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MARIA JOAO PIRES: «Dentro del límite puedes ser mucho más libre de lo que piensas»

1 de enero de 2023

La gran pianista portuguesa Maria João Pires, portada de CODALARIO en enero de 2023

Maria Joao Pires, portada de Codalario en enero de 2023

Maria Joao Pires: «Dentro del límite puedes ser mucho más libre de lo que piensas»

Una entrevista de Alba María Yago | Foto: May Zircus
Sus actuaciones se distinguen por una técnica cristalina, su poesía espontánea y una maestría musical profunda y apasionada. Maria João Pires tocó su primer recital a la edad de cuatro años, y a los siete apareció públicamente tocando conciertos para piano de Mozart. A pesar de esto, no estaba convencida de que tuviera una facilidad natural para tocar el piano, porque “tengo las manos pequeñas”, decía. 

Para nuestra fortuna, logró encontrar su propio lenguaje corporal con el piano, y a los 18 años ganó una beca para estudiar en Alemania, primero en la Musikhochschule de Munich y luego en Hannover. De su época como estudiante, la portuguesa recuerda grandes enseñanzas no solo musicales, y es que aprendió muchísimo de su maestro Engel, que la ayudó a ubicar la música dentro del contexto de la vida. En 1970 ganó el Concurso del Bicentenario de Beethoven en Bruselas, y así comenzó una impresionante carrera internacional, debutando en aclamados recitales en el Queen Elizabeth Hall de Londres y en el Carnegie Hall de Nueva York. 

A pesar de todos sus éxitos, su carrera ha estado marcada por largos períodos de silencio, que según los críticos no fue más que el reflejo de su necesidad de hacer un balance y recuperarse de las duras exigencias de la vida de un concertista de piano moderno. 

Concienciada hasta la médula, Pires se ha dedicado con gran empeño a reflejar la influencia del arte en la vida, la comunidad y la educación, tratando de descubrir nuevas formas de instaurar esta forma de pensar en la sociedad, buscando nuevas formas de compartir ideas entre las personas y las diferentes culturas. Uno de sus principales objetivos siempre fue el de devolver la dignidad a la gente mediante el arte.

Con motivo de su doble visita a la ciudad de Valencia para inaugurar el II Festival de Piano Iturbi, fruto de una colaboración institucional con el Palau de la Música, tuvimos la oportunidad de disfrutar de un cálido encuentro y entrevistar a la reconocida como una de las mejores pianistas vivas. Entrevista que se convirtió en una conversación más que enriquecedora. 

El público valenciano la admira muchísimo. ¿Qué le ha parecido que la hayan escogido para inaugurar el II Festival Iturbi? ¿Conoció usted a José Iturbi? 

Toqué muchas veces aquí, con orquesta, y di recitales. En relación a inaugurar esta segunda edición del festival, no tengo muchas pretensiones, pero está bien -comenta con humildad y sencillez-. A José Iturbi lo conozco de grabaciones, pero personalmente no llegamos a conocernos nunca. Fue muy bueno, eso sí. Cuando era una niña, mis profesores hablaban mucho de él.

«Quiero dejar de dar conciertos dentro de dos años»

Usted ha trabajado con muchísimas orquestas, ¿qué diferencias observa entre las orquestas españolas y las de otras zonas de Europa cuando trabaja con estas?

¿Sabes? Yo pienso que las orquestas de todo el sur de Europa, de la zona mediterránea, son muy diferentes a las orquestas del norte. La forma de ver la música, o mejor dicho, las relaciones entre los músicos, son «algo» más social, más cálido. Claro que hay diferencias entre el norte y sur de un mismo país -aunque en Portugal menos, porque es muy pequeño y no tenemos muchas orquestas-. En España hay muy buenas orquestas. También depende de los directores...

En Valencia le dirigió Alexander Liebreich, el nuevo director de la Orquesta de Valencia…

Sí, es muy bueno. Es alemán, pero tiene un trato muy cercano, muy social. Aunque no puedo dar una buena respuesta porque cada director es diferente, pero los músicos…¡son músicos!, y hay buenos y malos, ambiciosos… y de todo -ríe-. ¡Hay de todo en todos lados! Pero me sentí a gusto con la orquesta, todos fueron muy agradables. En mis dos conciertos toqué con los pianos de los hermanos Clemente, ellos son muy simpáticos y serviciales.

Pasando al recital en el Palau de Les Arts, ¿cómo decidió el repertorio?

Podría decir que es un programa un poco pesado, no es un programa muy popular, pero lo elegí porque quería tocar de nuevo la última sonata de Schubert. Pienso que el contraste entre la Sonata en la mayor, que es la primera que toco, y la última, en si bemol mayor, crean un contraste dentro del compositor. Yo hago mucho Schubert, pero me gusta mucho Debussy porque es un poco más popular. No me gusta cambiar muchas veces de compositores en un recital. Prefiero que haya dos que queden bien juntos, y pienso que Schubert y Debussy lo hacen. 

¿Qué relación encuentra o establece entre ellos?

Uno encuentra siempre relaciones…Debussy es, probablemente, mi compositor favorito dentro de la música francesa, aunque César Frank me gusta mucho también, pero es de otra época. Escogí Debussy porque es un impresionista, pero tiene algo de profundo, esa sensibilidad…

Repasando sus recitales, parece que se centra casi siempre en repertorio del clasicismo y del romanticismo…

Sí, aunque Debussy no es clásico ni romántico. También toqué Bartok, y un poco de música contemporánea, pero mi problema es que tengo la mano muy pequeña, y por este motivo tengo que escoger muy bien las obras…Cuando vas ganando edad se vuelve más difícil. Cuando era más joven podía tocar más cosas, ahora estoy más limitada.

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«Todo lo diferente llama la atención, y hay mucha gente que tiene envidia. Es inevitable, pero yo no le doy importancia a esto»

¿Alguna vez le han infravalorado o subestimado por el hecho de tener la mano pequeña? 

Sí, cuando estudiaba, pero no por parte de los profesores, sino por parte de otros estudiantes o compañeros de estudios. Todo lo diferente llama la atención, y hay mucha gente que tiene envidia, es inevitable, pero yo no le doy importancia a esto, me gusta la gente sin prejuicios.

En otras entrevistas cuenta usted que se considera a sí misma una persona rebelde, ¿en qué sentido?

Lo era mucho más cuando era joven -sonríe de manera pícara-… Pero al final el espíritu queda ahí, siempre queda todo… No me considero una persona rebelde musicalmente hablando. Soy rebelde en muchas cosas. Principalmente, yo siempre he estado muy comprometida con causas sociales y ambientales, y tenía proyectos en muchos lugares diferentes. Uno de mis objetivos con estos proyectos era educar a los niños para que creen un planeta mejor. Inicié varios proyectos sociales, pero debido a la pandemia del COVID-19 no pudieron seguir adelante, porque no teníamos suficientes herramientas debido a las medidas de seguridad y restricciones. 

¿Cree que retomará en un futuro estos proyectos? 

Pienso que no, debido a mi edad. Prefiero trabajar con el mismo fin pero mediante otros actos. La organización de proyectos de esa magnitud supone mucho trabajo, tenía que hacer muchas cosas de organización, y mi agenda no me permitía compaginarlo. Pero quiero dejar de dar conciertos dentro de dos años.

Empezó muy pequeña con el piano, ¿tiene eso algo que ver con su «obsesión» de buscar un sonido concreto?

Sí, es verdad. Empecé a tocar el piano con tres años porque mi madre y mis hermanas tenían un piano en casa, y tocaban un poco. Aprendí sola. Venían profesores a casa para darles clase, y yo quería aprender a leer la partitura. Tenía mucho interés, y lo aprendí rápido. Como tocaba sola, un día uno de ellos le dijo a mi madre que tenían que darme un profesor, porque tocaba mucho, y fue así como comencé con mis clases de piano. Cuando tocaba sola tenía siempre un poco de obsesión con el sonido, quería sacar del piano mucho más que un «piano», quería conseguir sonidos de otros instrumentos, diferentes colores. Me encantaba conseguir sonidos diferentes. Desarrollé una técnica para mano pequeña.

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«Los concursos son un veneno, porque cuando un músico tiene que hacer una competición ya no es músico, es un técnico, una máquina»

Como sabe, en el mundo musical existe un ambiente muy competitivo que se da ya durante las épocas de estudio, lo que me lleva a la siguiente pregunta: ¿cree que el sistema que se ha establecido actualmente para participar en concursos o para acceder a puestos en orquesta está afectando a lo que es el valor real de la música, a su esencia?

Totalmente. Para mi los concursos son un veneno, porque cuando un músico tiene que hacer una competición ya no es músico, es un técnico, una máquina. Es paradójico que en una prueba de orquesta se escoja a la persona más “máquina”, cuando el objetivo es que forme parte de esa orquesta para hacer música. No tiene sentido, y en los concursos igual. Los pianistas que van a la escuela de música o conservatorios la mayoría de veces no aprenden música, aprenden técnica, y a cómo hacer competiciones.

Esto es algo muy grave, sobre todo para la salud mental de la gente que empieza y se mueve en el mundo de los concursos y las audiciones. Parece que para muchos su vida es, única y exclusivamente, una preparación para participar (y ganar) concursos y plazas en orquestas. No hay tiempo para nada más…

Mira, puede que esas personas, al inicio, fueran muy buenos músicos, pero después se transforman, porque se venden. La culpa no es de los jóvenes, es culpa de la sociedad. Creo que los concursos son la muerte, nos dicen cómo vivir, cómo encontrar trabajo, pero hay que encontrar un equilibrio entre ser músico y vivir.

¿Cree usted que comprende mejor a la música, o es la música la que la comprende mejor a usted, y es por eso que busca esa diferencia de sonidos dentro del mismo piano?

Pienso que la música es una expresión universal, no es algo que viene de mí o del compositor. La partitura en la música clásica tiene menos improvisación, es como una guía de cómo puedes llegar al compositor, y entendiendo al compositor puedes entender mejor ese mensaje universal, porque el compositor también tenía una vida propia.

Entonces, ¿qué me dice de la libertad interpretativa de la partitura?

Es muy limitada, pero es muy grande también, puede ser las dos cosas.

«Los límites son algo que pertenece a nuestra condición de ser humano, y la música es como la sociedad. Dentro del límite puedes ser siempre mucho más libre de lo que piensas»

Hay músicos muy críticos con ciertas interpretaciones porque el intérprete se toma libertades. ¿Qué opina sobre esto? ¿Cree usted que debe interpretarse de alguna manera concreta o se pueden tomar ciertas licencias dependiendo de la época? 

Pienso que la partitura te da todo lo que necesitas, te pone unos límites. Te da el límite, y dentro de este tienes toda la libertad. Entonces, tú vas a tocar de una forma diferente a mi, pero las dos son verdaderas y válidas, si te quedas dentro del límite... ¡Pues esto es la vida! Nacemos, morimos… puedes vivir como quieras, pero hay unas normas. Los límites son algo que pertenece a nuestra condición de ser humano, y la música es como la sociedad. Dentro del límite puedes ser siempre mucho más libre de lo que piensas. 

Hablando de límites…Usted estudió en Alemania, y recibió clases de grandes pianistas. ¿Qué  hace para abstraerse de toda la información, de las tradiciones y de las influencias, y hacer su propia versión de las obras que interpreta?¿Cómo limpia todo lo que sabe y crea su versión?

Yo las sigo, no limpio, este es mi límite -ríe-. Tienes un espacio -abstracto- para trabajar, lo tenemos todos, estamos en un punto, y podemos dialogar dentro de este espacio. Cuando aceptas el límite, tienes toda la libertad. La libertad tiene límites. La tradición no es algo malo, porque esta te lleva al presente, y el presente te lleva al futuro. Es una cuestión de aceptación de los límites de la vida. Diría que esa sería la clave en la música y en la vida, sin resignarse. 

A nivel personal, ¿qué diferencias encuentra de cuando empezó a dar recitales a ahora? ¿Afronta cada recital con la misma ilusión?

Sí, con la misma ilusión, solo que cuando llegas a una cierta edad empiezas a quedarte más preocupada…Los conciertos tienen algo muy bueno, algo mágico, porque te conectas con el público, pero es muy duro, es muy estresante, y a mi no me gusta el estrés. No puedes bajar la guardia nunca, y es por esto que quiero parar en dos años, porque me gustaría poder vivir sin esa presión. Ya paré varias veces, es fácil para mi, porque no soy “fanática” de dar conciertos, no me obsesiona.

Tiene muchos alumnos, y muy jóvenes ¿a qué edad empezó usted a dar clases?

Empecé a dar clases cuando tenía doce años, y mis alumnos eran más pequeños. Tengo 78 años y sigo dando clases. Cuando llegó la pandemia, los primeros seis meses que no podíamos salir, y mi hijo me ayudó a dar las clases online de manera internacional. No conocía a ningún alumno. Me encanta conocer y poder ayudar a personas que no tienen las mismas oportunidades.

Los jóvenes músicos estudian másteres con grandes profesores. La mayoría de estos estudios tienen precios inasequibles para la gente normal, y hay gente que se hipoteca, o que hipoteca a sus familias para poder cursarlos. ¿Le parece sensato?

Es increíble, lo hace muchísima gente. Con las clases online conocí gente de todo el mundo. Conocí a un chico italiano que quería tener una clase conmigo, y su familia le regaló una clase por su cumpleaños. Me pareció un regalo muy bonito. Gracias a que existen becas, conoces a gente muy diferente, y que de no ser por estas becas, jamás podrían estudiar en las escuelas superiores de música.  Esta gente suele aprovechar mucho más las clases que los que se obsesionan con los concursos. A pesar de esto, no me gusta dar una opinión de que los concursos son malos.

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«Cuando aceptas el límite, tienes toda la libertad. La libertad tiene límites. Es una cuestión de aceptación de los límites de la vida. Diría que esa sería la clave en la música y en la vida»

¿No le parece que la vida se ha vuelto un constante examen, una constante comparación entre unos y otros? En la música también. Dicen que hay que aprender a separar la parte profesional de la personal, pero en la música esto es algo complicadísimo. La música eres tú, lo que tocas eres tú...

Esto es el arte. Hoy puedes seguir la carrera de una artista por internet, publicidad, redes sociales, y ya está. A mi entender, un artista es algo más profundo, y todas las circunstancias afectan. Si estoy pasando por un buen o mal momento a nivel personal, esto afecta a mis conciertos. Todo afecta, y esto no lo entiende el sistema actual. Este sistema no te deja ser un artista ni una persona. Un artista es alguien que tiene contacto con la creatividad, con el mundo y con su interior a la vez. Tengo la esperanza de que el panorama cambie. Si no cambia, el arte retrocederá, no evolucionará, o lo hará a peor. También creo que el tema del tema del medio ambiente afecta. Pienso que los jóvenes no están suficientemente concienciados de lo que puede pasar si no cuidamos el medio ambiente, están manipulados. Es como en Roma, los políticos nos distraen con otras cosas, pero sin el cuidado del medio ambiente, no puede existir nada más. 

Cierto, muchas veces, hasta que no llegamos al límite no nos damos cuenta de la importancia de las cosas…

Claro, esto pasa también en la música, a mi me pasa con los viajes. Después del covid está siendo más que una locura, a mi me mata. 

¿Cómo es vivir constantemente viajando teniendo familia? ¿Recibió muchas críticas por dejar a sus hijos para ir a dar conciertos por el mundo? 

Es muy difícil… Tengo cinco hijos, y después, más tarde, acogí a otro niño. Son seis hijos en total. No renuncie a mi carrera. Cuando mis hijas eran pequeñas mi madre me ayudaba mucho, pero es igualmente difícil. Yo tuve mucha suerte, tenía mucha ayuda con mi madre, mi hermana… Recibí muchas críticas y viví muchas envidias, pero no me afectaba. La gente critica y… ¿qué puedes hacer? Yo no me desanimo, ¡soy rebelde! Mejor así, puedes ser más feliz.

«La gente no entiende que no todo se hace por dinero»

Claro, pero a veces es difícil aceptar que eso es así, y van a seguir criticando…

Sí, pero tú tienes que seguir con tu vida, tienes que tomar las decisiones que son buenas para tus hijos y para ti. Yo siempre he tenido mucha energía, mucha fuerza, podía hacer muchas cosas, y ahora no…¡pero tengo muchos nietos y una bisnieta!, y nos vemos muy a menudo. Me preocupa pensar en el mundo que les queda si no hacemos nada. La gente no entiende que no todo se hace por dinero... 

Imagino que alguna vez habrá rechazado algún concierto a pesar de la importante compensación económica…

Sí, y la gente no lo entiende. Hay artistas que se pasan, literalmente, todo el año dando conciertos. Es algo que conozco tan bien…Cuando estoy dos o tres días en casa pienso: “esta es mi ilusión”, el hecho de no tener que exponerme, aunque esté acostumbrada. Cuando voy a dar un concierto es un gran estrés para mi, pero no siento la exposición de manera negativa.

¿Tiene alguna ilusión?

Verás, ilusión no tiene el mismo significado en España que en Portugal. En portrugués, ilusión significa una cosa que no se hará realidad. Yo, más que ilusiones, tengo esperanzas. Musicalmente, tengo la esperanza de que podamos cambiar la realidad de los jóvenes. Eso sería estupendo. Cambiar la mentalidad de «ganar». Esto es tan malo que al final no pueden tocar «música», y se termina todo ahí. Como decía Bartok: «los concursos son para los caballos». Nadie quiere oir esto, pero tenía mucha razón. La música, y todo en la vida, todo el arte, debería retornar a su esencia, hacer el trabajo de cuidar, de hacer comunidad. Esto debería ser así en todos los ámbitos de la vida. 

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