CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: Pablo González y Víctor y Luis del Valle con la Sinfónica de Castilla y León

30 de septiembre de 2021

Concierto conmemorativo del 30 aniversario de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, con el director Pablo González y los pianistas Víctor y Luis del Valle.

Sinfónica de Castilla y León

Treinta años después

Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 23-IX-2021. Auditorio de Valladolid, Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Obertura Leonora III opus 72ª de Beethoven, Concierto para dos pianos y orquesta en mi bemol mayor, K. 365 de Mozart y Sinfonía nº2 en do menor, op. 17, «Pequeña Rusia» de Chaikovski. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Víctor y Luis del valle, pianos. Pablo González, director.

   Se inició la temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León con el mismo programa con el que iniciaron su andadura en el Teatro Calderón de Valladolid, un 12 de septiembre de 1991, bajo la dirección del primer titular Max Bragado Darman y con el dúo de pianos formado por Miguel Frechilla y Pedro Zuloaga, intérpretes consumados en la especialidad de dos pianos. 

   Los instrumentistas de la Sinfónica, que llevan en ella desde su creación,- a los que se reseña al final del artículo-, salieron al escenario antes que el resto y fueron largamente ovacionados. El concierto comenzó con la Obertura Leonora III. Su interpretación fue como una especie de anticipo de lo que la Sinfónica rendiría durante todo el concierto. Mantuvo un pulso constante, buen sentido dinámico y rítmico, y energía suficiente, a la búsqueda del color y la tímbrica; algo que hizo continuamente el director Pablo González, que se empeñó en hacer aflorar lo más identificativo de cada una de las obras. En la obertura de Beethoven se expusieron con una intensidad constante sus efectos, aquellos que hacen que sea una especie de resumen de la ópera Fidelio, que ahonda en el tema de la libertad frente a la tiranía. Salieron, por tanto, a relucir momentos clave, como esa trompeta que sonó fuera de escena y que anuncia la llegada del libertador de los oprimidos. González dotó a la obra de no pocos contrastes y colores. Siempre pudieron acentuarse más ciertas texturas.

   En el Concierto para dos pianos y orquesta en mi bemol mayor se contó con los pianistas Víctor y Luis del Valle. Fue innegable la precisión de los intérpretes, su compenetración, la singular interpretación de la obra, y el dominio de la misma. Estuvieron bien secundados por una orquesta que les dejó el protagonismo y que pudo hacerse notar más. En un terreno muy subjetivo, y por tanto expuesto a controversia, los solistas pudieron mantener un sonido menos uniforme, que hubiera hecho que la obra resultara más sugerente, apoyándose en un fraseo con mayor variedad de acentos. En todo caso, resultó un éxito.

   Para concluir interpretaron la Sinfonía nº2 «Pequeña Rusia» de Chaikovski. Desde la destacada  intervención del trompa solista, que expone parte del material temático tomado de una canción popular, se notó que la dirección iba a apoyarse en los metales, en una suerte de «himno» brillante eslavo, sin que se provocaran excesos. Simplemente el director tomó la decisión de incidir sobre la tímbrica de los metales, sin que renunciase a las melodías populares, dándole una notable magnificencia a la obra. Y en base a esos valores se consiguió una versión de empuje, que resolvía con acierto los periodos de transición. El último movimiento destacó por la resolución de los clímax y la atención a la creciente intensidad.

   Y ahí estaba la Orquesta Sinfónica de Castilla y León celebrando treinta años de vida, con un recorrido fructífero ya hecho y muchas cosas por andar.  Una formación viva, más allá de dificultades y problemas a resolver, que ha de seguir creciendo. Entre el público se encontraba el que fuera primer gerente de la OSCyL, Carlos Rubio. Se debería afinar ciertos detalles de protocolo, en relación a la presencia de estas personas. 

   Como se indicó en el inicio, se enumeran, a modo de reconocimiento a su labor, los miembros que permanecen en la OSCyL desde su creación, en un listado que se toma del programa de mano del concierto: Wioletta Zabek, Daniela Moraru, Jennifer Moreau, Csilla Biro, Iuliana Muresan, Gregory Steyer, violines; Néstor Pou, Doru Jijian, violas; Marius Díaz, Frederik Driessen, violonchelos; Pablo Sagredo, flauta; Juan Manuel Urbán, oboe; Carmelo Molina, Laura Tárrega, Julio Perpiñá, clarinetes; Fernando Arminio, fagot; Carlos Balaguer, trompa; Miguel Oller, trompeta; Philippe Stefani, Robert Blossom, trombones; José M. Redondo, tuba; Juan Antonio Martín, timbal; Ricardo López, percusión; y Julio García, archivero. 

Foto: Sinfónica de Castilla y León

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