CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: «Rigoletto» en el Teatro Cervantes de Málaga

18 de marzo de 2022

Juan Jesús Rodríguez, Alexei Tatarintsev, Sabina Puértolas, Felipe Bou, Sandra Ferrández y Fernando Latorre protagonizan la ópera Rigoletto de Verdi en el Teatro Cervantes de Málaga, bajo la direción musical de José María Moreno

Juan Jesús Rodríguez y Sabina Puértolas en el «Rigoletto» del Teatro Cervantes de Málaga

Genuina versión verdiana

Por José Antonio Cantón
Málaga, 13-III-2022. Teatro Cervantes. La ópera Rigoletto de Giuseppe Verdi. Juan Jesús Rodríguez, Alexei Tatarintsev, Sabina Puértolas, Felipe Bou, Sandra Ferrández y Fernando Latorre. Director de escena: Francisco López. Coro de Ópera de Málaga. Orquesta Filarmónica de Málaga. Director musical: José María Moreno.

   Con un elenco vocalmente muy equilibrado, esta producción escénica del Teatro Villamarta de Jerez de la primera ópera de la «trilogía popular» verdiana,  junto a La traviata e Il trovatore, ha significado un verdadero acierto tanto del director de escena como del director musical que, desde sus disciplinas, han sabido entrar en el pensamiento del compositor muy bien reflejado en esta representación de Rigoletto, ofreciendo con artística profesionalidad la sustancialidad de este gigante de la ópera que fue y sigue siendo Giuseppe Verdi.

   Haciendo un guiño sobre la sociedad italiana de la Republicca di Saló, el escenógrafo y dramaturgo cordobés Francisco López ha transformado la riqueza plástica de la fiesta de disfraces del inicio de esta ópera, sustentada en ese arte del diseño de vestuario y figuración de Jesús Ruiz, en el lúgubre y sombrío régimen que marcó aquel estado instaurado en el norte Italia por los nazis los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. Tal contraste supuso un estímulo para la percepción del espectador ante la analogía que podía resultar del argumento de la ópera con aquel nefasto periodo histórico transalpino. La musicalidad del maestro José María Moreno, llena de tensión dramática, no hizo sino propiciar tal intención llevando el carácter de  esta ópera a los límites creativos del compositor surgidos, en este caso, de su genial capacidad de adaptación lírica del drama Le roi s’amuse de Víctor Hugo. 

   Ambas direcciones permitieron el lucimiento de los tres protagonistas de la historia. Así el barítono Juan Jesús Rodríguez, en el papel del deforme bufón del Duque de Mantua, sustentándose en su calidad de consumado actor de carácter, mostró su voz poderosa sin menoscabo alguno de poder transmitir delicadeza y suavidad cuando la partitura las requiere. Su amplia tesitura le permitió mostrar la diversa complejidad psicológica del personaje desde su brillante versatilidad de barítono, sustentada en un gran dominio de la línea del legato, que permitía en todo momento esa expresividad desprendida de la que hace gala este cantante, dignificando así la importancia de su papel, uno de los más relevantes de la ópera italiana, al hacer una auténtica recreación de los profundos y a la vez desconcertantes sentimientos de este controvertido personaje, que este barítono onubense justificó con creces en ese momento singular del cuarteto Bella figlia dell’amore del acto tercero.

   Fue el tenor ruso Alexei Tatarintsev el encargado de representar al Duque de Mantua, personaje que, junto con el mozartiano Don Giovanni, es el seductor por antonomasia del repertorio operístico. Hay que decir, que lo realizó con desigual fortuna, con una limitada desenvoltura en el canto que requiere este papel, resintiéndose su potencia y resolución vocales en los registros centro-agudos. De alguna manera estos inconvenientes fueron solventados en la famosa aria de lucimiento La donna è mobile del tercer acto en la que atacó los agudos con cierta audacia, más seguro que en la arieta Questa o quella de primer acto donde se produjeron algunas incidencias en su emisión.

   Respecto a la soprano aragonesa Sabina Puértolas en al papel de Gilda hay que valorar su crecimiento expresivo según transcurría la función, notándose, desde la dulzura de la famosa aria Caro nome de la segunda escena del primer acto, la transformación que se produjo en Tutte le feste al tempio del segundo, al saber caracterizar el cambio de niña a mujer después del primer pálpito de amor, estremecimiento que se experimentaba en la música que manaba de la batuta del maestro Moreno, gran artífice en hacer sonar los estados psicológicos como uno de los principales secretos de su arte de dirección de voces. 

   En este sentido, hay que resaltar cómo el director titular de la Orquesta Filarmónica de Málaga supo elevar el valor estético de pasajes como la cabaletta del dúo del Duque de Mantua y Gilda, Addio, addio, la cabaletta Possente amore mi chiama o el rebrincado coro Scoreendo uniti, momentos siempre muy apreciados por el público.

Juan Jesús Rodríguez y Alexei Tatarintsev en el «Rigoletto» del Teatro Cervantes de Málaga

   Del resto del elenco hay que destacar la interpretación del sicario Sparafucile encarnado por el bajo Felipe Bou ofreciendo un adecuado timbre oscuro desde la insolente y la irónica perversidad que transmitía su fraseo. El barítono vizcaíno Fernando Latorre cumplió en su corto y a la vez determinante papel de maldecidor. Otro tanto se puede decir del difícil personaje de Maddalena, hermana del asesino, interpretado por la soprano alicantina Sandra Ferrández, manifestando adecuadas maneras de actriz y brillantez en el registro central de su voz. En relación al Coro de Opera de Málaga, hay que valorar positivamente la labor de preparación de su directora María del Mar Muñoz Varo, consiguiendo una notable homogenización de las voces masculinas como la alcanzada en el pasaje coral ya referido al final del párrafo anterior.

   La calidad estética de esta producción de Rigoletto quedó condensada en la escena final al convertirse en sustancial vértice donde convergía el gran nivel de complementariedad de los dos directores de la función, Francisco López acertando siempre con el movimiento, la ubicación de los cantantes e iluminación de la acción, y el maestro José María Moreno desde el foso sacando la gran calidad lírico-dramática del bufón y su hija, así como la mejor versatilidad de la Orquesta Filarmónica de Málaga, que le convertía en impulsor y revelador de esa genuina invención musical que apreció Ígor Stravinski en esta ópera.

Fotos: Daniel Pérez

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