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Crítica: Diego Martín Etxebarría debuta al frente de la Sinfónica del Vallés

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ENTRE EL COSMOS Y LA CIENCIA FICCIÓN

   Por Albert Ferrer Flamarich
Barcelona. Palau de la Música Catalana, 21-I-2017.Goldsmith: Star Trek: Through the years. Shore: Ed Wood, suite. Holst: Los planetas. Lidia Kavina, theremin. Cor de Noies de l’Orfeó Català. OSV. Diego Martín Etxebarría, director.  Orquesta Sinfónica del Vallés.

   Precedido por una excelente y poco frecuente actividad de divulgación y debate alrededor de la ciencia, la astronomía y la música celebrada el miércoles 18 de enero en el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona), el programa de este mes de la Simfònica del Vallès en el Palau de la Música Catalana agrupaba un repertorio que combina diversos campos a partir de un hilo argumental bien ideado. En primer lugar, bandas sonoras musicales de cine que desde hace unos años garantizan la asistencia de un público variado a las salas de concierto. Después, una obra del canon sinfónico que explota una amplia variedad de recursos de la orquesta como instrumento. Y, como último reclamo, un debut o gancho innovador o particular como caracteriza las temporadas de la OSV. Todo ello responde a un planteamiento que busca el equilibrio económico, el atractivo cultural y lúdico, sin concesiones populistas y amenizado con un cierto eclecticismo.

Batuta debutante con la OSV

   La OSV reparte juego y prueba con solistas y directores, sobre todo esta temporada que no tiene una batuta titular. En esta ocasión fue Diego Martín Etxebarria, director en alza y ya conocido en Cataluña por diversos proyectos como la grabación y funciones de la zarzuela catalana recuperada el año pasado, Tempesta esvaïda con música de Joaquim Serra. El director vasco sacó un buen rendimiento de la plantilla sabadellense, reforzadísima como en contadas ocasiones en todas las secciones. Un planteamiento ortodoxo, con puntos de refinamiento y un énfasis  en el carácter proteico redondearon una lectura estándar de Los planetas de Holst a quien se le pueden reprochar dos carencias: ideas más personales (quizás insuficiencia de ensayos) y unos tutti con excesivo peso del metal y percusión en un sonido opulento, amplio, acorde con las posibilidades y rendimiento de cuando la OSV da lo mejor de ella misma pero un poco desequilibrado -cuerdas ahogadas-. Un hecho que perjudicó también al theremin, a poco audible a pesar de la megafonía.

   Cabe señalar no obstante la buena concertación entre secciones en Venus y Mercurio (fustas, violín y violoncelo), la violencia de Marte y la afirmación melódica de la sección central de Júpiter, más expositiva que emotiva, pero fraseada a la manera de un himno. Hay que dejar al margen el Cor de Noies de l’Orfeó Català dirigido por Buia Freixa que, excusando ciertas irregularidades tolerables en unas voces aún por madurar, sufrió excesivas notas caladas, con una emisión poco timbrada y sin la conjunción necesaria destrozando un final nada místico ni etéreo de Neptuno.

El otro debut

   El otro debut ofrecía además la particularidad de ver y oír (no) tocar un aparato creado por un joven físico y violoncelista aficionado, Lev Termen, en 1919, que enseñó todos los secretos del instrumento a Lidia Kavina: solista de excepción y aportación histórica en el palmarés de la Simfònica del Vallès. Este particular instrumento electrónico se basa en la interacción de un cuerpo con el campo electromagnético que cambia de frecuencias en función de la proximidad del ejecutante. La exigencia y precisión técnicas son mayúsculas en la posición de las manos, los dedos y en el control y gestión del espacio. Kavina hizo gala de una excepcional maestría tanto en la banda sonora Ed Wood, de Howard Shore como en el también cinematográfico bis Spellbound concerto de Miklós Rozsa, banda sonora musical de Recuerda de Hitckock.

   Los juegos de luces habituales complementaron eficazmente la sesión así como las notas en el programa, esta vez sí, útiles e instructivas. Al final, bis innecesario de Star Trek para subir la adrenalina y arrancar los aplausos de un público que no respetó el silencio entre los movimientos de la astrológica y sui generis mirada planetaria de Holst. La diversidad del público en el Palau desconcierta y desconcentra a los músicos en ocasiones como éstas: las caras de algunos lo reflejaban.

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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