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Opinión: Valoración Temporada 2021-22 del Teatro Real de Madrid

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Autor: Raúl Chamorro Mena
24 de mayo de 2021

Valoración Temporada 2021-22 del Teatro Real de Madrid

Por Raúl Chamorro Mena
El Teatro Real de Madrid ha presentado su temporada 2021-2022 aún sin disiparse la euforia por la concesión del premio al mejor teatro de ópera por parte de los "International Opera Awards". Aunque todos sabemos, incluidos los propios dirigentes del teatro, que el Teatro Real no es el mejor teatro del Mundo, que estamos ante unos galardones que tienen el valor que tienen, que cada año los recibe a una casa de ópera distinta y demás circunstancias que concurren en los premios de esta clase, siempre es una inyección de prestigio y elemento de orgullo y motivación. Ciertamente el Teatro Real, tradicionalmente a merced de vaivenes políticos, ha alcanzado una estabilidad las últimas temporadas, lo que es ya algo muy importante, así como una indudable consolidación con una acentuada vocación por la amplitud de repertorio. Asimismo, ha sido el primer teatro de los importantes en volver a dar representaciones después del parón por el Covid, manteniendo en esencia su temporada 2020-2021. Cierto es que en España se le han sumado, con mayores o menores restricciones, pero siempre con mucho mérito, otras temporadas operísticas como las de Oviedo, La Coruña, Valencia, Barcelona y Sevilla, pero es indudable el espejo y punta de lanza que ha constituido la osadía y determinación del Teatro Real para todas las demás.

   Se afirma que esta nueva temporada celebra la número 100 desde la apertura del Teatro en 1850 y la 25 desde la reapertura en 1997 y quizás por ello, se presenta un panorama muy amplio de los cinco siglos de género óperístico con abundancia de títulos nunca representados en el coliseo de la Plaza de Oriente y dos estrenos, por lo que al arco temporal de las obras a representar discurre entre el año 1653 de El nacimiento del Rey Sol y el 2022 que se estrenará Extinción, que si bien es una obra basada en música del siglo XVII de Joan Cererols, estamos ante un espectáculo totamente de nueva creación.


   Uno de los acontecimientos a resaltar es el regreso de Gioacchino Rossini, ausente de la programación del Teatro Real desde hace más de una década. Sin embargo, la imaginación no ha sido excesiva, pues se ha programado una de sus obras más representadas, La Cenerentola, obra maestra del género buffo y ejemplo del perfecto mecanismo músico teatral del Rossini cómico. En un primer momento sorprende el nombre de Stefan Herheim como director de escena en una ópera como ésta, pero parece ser que en esta coproducción entre las óperas de Oslo y Lyon destapa el tarro de la fantasía. Riccardo Frizza aportará más oficio que chispa a la dirección musical y en el reparto vocal, apenas destacar la corrección de cantantes como Karine Deshayes o Dmitry Korchak. Sin embargo, entre los buffos brillará el Don Magnifico de Nicola Alaimo en el repertorio que más rinde. A destacar la función de preestreno para jóvenes de hasta 35 años de edad, encomiable iniciativa en la ópera apropiada.

   Hay que subrayar que las dos propuestas en versión concierto que contiene la temporada son lo más atractivo de toda la programación, pues suponen la gran oportunidad de poder ver óperas tan interesantes como poco habituales por estos lares como Lakmé de Leo Delibes y Siberia de Umberto Giordano con repartos más que interesantes. Una de las cantantes actuales de mayor interés, la soprano francesa Sabine Devieilhe, heredera de la gran tradición del sopranismo ligero francés y una especie de continuadora de la gran Natalie Dessay, dueña de una refinadísima musicalidad y sólida técnica, es una cantante absolutamente ideal para una ópera como Lakmé, en la que estará muy bien acompañada por el timbre privilegiado del tenor español Xabier Anduaga. Por su parte, Sonya Yoncheva, soprano muy querida por la afición madrileña, que desea volverla a ver después de su éxito como Imogene de Il Pirata y de su espléndido recital en el Teatro de la Zarzuela, encarnará a Estefanía, protagonista de la ópera Siberia de Giordano, obra estrenada en 1903 en el Teatro alla Scala de Milán. Eso sí, esperemos que sean versiones en concierto semiescenificadas y no con los cantantes tiesos como una vela delante de la partitura. 


   Otro punto fuerte de la temporada será el regreso a Madrid de Nabucco de Giuseppe Verdi, ausente desde tiempo inmemorial, tanto del Teatro Real (concretamente desde 1871) como de la programación operística madrileña en general. El director titular de ópera italiana del Teatro Real Nicola Luisotti garantizará afinidad y conocimiento verdiano, mientras en el elenco cabe destacar el tardío debut “oficial” –el verdadero se produjo como Amelia de Un Ballo in maschera por la vía de la sustitución- de la soprano madrileña Saioa Hernández con un papel tan endiablado como Abigaille, alternándose con Anna Pirozzi, dueña de un material de calidad, pero aburrida como cantante y carente del temperamento y garra imprescindibles para este personaje. Entre la distribución de barítonos prevista, habrá que estar atentos al mongol Amatuvshin Enkhbat, que se está ganando una buena reputación como verdiano.

   Entre los títulos de más estricto repertorio, tendremos una nueva Bohéme en fechas navideñas. Uno es consciente de que estamos ante una obra maestra indiscutible y que, dada su popularidad y capacidad de atracción de público ocasional, puede producir una buena recaudación colocada, además, en fechas navideñas, pero no puede tampoco dejar de lamentar que se sucedan año tras año Toscas y Bohémes, mientras Manon Lescaut y La Fanciulla del West llevan ausentes de Madrid desde 1978 y 1983, respectivamente. ¡Pásmense! Vuelve a programarse la producción de Richard Jones como en las flojísimas representaciones de la temporada 2017-18 y el reparto no induce a pensar que los derroteros vayan por superior nivel artístico dada la presencia del que cada vez más forzado y vulgar tenor Michael Fabiano, la aspirante a “tragedienne” Ermonela Jaho – poseedora de un material para Musetta y punto- que incidirá en el lado más sensiblero de Mimì, mientras se alterna con una voz de mayor belleza y calidad, aunque sin rematar técnicamente, como es la de la soprano italiana Eleonora Buratto. Ambas intérpretes de Musetta serán españolas, la fina Raquel Lojendio y la dueña de un material mucho más sonoro Ruth Iniesta.


   La ópera más programada del Teatro Real desde su reapertura, Las bodas de Figaro de Mozart tiene también su hueco en la próxima temporada. Más allá de señalar la obsesión del Real coliseo por este título, en esta ocasión, junto a un Ivor Bolton en su salsa mozartiana, parece que la puesta en escena de Lotte de Beer entrará de lleno en arena política. Cabe destacar la presencia de dos sopranos españolas como Condesa. La magnífica María José Moreno, ejemplo de carrera prudente, inteligente, sin forzadura alguna y a la que la evolución natural y el asentamiento como artista le han llevado a afrontar la Condesa después de haber sido Susanna en el Real en el año 2003. Por su parte, Miren Urbieta Vega intentará seguir su camino ascendente apoyada en su aplomo como cantante y la calidad de su timbre. La prestigiosa soprano francesa Julie Fuchs parece una garantía como Susanna, papel en el que se alternará con el timbre modesto, pero administrado por una aplicada cantante, de Elena Sancho Pereg. En el reparto masculino, junto a dos Figaros de escaso interés, apenas corresponde subrayar la presencia como Conde de Almaviva del ascendente barítono Andrè Schuen.

   Otro acontecimiento de la temporada es el estreno en el Teatro Real de El ángel de fuego de Sergéi Prokofiev, ópera estrenada de manera póstuma en 1954. La dirección artística ha considerado a Calixto Bieito como ideal para la puesta en escena de esta ópera y su particular trama. Uno desea que en lugar de la vena provocadora del burgalés surja la del hombre de teatro que tantas veces ha quedado orillada. A priori sorprende y no parece Gustavo Gimeno la elección más adecuada como director musical ante una obra tan compleja orquestalmente. Sin embargo, la actriz-cantante Ausrine Stundyte puede resultar apropiada para el papel de Renata.

   Un oratorio, Juana de Arco en la hoguera de Arthur Honegger prologado por la cantata La doncella bienaventurada de Claude Debussy, ambas composiciones con el suficiente sustrato dramático para una propuesta escénica, en este caso a cargo de La fura dels baus, compondrán un interesante programa doble en coproducción con la Oper Frankfurt. La actriz de raza y estirpe Irene Escolar sacará todo el juzgo al papel de Juana de Arco escoltada por las sopranos españolas de limitado volumen, pero refinados modos Sylvia Schwartz y Elena Copons. El timbre incórporeo de Camilla Tilling y su canto etéreo se antojan apropiados para la obra de Debussy.

   La ópera contemporánea estará abundantemente representada, aunque sólo dos de los títulos tendrán acogida a la sala principal del Teatro Real. A saber, el estreno de El abrecartas del veterano Luis de Pablo sobre texto de Vicente Molina Foix –con dirección escénica de Xabier Albertí y musical, totalmente afín al repertorio contemporáneo, del compositor y director musical Fabián Panisello al frente de un sólido elenco de cantantes españoles- y la ópera en cuatro actos Hadrian de Rufus Wainwright estrenada de 2008. Esta última llegará en versión concierto semiescenificada con importante presencia de las imágenes del fotógrafo Robert Mapple Thorpe y protagonizada, al parecer, por el mismo barítono del estreno, Thomas Hampson. Las otras dos creaciones del siglo XXI, el monodrama estrenado en 2007 Las horas vacías de Ricardo Llorca protagonizado por la musical y aérea soprano Sonia de Munck y la propuesta escénica –estreno absoluto- con profunda denuncia social, política y económica, Extinción -basada en música sacra del siglo XVII del monje Joan Cererols- a cargo de la compañía de teatro barcelonesa “Agrupación señor Serrano”, se representarán en los Teatros del Canal y en el Teatro de la Abadía, respectivamente.


   La Tetralogía wagneriana con puesta en escena, de limitado interés, de Robert Carsen y dirección musical, insulsa, de Pablo Heras Casado llegará a su fin con El ocaso de los dioses en cuyo reparto destaca la presencia del tenor Andreas Schager, que obtuvo un merecido triunfo la pasada temporada como Sigfrido, una Ricarda Merbeth ya al límite como Brunilda, la experta y siempre intensa dramáticamente Michaela Schuster como Waltraute y el recio Stephen Milling como Hagen.

   Los muchos partidarios del barroco estarán de enhorabuena por el estreno en el Teatro Real de Partenope, ópera de 1730 de Georg Friedrich Händel. La premiada producción de Christopher Alden y la dirección de Ivor Bolton amparan un reparto de cantantes conocedores de este repertorio como las sopranos Brenda Rae -un timbre de mayor enjundia de los que suelen escucharse en el barroco- y Sabina Puértolas, la fiable mezzo italiana Teresa Iervolino, los contratenores Franco Fagioli, Iestyn Davies y Anthony Roth Costanzo y el tenor sevillano Juan Sancho de timbre muy liviano, pero conocedor del estilo.

   Dos semióperas en versión concierto representarán el teatro lírico del Seicento. Henry Purcell y su King Arthur y ese pastiche, especie de ópera-ballett con música de varios compositores -en el que llegó a participar el Rey Luis IV-, que es El nacimiento del Rey Sol.  

   El apartado conciertos y recitales permitirá al público del Teatro Real escuchar a estrellas vocales del momento a los que el teatro no es capaz de captar para una ópera representada. Importante subrayar el debut en Madrid de la joven soprano noruega Lise Davidsen, dueña de un material privilegiado. Asimismo se anuncian cantantes muy del gusto del público madrileño como Juan Diego Flórez y Lisette Oropesa. Por su parte, Anna Netrebko ofrecerá su habitual concierto con su esposo el tenor Yusif Eyvazof con la feliz circunstancia, que en esta ocasión el repertorio lo formarán, exclusivamente, composiciones de Piotr Illich Tchaikovsky. Dos contratenores, el consagrado Bejun Mehta y el ascendente, muy de moda actualmente, Jakub Józef Orlinski representarán al repertorio barroco en el referido apartado de recitales.

   No sería justo finalizar estas líneas sin destacar la presencia del Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú, nada menos que con una obra tan emblemática como La bayadera de Minkus y con una reposición de una coreografía originaria de Marius Petipa.  

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