la recta final del año Durón, deseamos encarecidamente que la recuperación de la obra de Durón no se quede en algo anecdótico".

  Por Antoni Pons
   Se cumplen justo hoy los trescientos años de la muerte del insigne músico briocense Sebastián Durón. La celebración del tercer centenario de su fallecimiento ha sido una plataforma idónea para dar a conocer la figura de este importante compositor español. Son muchos ya los conciertos, publicaciones y conferencias que se le han dedicado a Durón a lo largo de este año, además de los eventos que están ya anunciados para lo que queda del año y para el siguiente. Dedicaremos aquí, como modesto homenaje, unas palabras recordando su figura.

   Durante los primeros años de su vida profesional, Sebastián Durón viajó a lo largo de todo el territorio español. Tras trabajar primero como ayudante de organista en La Seo de Zaragoza (1679) y luego como organista en las catedrales de Sevilla (1680) y Burgo de Osma (1685), parece ser que encontró un lugar en el que se encontró por fin a gusto, Palencia, donde ocupó el puesto de organista de la catedral (1686). Sin embargo, Carlos II le requirió para ocupar el puesto vacante de organista de la Real Capilla en 1691. Aunque en un principio tuvo deseos de volver a Palencia, finalmente decidió quedarse en Madrid (hay que decir que siempre mantuvo una estrecha relación con la catedral palentina). Su fama ya era notoria por entonces, como se desprende por los documentos conservados y por la gran cantidad de música compuesta por esa época que ha llegado a nosotros. La corte madrileña le brindaría a Durón la oportunidad de explotar su faceta como compositor de música escénica. Las diez obras escénicas que se conservan, que poco a poco se están dando a conocer, dan fe del gran talento del compositor briocense en este terreno.

   El conflicto dinástico entre las casas de Habsburgo y Borbón durante la llamada Guerra de Sucesión tendría consecuencias decisivas para el futuro de nuestro compositor. Aunque en un principio parece ser que apoyó la causa borbónica (no olvidemos que fue el propio Felipe V quien le nombro maestro de su Real Capilla en 1701), tal como queda de manifiesto en el alegato pro-borbónico que es la Ópera escénica deducida de la guerra de los gigantes, al poco tiempo debió cambiar de parecer, en consonancia con parte de la nobleza española y los miembros eclesiásticos más importantes, como el cardenal Portocarrrero, redactor del testamento de Carlos II a favor de Felipe de Anjou, y el propio Patriarca de las Indias, sobrino del cardenal y máximo responsable de la Capilla Real. Sea como fuere, Durón tuvo que exiliarse a Francia en 1706.

   Durante la última etapa de su vida, Sebastián Durón fue espiado tanto por franceses como por españoles, lo que evidencia que era considerado como alguien de cierta importancia. Finalmente, Felipe V concedió el perdón a Durón en 1714 y le permitió volver a España. Enterados de la noticia, el cabildo de la catedral de Palencia le propuso volver a ocupar su antiguo puesto de organista. Sin embargo, en 1715, la reina viuda Mariana de Neoburgo, que se encontraba en el exilio en Bayona, le nombró su Limosnero Mayor y finalmente no regresó a España –aunque parece ser que llegó a visitar Pamplona–.

   La noche del día 3 de agosto de 1716, Sebastián Durón moría en Cambó-les-Bains, cuando contaba con 56 años de edad. Desde su exilio en 1706 hasta cuatro años después de su muerte, Felipe V mantuvo vacante el puesto de maestro de la Real Capilla. No sería hasta 1720 cuando José de Torres acabó ocupando el magisterio de manera oficial.

   La música de Durón no estuvo exenta de polémicas tanto en vida de éste (como la creada con Pedro Paris, tiple de la Real Capilla, en enero de 1706) como tras su muerte (sonbien conocidos, por ejemplo, los ataques del padre Feijoo en su escrito “La música en los Templos” de su Teatro Crítico Universal, 1726). No parece ser que tales polémicas –ni siquiera su manifiesto apoyo al bando austracista– tuvieran mayor trascendencia para la interpretación de la obra de Durón. Sabemos que se siguieron publicando en Madrid algunas obras suyas después de 1706, que sus zarzuelas fueron representadas en los teatros públicos madrileños a partir de 1711 y que su música siguió interpretándoseen iglesias, conventos y catedrales durante todo el siglo XVIII, e incluso hasta bien entrado el siglo XIX, como atestiguan las copias tardías conservadas en diversos archivos musicales, como las del Real Monasterio de San Lorenzo El Escorial o las del Real Colegio Seminario de Corpus Christi de Valencia.

   A menudo, la vida de los grandes nombres de la música parece estar tocada, por decirlo de alguna manera, por un cierto hado adverso (unos caracteres muy fuertes que acarrean problemas, muertes en edad temprana, graves problemas de salud…). La vida de Sebastián Durón estuvo marcada por ciertos acontecimientos que, de haber ocurrido de otra manera, bien pudieron haber cambiado de forma sustancial el devenir de la historia de la música española. No podemos dejar de imaginar, por ejemplo, qué obras hubiera compuesto Durón si no se hubiera exiliado en 1706, momento en el que estaba forjando un nuevo estilo compositivo –estilo que podemos apreciar, por ejemplo, en las zarzuelas Coronis o Veneno es de amor la envidia–, o si hubiera vivido los mismos años que Alessandro Scarlatti, nacido el mismo año que Durón y fallecido en 1725.

   Tras entrar en la recta final del año Durón, deseamos encarecidamente que la recuperación de la obra de Durón no se quede en algo anecdótico, justificada solamente por la celebración de un aniversario, sino que su música se siga interpretando en el futuro. La interpretación, publicación y grabación de sus obras dará sin duda una nueva visión de la música de Sebastián Durón, conocida hasta ahora de forma fragmentaria, y ayudará a que tanto músicos como programadores de conciertos pierdan el miedo a acudir a la gran obra de este genial compositor. Esperemos que la música de Sebastián Durón siga sonando por muchos años.

Autor:Antoni Pons
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