CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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Italia afronta la mayor crisis cultural de los últimos años

El mundo de la cultura italiana en crisis.

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El mundo de la cultura en Italia está viviendo uno de los peores momentos de su reciente historia. Uno de los países más importantes a nivel artístico y, en especial, musical, se está viendo sometido en los últimos años a una intensa degradación de la calidad de sus actividades culturales. Lo peor está llegando justo en este momento, gracias a la desafortunada gestión cultural que está realizando el gobierno de Silvio Berlusconi, político de discreta formación cultural que ha dedicido recortar drásticamente todas las subvenciones estatales relacionadas con el mundo de la cultura. Las consecuencias ya se ven venir de lejos, y ciudades tan importantes como Roma o Milán, ya no producen -si exceptuamos sus dos principales teatros de ópera-, espectaculos musicales que estén a la altura de otras ciudades europeas. La calidad de las producciones musicales y líricas de los principales teatros italianos ha bajado hasta niveles preocupantes. De hecho, países como España están ya muy por delante en cuanto a nivel artístico e infraestructuras musicales. Por lo que parece, la crisis económica está siendo aprovechada por Berlusconi para recortar gravemente la inversión en cultura.

Las reacciones no se han hecho esperar. Artistas italianos de todos los ámbitos se han unido a través de diferentes asociaciones y eventos para manifestar que el Estado Italiano  aporta hasta 15 veces menos al mundo de la cultura que varios países de su entorno. Una de los ejemplos más visibles de los preocupantes niveles de calidad de las producciones líricas italianas la encontramos en el veraniego festival de ópera de las Termas de Caracalla, en Roma, cuyo nivel artístico de la pasada edición ha sido ciertamente discreto, lo que ha llevado a parte de los asistentes a dejar el recinto antes de que terminase la versión de Tosca, con un reparto encabezado por Fabio Armiliato y Micaela Carosi que, a priori, no debía haber resultado tan mal. Pero la culpa no fue de los cantantes, la imagen de la producción fue realmente grotesta porque el sonido amplificado incluso dejaba oír los estornudos de los músicos, el pase de las hojas del director, y en absoluto las delicias de la partitura de Puccini. Antes del comienzo, los músicos desplegaron una pancarta sobre el escenario denunciando el grave estado de la situación musical  y artística italiana. Por su parte, el público puso todo de su mano para que la impresión fuese todavía peor. Gente comiendo patatas fritas o abriendo latas de cerveza e incluso hablando en alto y cantando las piezas de la ópera, hicieron de la Tosca de Caracalla una de las peores experiencias artísticas que se han podido ver en años en Roma. La cultura italiana se desmorona por momentos, sin ningún atisbo de esperanza.

 

 

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