CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: Estreno del «Stabat Mater» de Manuel Moreno-Buendía en Murcia

6 de abril de 2022

La temporada de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia acoge el estreno absoluto del Stabat Mater de Manuel Moreno-Buendía bajo la dirección de Manuel Hernández Silva

«Stabat Mater» de Manuel Moreno-Buendía en Murcia

Gran oratorio postromántico

Por José Antonio Cantón
Murcia, 1-IV-2022. Auditorio y Centro de Congresos ‘Víctor Villegas’.  Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Solistas: María José Montiel (mezzo-soprano) y Javier Franco (barítono). Sociedad Coral de Bilbao y Coro Stabat Mater. Director: Manuel Hernández-Silva. Obra: Stabat Mater dolorosa… de Manuel Moreno-Buendía.

   Siete jornadas después de cumplirse su nonagésimo aniversario, el compositor murciano Manuel Moreno-Buendía ha cumplido su deseo de estrenar un oratorio que le ha llevado atenta y casi exclusiva ocupación durante los últimos años: el monumental himno sacro Stabat Mater dolorosa…, con el que ha deseado poner un referente en su amplio y dilatado catálogo. Perteneciente a la llamada generación del 51 y Premio Nacional de Música de 1958, se puede considerar como uno de los compositores decanos españoles vivos junto al navarro Agustín González Acilu, que le supera en tres años de edad. Su larga trayectoria, enriquecida por su calidad de alto docente, le otorga el privilegio de conocer sobradamente toda la vanguardia musical de España que ha ido surgiendo durante los últimos setenta años y que se inició con manifiestas señas de identidad en la década de los cincuenta. Después de una primera etapa instrumental que puede situarse coetánea a la fundación del Grupo Nueva Música, su dominio de la polirritmia y su manera de reencauzar un sentido armónico evolucionado pero nunca rupturista le han situado en la biensonancia contemporánea con personalidad propia, que le hicieron plasmar, especialmente en la zarzuela, un giro de orientación del tradicional lenguaje de este género lírico.

   Con la dificultad que comporta emitir un juicio sobre un estreno absoluto, que es el caso que nos ocupa, hay que valorar de entrada cómo el compositor ha recogido en un ejercicio de sinceridad todo su amplio y dilatado sentir estético en esta obra integrada por once números para dos solistas, coro y orquesta, formato que se referencia directamente con la estructura del gran oratorio posromántico, cuyas raíces devenían del camino que iniciaron Mendelssohn y Berlioz en este género como  resultado evolutivo de la cantata. La intención del texto de la secuencia poética medieval que contiene Stabat Mater dolorosa, que fue integrado en la liturgia católica a principios del siglo XVIII para el Viernes de Dolores y su específica festividad mariana del 15 de septiembre, ha marcado la idea de la composición, teniendo como resultado una perfecta imbricación de música y palabra, relación de la que Moreno Buendía es un consumado maestro dada su gran experiencia lírica.

   Otro aspecto sustancial del resultado obtenido es la acertada utilización de una orquestación donde impera el cromatismo en un alto grado, como el percibido en el cuarto número protagonizado por el coro femenino. Conocedor de la naturaleza sonora y expresiva de cada instrumento, ha respetado siempre su rango tímbrico, cualidad que se pudo percibir desde la aparición del oboe en el primer número, tratado como irradiante reclamo del resto de la plantilla, abastecida por una batería de percusión que hacía recordar la espectacularidad de un Stravinski o un Prokofiev y que se percibía implementada por la contundente coralidad de un Carl Orff que le apunta un cierto carácter profano a la obra.

   En este sentido hay que valorar cómo el compositor proyecta en los coros todos los sentimientos evocados en el texto como ocurre en Pro peccatis suae gentis; posiblemente el pasaje mejor estructurado en su amplia duración y en el que demuestra el compositor absoluta seguridad formal y estilística, y cuyo peso principal recayó sobre María José Montiel, que ya había alcanzado la tonicidad vocal deseable, lo que aprovechó desde su técnica declamatoria, consiguiendo un más que destacable lucimiento. Respecto al barítono, hay que considerar como irreprochable su intervención en el tercero, desarrollando un destacable y seguro estilo arioso, y en el sexto, dejando en ambos la impresión de un sólido compromiso canoro.

   Mención aparte requiere la extraordinaria labor de dirección del maestro hispano-venezolano Manuel Hernández-Silva, profundo e instintivo recreador del pensamiento musical de Moreno-Buendía. Desarrollando todo un derroche de energía en la conducción de la dilatada masa sonora, mantuvo siempre claridad en el detalle y determinación en el pulso, poniendo siempre máxima atención en la solución poético-musical de cada instante de la obra desde su incontenible aliento, que tuvo un momento álgido en el acentuado carácter elegíaco que imprimió al penúltimo número, Quando corpus morietur, y  en la diversidad de recursos empleados en el anterior, Fac me fagis vulnerari, donde quedó de manifiesto su capacidad en dirigir voces, propiciando uno de los momentos cumbre de la solista cuyo canto era contrastado con clímax orquestales de máxima expresividad. No por ser el más corto fue el menos intenso el hímnico Amen final en el que los coros dejaron constancia de haber realizado un intensa preparación impulsada por sus directores, Enrique Azurza en el caso de la Sociedad Coral de Bilbao y Balbina Serna con el Coro Stabat Mater creado ex profeso para este estreno. 

   El prolongado e intenso aplauso del público refrendaba el triunfo de los intérpretes de este concierto que, con seguridad, quedará en los anales del Auditorio de Murcia como uno de sus eventos más relevantes.

Foto: Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia

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