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Opinión: 'Qué vergüenza'. Por Aurelio M. Seco

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16 de abril de 2017

¡Qué vergüenza!

   Por Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
Pero luego, la anarquía no musical fue dirigida por poetas que tenían talento natural pero eran ignorantes de las leyes de la música (...) A través de la estupidez se engañaron en pensar que no había bien o mal en la música, que debía ser juzgada en función del placer que diese. Con sus obras y sus teorías infectaron a las masas con la presunción de creerse jueces válidos”. Este es parte del texto escrito por Platón en Las leyes, un texto de absoluta actualidad por lo que se ve día tras día en la mayoría de las noticias publicadas por los medios de comunicación de todo el mundo, los generalistas y los especializados. Hace poco la Oviedo Filarmonía hacía “música” de Tino Casal y, con frecuencia, se usan las orquestas sinfónicas para acompañar a grupos pop, rock, heavy y demás porque, “¿acaso no son otro tipo de música tan válido como la “música clásica”?” se apresuran a advertir los que aceptan esta realidad sin saber las razones de su equivocación (o por ignorancia o a sabiendas, por mero interés –económico o político, por ejemplo-).

   Ya lo hemos dicho algunas veces y lo repetiremos muchas más: no se debería usar la expresión “música clásica”, primero porque nadie, pero absolutamente nadie puede explicar objetivamente lo que significa sin caer en contradicciones; y segundo porque poniendo ese rótulo a lo que simplemente es “música”, se cae en la equivocación de considerarlo un tipo entre otros que, además, no son “música” en sentido estricto. Obviamente, no todo lo que tiene sonidos es “música”. La expresión “música clásica” es una idea confusa, un mito en la dirección que ha marcado Gustavo Bueno que más pronto que tarde habrá que empezar a destruir desde la filosofía. Y sin el ánimo de analizar sistemáticamente todo este hecho, que es complejo y requeriría de un estudio muy amplio, partimos de esta base para comentar una noticia que en las últimas semanas ha inundado medios y redes sociales con la ayuda de quienes la han expandido sin pensar en la naturaleza de su despropósito.

   Se trata de una información publicada en numerosos e importantes medios de comunicación generalista de España, haciéndose eco de los datos emitidos por la plataforma Spotify sobre la relación entre los melómanos españoles y la “música clásica”. En él no se explica qué es “música clásica” aunque se facilitan  nombres de autores tan dispares que difícilmente cabría incluirlos bajo un mismo término, salvo que no tengamos ningún tipo de criterio, cosa muy frecuente hoy día. El estudio, que no hemos encontrado publicado –sólo se han mostrado sus conclusiones- y que nadie que sepamos ha podido ver ni contrastar, afirma que “En España se escucha un 30,84% más música clásica que en el resto del mundo”. Así, sin más.

   La noticia se convirtió muy pronto en un gran evento en las Redes Sociales, como una especie de basura ideológica –por sus ideas, o más bien su falta de claridad- esparcida a los cuatro vientos por miles de individuos (algunos extrañados; muchos encantados de sentir que las cosas de la “cultura” -¿qué será lo que entienden por cultura?- van mucho mejor de lo que se creía) que ya parece que comparten por compartir sin preguntarse apenas nada, participando sin más de una inercia ideológica degenerada. La noticia ha sido un éxito publicitario para Spotify que, sin pagar un euro, ya salido en todos los sitios.

   En muchos lugares se está haciendo hincapié en la problemática de los medios de comunicación actuales. En pocos años los más importantes han perdido influencia a marchas forzadas. El periodismo se ha convertido en un problema serio. Transformarse o morir: ésa parece ser la idea de los medios tradicionales. Pero transformarse ¿en qué? El problema es que la transformación está resultando traumática para la sociedad y muchas veces absurda en el terreno de las ideas, de tal forma que son muy pocas las entidades realmente serias. Algunas de las más interesantes son simples blogs en lugar de medios tradicionales, determinadas entidades académicas o un mero perfil de facebook. Es lo que ha traído para bien o para mal el siglo XXI. Hoy una sola persona puede tener más lectores y resultar más influyente que el más poderoso –económicamente- medio de comunicación. El problema de esta transformación de los medios ha tenido como consecuencia el nacimiento de algunos monstruos deformadores de ideas, o incluso fábricas de noticias falsas y sin contrastar expuestas con el único objeto de llamar la atención o resultar cómicas, rentables económicamente o llamativas. En esta situación, una de las funciones más importantes que deberían cumplir los medios es la de separar el grano de la paja, fomentando en el lector una actitud crítica ante lo que se nos pone delante. Todo lo demás será convertirlos en meros amplificadores de noticias e ideas sobre las que ya nadie parece reflexionar, contribuyendo a la confusión reinante. Pero volvamos al asunto de la noticia que nos ocupa.

   Es un acto de fe creer en el dato que aporta Spotify pero, en cualquier caso, es fallido y falso si tenemos en cuenta lo que el citado organismo considera “música clásica”. No sería raro que Bach fuese, en efecto, uno de los más escuchados por los amantes de la música, pero es dudoso que esos mismos aficionados conviertan en el segundo más oído a Ludovico Einaudi, un hombre que posee unas muy discretas cualidades musicales (nieto de Luigi Einaudi, quien fuera presidente de la República Italiana) que ha llegado a poner música a una conocida película –Intocable-, pero cuya obra no podría entrar siquiera en la comparación con la de, por ejemplo, Jorge Muñiz o Antón García Abril, por poner varios ejemplos de músicos –compositores- actuales de indudable talento. Al no ser un músico especialmente dotado, Einaudi con frecuencia necesita acompañarse de una serie de acciones de naturaleza extra musical –a veces imágenes proyectadas-. Alguna de ellas han contribuido a darle gran fama, por ejemplo su preocupación por el cambio climático, que se ha sustanciado en un video de carísima producción (que ha salido incluso en algunos de los programas de televisión de más audiencia de España) en el que el artista toca una música simplona y repetitiva en la que muestra una técnica pianística propia de un estudiante de segundo de piano.  Desde luego que si Ludovico Einaudi es uno de los intérpretes de “música clásica” más oídos por los españoles en Spotify, la noticia es catastrófica para la música. ¿Por qué entonces está este nombre junto al de otros músicos mediocres en el texto de la noticia? ¿Han pagado a Spotify por esta publicidad? No lo sabemos.

   Más de dos millones de visualizaciones acompañan a su participación en el Royal Albert Hall.  Y más de diez millones, nada menos, tiene “Nuvole Bianche”, obra de Einaudi que según la noticia a la que nos referimos se encuentra entre lo más escuchado por los aficionados de la “música clásica”, una piecita que podría haber improvisado un talentoso alumno de sexto de piano. Qué vergüenza. 

Autor:Aurelio M. Seco
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