CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: La Grande Chapelle en el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza

14 de diciembre de 2021

La Grande Chapelle interpreta un repertorio de canciones y madrigales de Francisco Guerrero en el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, bajo la dirección de Albert Recasens

La Grande Chapelle

Elogio del madrigal español

Por José Antonio Cantón
Baeza, 7-XII-2021. Auditorio de San Francisco.  XXV Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza [FeMAUB]. La Grande Chapelle. Director: Albert Recasens. Canciones y madrigales de Francisco Guerrero.

   El Festival llegaba a una de las manifestaciones sustanciales de su razón de ser como es la promoción de nuevas perspectivas y cauces en su programación con el concierto de La Grande Chapelle, dedicado prácticamente en su totalidad al insigne polifonista sevillano Francisco Guerrero, en el que se ha experimentado por el oyente la estrecha relación de música y palabra de la mano de dos mentes culturales de primer rango como tienen Albert Recasens, director de este prestigioso grupo músico-coral, protagonista de esta jornada del FeMAUB, y el filólogo Guillermo Fernández Rodríguez-Escalona, que han aunado diferentes criterios disciplinarios para concebir un programa poético-musical que descubre la intimidad del hombre renacentista como motor de su singularidad personal y espiritual ante la nueva realidad del mundo, las sociedades, las relaciones económicas y, en definitiva, sus congéneres. El planteamiento musical quedaba así trascendido, que no superado, por la calidad de unos versos escogidos en los que los sentimientos han sido cantados en un alto grado de idealidad, espiritualidad y belleza. 

   Pocas formas más adecuada para tal pretensión que el madrigal español que tuvo su apogeo entre los siglos XVI y XVII, constituido en un admirable objeto de elogio en esta actuación de La Grande Chapelle al cumplirse ese aforismo que encierra el título del condesado tratado del eximio barítono Dietrich Fischer-Dieskau cuando lo determina en la siguiente afirmación: Hablan los sonidos, suenan las palabras.

   Esta aseveración se pudo percibir desde los primeros sones del madrigal profano Prado verde y florido a cuatro voces que abría un primer tercio del programa que loaba la pasión y la nobleza del sentimiento amoroso bajo el apartado denominado, El amor es voluntad dulce y sabrosa, frase recogida en un poema de Juan Boscán, y que Pedro Guerrero, hermano mayor de Francisco, y Miguel de Fuenllana pusieron música con gran esmero. En el cierre de esta parte del concierto destacaron Ojos claros, serenos y Claros y hermosos ojos, a cuatro y cinco voces, respectivamente, de Francisco Guerrero sobre versos del poeta hispalense Gutierre de Cetina, del que el barítono del grupo, el accitano Víctor Cruz, recitó un soneto a mitad del programa como resumido ejemplo del espíritu que ha animado su contenido.

   En la segunda parte, bajo el título Por ásperos caminos tomado del primer verso del Soneto VI de Garcilaso de la Vega que pusiera en canto el palentino Alonso de Mudarra, destacó el último madrigal de este apartado, Huid, huid, o ciegos amadores, escrito a cuatro voces también por Guerrero, que antecedía a la última parte del programa, que tomaba nombre de la palabras iniciales de un homónimo madrigal de Guerrero, y terminar con  el Soneto XXIII de Garcilaso de la Vega, En tanto que de rosa y azucena llevado a cinco voces por el que fuera nombrado maestro de capilla de la Catedral de Jaén en abril de 1546 con sólo diecisiete años.

   Sólo cabe valorar con máxima consideración artística la actuación de este grupo de cuyos componentes destacaría la privilegiada voz de su anteriormente mencionado bajo-barítono, por sus formidables resonadores de fonación, el expresivo canto sin impostada artificialidad de la mezzo-soprano argentina Florencia Menconi, que llegaba con gestos de sus manos a implementar los de la dirección, la depurada técnica de la soprano alavesa Lorena García García, la especializada experiencia canora del tenor venezolano Andrés Montilla-Acurero en la tesitura superior de alto y el tenor Javier Martínez Carmena por la claridad de su emisión vocal. Es necesario hacer mención del buen trabajo de tablatura para la vihuela realizado por Manuel Minguillón de algunos madrigales que se prestaban a tener un leve acompañamiento instrumental que se hacía muy presente realzando su expresividad. El trabajo que Albert Recasens ha realizado para este programa quedará seguramente como uno de sus más relevantes de su brillante carrera de musicólogo e intérprete, atento siempre a proyectos de gran valor estético como lo que ha supuesto este verdadero elogio al madrigal hispano. 

   Este extraordinario concierto terminó con la repetición como bis de la pieza Claros y hermosos ojos perteneciente a la colección Canciones y Villanescas espirituales del maestro Guerrero editadas en Venecia el año 1589 que no hizo sino acrecentar el entusiasmo del público. 

Foto: Jesús Delgado Martínez

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