CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: Ramón Tebar dirige «Tosca» en la Göteborg Opera

7 de octubre de 2021

Éxito del director de orquesta español Ramón Tebar en la Göteborg Opera con Tosca, de Puccini. 

«Tosca» de Puccini en la Ópera de Gobeborg

La musicalidad de la Tosca de Gotemburgo

Por Antonio Gascó
Gotemburgo, 3-X-2021. Ópera de Göteborg. Tosca de Puccini. Carolina Sandgren, Mats Persson, Tomas Lind. Dirección de escena: Lorenzo Mariani. Dirección musical: Ramón Tebar.

 Interesante Tosca la que pudimos audicionar en la ópera de Gotemburgo, en la que hay que significar, ante todo, la excelente prestación del maestro Ramón Tebar al frente de una eficaz y disciplinada orquesta de emocional calidad, un coro afinado y preciso y un notable elenco del que hay que destacar a Carolina Sandgren como protagonista. También hay un protagonista que no pertenece al elenco, pero al que hay que felicitar por el buen resultado y procedimiento determinativo de la obra, que no es otro que el director artístico del teatro Henning Ruhe

   El montaje escénico de Lorenzo Mariani, situó la acción en la Roma del inicio del fascismo. Tuvo interés en sus puestas en escena, como en los atrezzos (salvo el error de que el cardenal de Sta. Andrea no usa silla gestatoria, que es privativa del papa) y en la prestancia de los comprimarios. Fue singular el sorpresivo simbolismo Peter Pan, acaecido tras el suicidio de Tosca, con intención idílica. Tosca volaba desde las almenas de Sant’Angelo hasta llegarse junto al cuerpo sin vida de Mario. Con todo, debió exigirles más a algunos actuantes, singularmente al tenor que estuvo falto de arrogancia sobre las tablas. Un detalle que anotar en su debe fue alzarlo demasiado pronto de su quebrantado estado debido al suplicio y «aquí no ha pasado nada», antes del desafiante La# del «Vittoria!», que, eso sí, dijo con indudable poderío y arrojo. Excelentes las segundas voces, en particular, las que encarnaron al sacristán, Angelotti y Espoletta que, como sucede en muy pocas ocasiones dio sentido a su ingrato papel. 

«Tosca» en Goteborg

   La diva sueca, vestía un atuendo en la línea del que lució Callas en su histórica representación de la Scala de 1953. Un guiño simbolista a la historia. La protagonista estuvo pletórica en el papel, caracterizado con propiedad, hilvanando, con significativa intención, la coquetería del primer acto, con el desgarro cuajado de ira del segundo y la ansiedad del tercero. Pese a que su voz es de lírica, y lo demostró en la solvencia de sus agudos, hizo muy buen uso de su contundente registro central, componiendo un personaje intenso de emotividad, muy sentida, como lo demostró en su «Visi d’arte» vivido, suplicante e intenso y en frases de referencia: «la nostra caseta», «io piango»... o el detalle de que la caída de sus manos del cuchillo asesino, no pudo suceder más a tiempo de compás. No fue tan afortunado como actor el tenor Tomas Lind, qué hizo un Cavaradossi anodino, y al que faltó carácter y gallardía. Cómo cantante tuvo su mejor momento en su bien fraseado «E lucevan l’estelle» y en las frases de canto legatto («occhio a l’amor soave») y su mejor propiedad en un agudo tan resolutivo como seguro. Su voz central tremolante, tampoco le ayudó a conformar la prestancia del pintor. Falto tensión por su parte  (salvada por la orquesta) en el diálogo con Angelotti. Aunque era un barítono lírico, estuvo convincente como Vitellio Scarpia, con presencia y execración, Mats Persson, pese a  fagocitarlo el coro en «Tosca mi fai dimenticar Iddio». Además de omitir la frase «s’è rifugiato qui» y de alguna que otra falta de segunda intención en el fraseo, por ejemplo «piena di santo celo», «dolce signora», «tre sbirri», «a donna bella»… los dúos con Tosca del primero y truculento segundo acto, estuvieron arrolladores de intensidad y tensión trágica. 

   Por lo que hace a la batuta, hay que decir que fue tan expresiva como inspirada, tan creativa como sugerente, lo cual es mucho decir en una obra apasionada, lírica y trágica al mismo tiempo. Ramón Tebar fue absolutamente fiel a esos postulados con una seguridad que conminó a la totalidad del elenco vocal y a la excelente orquesta, desde el primer compás, de la que extrajo matices y contrastes de emotiva musicalidad. Entre las intervenciones más creativas y palpitantes de la batuta frente al colectivo instrumental, atendiendo a detalles aparentemente intrascendentes, habría que referir la intensa osadía del tritono (el protervo intervalo del diablo) con el que Puccini identifica a Scarpia, en los tres primeros compases del preludio; el divisi de violas y cellos que acompañan a la ocultación de Angelotti, en la capilla de St. Andrea; el dieciochesco tema que antecede a la cantata; el subyugante solo de flauta y clarinete cuando se llevan los esbirros a torturar a Mario; las cinco barras de las escalas en fusas, en la sórdida tonalidad de SolbM, del momento en que Tosca toma el cuchillo para dar muerte a Scarpia o los compases que van del 63 al 65 de ensayo del segundo acto.  Por otra parte hay que referir lo cautivador del sonar de los arcos, poniendo atmósfera cromática de amanecer, al son de las campanas vaticanas, al inicio del postrer acto; los cuatro compases a cargo de los chelos, de la cita del tema del dúo de amor del primer acto, tras las palabras «io lascio al mondo una persona cara» hasta el inicio de «e lucevan l’estelle». O, para concluir, entre otras innumerables citas, muy afortunadas, (que podrían referirse) la aciaga marcha del pelotón de ejecución, mientras Tosca da rienda suelta a su angustia suspicaz en su canto recitativo. Eso es un director.

   No es extraño que el público recibiera, con clamorosas ovaciones y bravos su presencia en el palco escénico, puesto en pie, que él compartió en régimen de igualdad con el resto del elenco.

Fotos: Lennart Sjöberg

«Tosca» de Puccini en la Ópera de Goteborg
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