CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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Crítica: Aulos Madrid en el Ciclo Satélites de la OCNE

27 de octubre de 2022

El Ciclo Satélites de la Orquesta y Coro Nacionales de España [OCNE] acoge un concierto de Aulos Madrid

Aulos Madrid

Clase magistral de música de cámara en el Auditorio Nacional

Por David Santana | @DSantanaHL
Madrid. 25-X-2022. Auditorio Nacional de Música. Ciclo Satélites, OCNE. Aulos Madrid. L’heure du berger, de J. Françaix; Sexteto para piano y vientos de T. Bretón y Sexteto para quinteto de viento y piano, FP 100 de F. Poulenc.

   Un concierto puede ser muy educativo, no es ningún secreto, pero pocas veces lo es a tantos niveles como fue el caso del concierto ofrecido por el grupo de solistas de viento madera de la Orquesta Nacional de España agrupado bajo el nombre de Aulos Madrid.

   En primer lugar, por el tipo de agrupación, alejada de los cánones clásicos y que representa el interés de la sociedad burguesa de los siglos XIX y primera mitad del XX por la cultura, que dio lugar a distintas sociedades culturales, filarmónicas y de difusión y protección de las artes en general que afloraron en prácticamente todas las ciudades con cierto grado de industrialización. Una de estas agrupaciones fue la Sociedad de Instrumentos de Viento de Madrid para la cual, como bien nos explicó Vicente Palomares, escribiría Bretón el sexteto que pudimos escuchar en esta velada. No sobrevivió esta sociedad al paso del tiempo, algo tristemente común en esta época, pero, sin embargo, nos legó algunas partituras y, más importante, un interés por la interpretación y difusión del repertorio camerístico de los instrumentos de viento que parece que el grupo de Aulos Madrid viene a restaurar. Y mucho han tardado, en opinión de un servidor, y pocas agrupaciones han tomado el testigo de esta Sociedad de Instrumentos de Viento teniendo en cuenta que nuestro país, si por algo destaca, es por la calidad de los músicos de viento formados en las bandas municipales que se extienden por toda la geografía española.

Aulos Madrid en el Auditorio Nacional

   En segundo lugar, el repertorio, poco habitual pero interesantísimo, supone un repaso excelente a la variedad de posibilidades que se plantearon en la música durante la primera mitad del siglo XX: El paisajismo parisino de la mano de Françaix, la mezcla entre lo académico y lo popular que se produce en Bretón o el brillante impresionismo de Poulenc.

   El tercer aspecto pedagógico de este concierto es el interpretativo. Es por ello que lamenté no ver el auditorio repleto de estudiantes de conservatorio, ya que los músicos de Aulos Madrid dieron una clase magistral de como tocar en agrupación de vientos. Aunque teniendo en cuenta la escasa importancia que se le da a la asignatura de música de cámara en los conservatorios, siempre más orientados al repertorio solista y orquestal, tampoco nos puede dejar sorprendidos.

   En un cuarteto de cuerda ya supone un reto agrupar todos esos timbres y crear un único «sonido de cuarteto» del que ya he hablado al respecto en muchas ocasiones. Ahora imagínense tener que conseguir lo mismo pero tratando de mezclar timbres tan diferentes como el de la trompa, el fagot, el clarinete, la flauta, el oboe y el piano.

   Desconozco cómo lo hicieron, pero lo lograron. Consiguieron crear un excelente sonido de conjunto destacando, a su vez, cada uno de los timbres cuando así lo requería la obra. Fue una delicia para el oído del espectador poder deslizarse por la conversación entre el fagot y el oboe del primer movimiento de L’heure du berger, a pesar de que el sonido del fagot fue un poco más oscuro y con más cuerpo de lo que hubiera sido ideal. Fue culpa, seguramente, del modelo del instrumento —en España, tanto el nombre como el modelo son alemanes y Françaix seguramente estuviese pensando en el sonido nasal y brillante de los fagotes franceses—. En el segundo movimiento, Pin-Up Girls, el sonido del clarinete nos recordó a Gershwin y finalmente en Les petits neveux escuchamos una gran precisión ya no solo en las notas, sino también en cuanto a la articulación.

   En el sexteto de Bretón escuchamos un mayor protagonismo para el piano que actuó, al menos en el primer movimiento como maestro de ceremonias, pasando con elegancia la melodía a los distintos instrumentos. En el Andante tranquilo hay varios soli entre los que destacó el de la flauta por su timbre claro y su precisión en cuanto a la articulación. El Tiempo de Bolero fue aplaudido y es que además de una melodía que invitaba a bailar, pudimos escuchar una excelente cohesión entre los músicos que recordaba a la de los bailarines, moviéndose abrazados y a la vez, en este aspecto destacaron especialmente oboe y piano. Finalizamos con un Allegro deciso de carácter más marcial en el que destacaron los timbres del fagot y, como no podía ser de otra manera, el de la trompa.

   Tres cuartos de lo mismo se puede decir del sexteto de Poulenc, del que solo resaltaré, para no ser repetitivo, los timbres mixtos que se producen en el segundo movimiento, en el que nos es imposible no evocar el sonido de otro aerófono como es el órgano y que tanta importancia tuvo en el París de la primera mitad del siglo.

   En definitiva, un excelente repaso al gran abanico de posibilidades que este tipo de sexteto ofreció a algunos de los grandes compositores del siglo XX, toda una clase magistral de música de cámara y, por supuesto, una grata experiencia que espero se repita en el tiempo.

Foto: Facebook OCNE

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