CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: Antoni Ros Marbá dirige la «Novena» de Beethoven con la Orquesta Nacional de España

6 de febrero de 2023

Crítica de Raúl Chamorro Mena del concierto de la Orquesta y Coro Nacionales de España [OCNE] dirigido por Antoni Ros Marbá, con la Novena sinfonía de Beethoven en el programa

Antoni Ros Marbá

La eterna vigencia de la Novena de Beethoven

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 4-II-2023, Auditorio Nacional. Concierto extraordinario conmemorativo de los aniversarios del coro Nacional de España y de la Escuela Superior de canto de Madrid. Sinfonía núm. 9, op. 125 «Coral» (Ludwig van Beethoven). Yolanda Auyanet, soprano. Inés López, mezzosoprano, Eduardo Aladrén, tenor. César San Martín, barítono. Coro y orquesta Nacionales de España. Dirección: Antoni Ros Marbá. 

   Concierto extraordinario de la Orquesta y coro nacionales de España, fuera de su programación oficial, al objeto de conmemorar el 50 aniversario de la Escuela superior de canto de Madrid y del propio coro nacional, que tuvo como germen el de la referida institución. La obra programada, la mítica Novena sinfonía de Beethoven, habitual en celebraciones y aniversarios, una composición que ha transcendido el mundo de la música clásica y ha adquirido honda popularidad, especialmente merced a su cuarto movimiento, en el que por primera vez aparecía la voz humana en una sinfonía y es capaz de transmitir de manera sencilla e inmediata un mensaje de fraternidad Universal, mediante el texto de Friedrich Schiller, que ha calado en todo el orbe. Una muestra más, como lo es toda la monumental partitura, del genio único, singular e indomable del eximio músico de Bonn. Por decontado, el auditorio presentaba un lleno total con mucho público de ocasión -que resulta bienvenido- incapaz, en su espontaneidad, de contener los aplausos entre movimientos. 

César San Martín y Eduardo Aladrén en la «Novena» de Beethoven con la OCNE

   Llevaba muchos años sin ver dirigir a Antoni Ros Marbá y me alegró mucho encontrarle en buena forma física e impecable clarividencia musical. Le tengo especial estima, pues era el director titular de facto de Teatro de la Zarzuela cuando empecé mi andadura como espectador de teatro lírico y le pude ver conducir muchas funciones de ópera en el recinto de la Calle Jovellanos, entonces sede de la temporada de ópera madrileña. En mi especial recuerdo los trabajos de Wozzeck (1994) y Capriccio (1996)

   La versión ofrecida por el músico nacido en Hospitalet se encardinó en la tradición germánica de sonido vigoroso y compacto, expresión enérgica y aliento romántico, todo ello desde el rigor, la capacidad de organización, el control total sobre la orquesta mediante unos tempi lentos -la interpretación le duró sobre los 75 minutos-. La Orquesta Nacional se ajustó impecablemente al planteamiento, con una cuerda tersa, redonda y empastada y unas maderas de sonido pulido y brillante. De tal forma, el primer movimiento reunió la gravedad, hondura y factura dramática correspondientes, sin poder librarse de cierta pesantez. Ros Marbá construyó un bien articulado scherzo de forma metódica y más analítica que vivaz, edificando clímax con orden y graduando el impuso rítmico. La orquesta dibujó un hermoso tercer movimiento, con todo su sentido cantabile, guiada por una batuta que paladeó la música y se recreó en el intenso lirismo del pasaje, aunque no evitó caer en cierta morosidad y alguna puntual caída de tensión. En el cuarto, Ros Marbá resaltó apropiadamente las evocaciones de los tres primeros movimientos que sellan la unidad de la obra y apuntaló una labor que fue capaz de diferenciar cada capítulo sin perjuicio de mantener la unidad formal de la obra. Los violonchelos delinearon bien la melodía principal de la «Oda a la alegría» y orquesta, coro y solistas, bien concertados por la batuta transmitieron con fuerza y carácter el mensaje fraternal culminado por una vibrante coda. 

   El coro, muy nutrido, acreditó bajo la dirección de Miguel Ángel García Cañamero, notable amplitud y rotundidad sonora cumpliendo con el efecto y grandiosidad que le reserva la partitura. Ejercieron como solistas una Yolanda Auyanet musical, pero un tanto desabrida, que apechuga con una escritura sopranil espinosa -previamente al estreno de la novena en 1824, tanto la soprano Henriette Sontag como la contralto Caroline Unger manifestaron a Beethoven su malestar por las tesituras tan agudas-. Eduardo Aladrén, tenor de centro opaco, pero que gana timbre y brillo en la zona alta; discreta, por su parte, la joven mezzo Inés López, mientras la condición de barítono de César San Martín le permitió acometer con mayor desahogo las notas agudas que tanto incomodan a los bajos, además de entonar con corrección y suficiente sonoridad, a pesar de un timbre árido, el «O Freunde, nicht diese Töne!». 

Fotos: OCNE

Inés López César San Martín OCNE Eduardo Aladrén Yolanda Auyanet Antoni Ros Marbá