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Crítica: La Sinfónica de Castilla y León bajo la dirección de Damian Iorio interpreta obras de Wagner, Adams y Strauss

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13 de marzo de 2019

Entre lo posible y lo alcanzable

Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 9-III-2019. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Obras: El ocaso de los dioses: Marcha fúnebre de Sigfrido, en arreglo de Wouter Hutschenruyter Jr., Absolute Jest para cuarteto de cuerdas solista y orquesta de John Adams, y la Sinfonía doméstica, op. 53 de Richard Strauss. Solistas: Cuarteto Quiroga: Aitor Hevia, primer violín, Cibrán Sierra, segundo violín, Josep Puchades, viola, y Helena Poggio, violonchelo. Director: Damian Iorio.

   Podría citarse como elemento común a las interpretaciones de las obras incluidas en este concierto el equilibrio y una ordenada concertación por parte del director Damian Iorio, a lo que se unió un empaste reseñable entre las secciones de la Sinfónica de Castilla y León.


   En relación a La marcha fúnebre de Sigfrido de El Ocaso de los dioses ya fuera por mor del arreglo de Hutschenruyter Jr.,o por la propia inclinación del director pareció primar una suerte de brillantez sonora, nada despreciable, pero que se distanció de ese sonido envolvente, grueso, oscuro, demoledor o magnificente, que invade al oyente. Esa energía que surge de la naturaleza, de la tierra, en el sentido material del término, al tiempo que se recuerda la estirpe de la que procede el héroe muerto. La versión de Iorio quizá se comprenda mejor si se toma como un preludio sinfónico desgajado de su contexto operístico, pues si no carece de la potencialidad de una música prologada mucho antes, cuando comienza la tetralogía.

   Siguió a la obra de Wagner una versión cautivadora de Absolute Jest para cuarteto de cuerda solista y orquesta de Adams. Obra a la que sirvieron muy bien la orquesta y el director en ese juego de entremezclar procedimientos técnicos actuales con clásicos, partiendo de una creatividad muy remarcable. El Cuarteto Quiroga estuvo espléndido, como el protagonista de ese clasicismo del que Adams es el mago que se apodera de la obra para repartir suertes en un homenaje a Beethoven y en una mezcla de todo tipo de referencias musicales, combinadas o superpuestas de manera certera e impredecible. El Cuarteto Quiroga dominó el abanico de sonoridades que les requirió la obra, tanto en la que se refiere a su relación entre ellos como en el dialogo con la orquesta, con una afinación proverbial y un empleo de texturas y recursos tímbricos de lo más variado. Adams insiste en la repetición, pero sabe darle un giro, cambiar el camino elegido e imbuirla de una expresividad subyugante, y en este aspecto los intérpretes no le volvieron la cara. Ocurrió lo mismo a la hora de remarcar la coloración y la rítmica. Fuera de programa los Quiroga interpretaron el tiempo lento del Cuarteto op. 135 de Beethoven, en un emocionado recuerdo a Petur Eiriksson, trombón bajo principal de la Orquesta Sinfónica de Galicia, que también perteneció a la Sinfónica de Castilla y León. Eiriksson murió justo el día 8 de marzo, coincidiendo con el primero de los conciertos de esa semana de la OSCyL, lo que supuso una auténtica conmoción, pues no solo era un compañero de orquesta sino una persona dedicada en cuerpo y alma a la música, que destacaba por su compromiso y humanidad.


   La Sinfonía doméstica de Richard Strauss sonó ordenada y equilibrada, aunque algo desprovista en el juego de los diversos temas, en su elevada transparencia y en la relación entre los aspectos más camerísticos y los tutti orquestales. Esto conllevó el que se realizara una versión tan formalmente correcta y concertada como sin parte de su gracia. Quizá alcanzaron sus mejores momentos, -teniendo en cuenta que trata la vida familiar y cotidiana del autor-, en la bulliciosa disputa entre los padres, la posterior reconciliación y el retorno conjunto de los temas de la obra, en un ambiente de felicidad familiar captado por director y orquesta. Las trompas, así como otros instrumentos solistas, dieron buena cuenta de su cometido en esta partitura.

Foto: Sinfónica de Castilla y León

Autor:Agustín Achúcarro
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