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George Enescu en el Instituto Francés de Madrid. Un reportaje de David Santana

Concierto sobre George Enescu en Madrid

La importancia de la exportación. George Enescu en el Instituto Francés de Madrid

Un reportaje de David Santana | @DSantanaHL
El Gobierno de Rumanía, a través de su Instituto Cultural Rumano en Madrid organizó en la embajada de Francia en España un acto con motivo del 140 aniversario del nacimiento de su compositor de mayor renombre: George Enescu.

   El acto contó con un título magistral que deja claro el objetivo de la institución rumana: "Enescu al alcance de todos". No fue este un simple lema, sino, más bien, una promesa, un precepto si se prefiere, que, sin duda, fue cumplido. Los asistentes al acto no solamente tuvimos a Enescu al alcance, sino que pudimos empaparnos de él, de su biografía y de su gran ópera Edipo. El Instituto Cultural Rumano decidió mostrarnos a su compositor por tres vías:

   En primer lugar, pudimos disfrutar de una serie de cartelones en los que se podían apreciar imágenes de multitud de objetos de la vida de George Enescu: fotografías, partituras manuscritas, carteles, programas de conciertos, discos y álbumes... Todo para ilustrar no sólo la vida del compositor rumano, sino también la importancia que tuvo para sus contemporáneos y el legado que nos dejó no solo en forma musical, sino también en sus alumnos, entre los que destacó especialmente el virtuoso del violín Yehudi Menuhin.

    En segundo lugar, se le encargó al musicólogo José Luis García del Busto un discurso en el que, no solo se expusiese la importancia de George Enescu, sino también su relación con España, su influencia en nuestro país y, en las propias palabras de García del Busto: “La deuda que nuestras instituciones culturales guardan aún con Enescu”, una figura que, sin duda, se preocupó por la difusión de la música española.

 
Exposición y concierto sobre George Enescu en Madrid

   Por último, la vía más importante para la difusión del compositor rumano fue, como no podía ser de otra manera, su música. Los asistentes a la Embajada de Francia pudimos escuchar el pasado martes la que, si no me equivoco, es la primera representación de la ópera de Enescu Edipo en territorio español. Aunque se interpretó en un formato muy reducido debido al pequeño plantel compuesto únicamente por Stefan Ignat como barítono y Remus Manoleanu como pianista acompañante. No obstante, ambos músicos estuvieron a la altura de un estreno a nivel nacional.

   Manoleanu mostró un dominio absoluto sobre las melodías que interpretó. Éstas presentaban a menudo sonoridades exóticas y orientales que ayudan a trasladarnos a la legendaria Tebas y que nos muestran a un Enescu completamente implicado en las modas de su época y que nos recuerdan a otros contemporáneos suyos como Claude Debussy. Sin embargo, también pudimos apreciar melodías populares rumanas, en concreto, una danza que se interpreta al final del primer acto.

   Todos estos detalles de la ópera –tanto los musicales como en cuanto al contexto que la rodea– los supimos gracias a la excelente guía de Stefan Ignat que, además de cantar, también actuó de narrador, de modo que hasta aquel que desconociese el famoso mito griego pudiera seguir con facilidad los fragmentos de la ópera. Lo que se dice Enescu al alcance de todos, vaya.

   Entrando a valorar un poco más los aspectos musicales, Stefan Ignat no sólo nos transmitió con palabras la relevancia de la que es la única ópera de Enescu, sino que también lo hizo mediante un profundo respeto que se demostró con una interpretación muy emotiva. Supo destacar los gritos de sufrimiento de Edipo al enterarse del terrible crimen que había cometido. Supo también transmitir el lamento y, con los ojos cerrados, trasladarnos a los páramos yermos por los que vagó el inconsciente criminal buscando hallar la redención. Maravillosa fue la aceptación de su trágico final, contando a Antígona como, por fin, se sentía llamado por las diosas –lo que, por otra parte, es un excelente preludio a la tragedia de la propia Antígona–. Con todo ello, ayudó más con su sentida interpretación que con el discurso a que el público que acudimos a la embajada francesa conociéramos la profundidad de la música de Enescu, un compositor que supo imbricar las bellas melodías del bel canto, los ritmos del folklore de Rumanía, las armonías y sonoridades orientales que llegaban a París desde los lugares más recónditos del planeta y, con todo este material, construir una obra capaz de, incluso por fragmentos, emocionar al espectador.

   Fue, en definitiva, una excelente muestra del talento de George Enescu y, quizás una eficaz estrategia del Gobierno de Rumanía para sumar adeptos a la causa en favor de programar la música de este aún trágicamente desconocido gran compositor. Sin duda, con los que asistimos a la celebración de su 140 aniversario lo consiguió.

Fotos: Instituto Cultural Rumano

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