CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: Hartmut Haenchen dirige la «Sinfonía nº 7» de Bruckner en Bolonia

11 de marzo de 2023

Crítica del concierto dirigido por Hartmut Haenchen en Bolonia, con la Séptima sinfonía de Bruckner en el programa

Crítica de Hartmut Haenchen dirigiendo la «Sinfonía nº 7» de Bruckner en Bolonia

Una óptima dirección

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia, 9-III-2023. Auditorium Manzoni . Temporada Sinfónica del Teatro Comunale. Sinfonía nº.7 en mi mayor op.93 de Anton Bruckner. Orquesta del Teatro Comunale. Director: Hartmut Haenchen.

  Nacido en Dresde en 1943, Hartmut Haenchen ha vivido en Alemania del Este hasta 1986 en que se transfirió a Holanda como director musical del Netherlands Philharmonic Orchestra y de la Netherlands Opera. En la DDR no dirigió solamente las orquestas del país, sino otras occidentales como la Filarmónica de Berlín y la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam. Ha dirigido también en el Festival de Bayreuth y en Italia la Accademia Nazionale de Santa Cecilia y la Orquesta Sinfónica Nazionale de la RAI. El DVD publicado por la ICA Classic con la Sexta sinfonía de Mahler ha sido galardonado con el Diapasón de Oro. En 2008 recibió la distinción alemana de la Cruz Federal al Mérito de la República como reconocimiento de su excepcional contribución a la música y a las artes. Además ha publicado ensayos sobre la música de Wagner y de Mahler.

  La primera ejecución de la Séptima sinfonía tuvo lugar en la Neues Gewandhaus Grosser Saal de Leipzig el 30 de diciembre de 1884 y fue acogida con entusiasmo por el público y los críticos, repitiendo el éxito pocos meses después en Munich y en 1886 en Viena.  Bruckner parte de un modelo sinfónico tradicional que después modifica y desarrolla. Abundan melodía y lirismo, pero también hay una oposición entre áreas armónicas y temas contrastantes. La interpretación de Haenchen se caracterizó por la ductilidad y la perfecta resolución de los contrastes. El inicio del primer movimiento Allegro moderato es solemne con dos temas: uno expuesto por los violines y el otro por las trompas, con continua alternancia de tensión emotiva y sereno sosiego.

   Destaca la intensidad del Adagio, sin duda una de las cumbres del arte de Bruckner, que estaba componiendo esta página cuando le llegó la noticia de la muerte de Wagner, que admiraba inmensamente. Este segundo movimiento comienza con un tema en dos partes: una sombría y solemne y la segunda una melodía nostálgica y conmovedora confiada a las cuerdas. La elaboración va creciendo hasta un clímax potente e impresionante, y su radiante atmósfera culmina en el golpe de platos contrastando con la magnífica Coda que le sigue con el canto luctuoso de las cuatro tubas wagnerianas, en la que resuenan ecos de la marcha fúnebre por la muerte de Sigfried. El compositor quiso en efecto añadirla al movimiento «en memoria del inmortal y amadísimo maestro».

   Haenchen imprimió al tercer movimiento, Scherzo, un impulso rítmico que determinó una positividad suprema. En el paroxismo final de los metales se notó el enlace con el primer movimiento y el director supo resolver el contraste entre los momentos rítmicos y los melódicos para llegar en un crescendo al triunfal y grandioso final. Impecable la prueba de la Orquesta Sinfónica del Teatro Comunale que, entregada y competente, supo seguir con precisión la batuta del director. El público estalló en aplausos, ovaciones y vítores, pero sin conseguir arrancarle ningún bis.

Foto: Andrea Ranzi

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