CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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Crítica: «Lucia di Lammermoor» en el Teatro Sao Carlos de Lisboa

13 de marzo de 2023

Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera Lucia di Lammermoor de Donizetti del Teatro Sao Carlos de Lisboa, bajo la dirección musical de Antonio Pirolli

«Lucia di Lammermoor» en el Teatro Sao Carlos de Lisboa

«Sobre todo Lucia di Lammermoor»

Por Raúl Chamorro Mena
Lisboa, 10-III-2023. Teatro Nacional de Sao Carlos. Lucia di Lammermoor. (Gaetano Donizetti). Rita Marques (Miss Lucia), Luis Gomes (Edgardo di Ravenswood), Gezim Myshketa (Lord Enrico Ashton), Fabrizio Beggi (Raimundo Bidebent), Marco Alves dos Santos (Lord Arturo Bucklaw), Patricia Quinta (Alisa), Sérgio Martins (Normanno). Coro do Teatro Nacional de Sao Carlos. Orquesta Sinfónica portuguesa. Dirección musical: Antonio Pirolli. Dirección de escena: Alfonso Romero Mora.

   Con la retirada de Rossini y el fallecimiento de Vincenzo Bellini el 23 de septiembre de 1835, apenas tres días antes del apoteósico estreno de Lucia di Lammermoor en Nápoles, Gaetano Donizetti accede al reinado absoluto y en solitario de la ópera italiana. Franz Liszt subraya en carta al editor Schlesinger, que las óperas de Donizetti dominan la escena italiana, «sobre todo Lucia di Lammermoor». No en vano, desde que Fanny Persiani y Gilbert Duprez dieron vida por vez primera a Lucia y Edgardo, sus peripecias, su amor imposible, que no podrá cristalizar en la Tierra, su ineludible final trágico, se han convertido en un emblema absoluto de la ópera italiana en particular y de todo el teatro lírico en general. El talento de Salvatore Cammarano como libretista y de Gaetano Donizetti como compositor se combinaron para crear una obra prácticamente perfecta tanto en lo musical como en lo dramático. Como fuente, Walter Scott, las brumas escocesas, las ruinas góticas, tormentas, fantasmas, alucinaciones, toda una referencia dentro de la estética romántica. La juventud pura e inocente de sentimientos nobles y desinteresados, que representan Lucia y Edgardo, verá cercenados sus anhelos, su pasión amorosa, por la presión social de la sociedad que les rodea, comandada por los adultos, con sus prejuicios e intereses. El Teatro Nacional de Sao Carlos situado en el mítico barrio lisboeta de Chiado se inauguró en 1793 y se trata de un coliseo de gran belleza -neoclásica su fachada, rococó el interior- además de atesorar una larga y prestigiosa historia.

«Lucia di Lammermoor» en el Sao Carlos de Lisboa

   En un principio, dos españoles iban a protagonizar esta nueva producción de una ópera tan emblemática como Lucia di Lammermoor, un monumento al melodrama romántico italiano. La soprano María José Moreno como protagonista vocal y el director de escena Alfonso Romero Mora como responsable del montaje escénico. La cancelación de la magnífica soprano española, dejó a Romero como único representante español en la producción. En su puesta en escena, como el mismo explica en el libreto -programa editado por el teatro, el universo romántico de Walter Scott, Salvatore Cammarano y Gaetano Donizetti, se convierte en el refugio o válvula de escape de una joven actual para evadirse de una dura realidad en la que su hermano la obliga a prostituirse. Dos realidades y dos épocas se reúnen en el escenario, trazando un paralelismo entre la tragedia que sufren ambas muchachas, pues la Lucia de Donizetti debe sacrificar su felicidad por las presiones de su hermano, que la aboca a un matrimonio de conveniencia y su propio confesor se alía con él para obligarla al mismo. En fin, una idea nada nueva, pero que puede funcionar, resultó eficazmente realizada y permite a su autor subirse a la ola del feminismo reinante. La Lucia actual, humillada por su hermano yonkee y sus amigotes, acaba a tiros con todos ellos, un paralelismo con el asesinato de su esposo en la noche de bodas por parte de la protagonista de la ópera. Ambos personajes se unifican en la escena de la locura con Lucia huyendo en un coche para morir estrellándose. Ver a la soprano protagonista cantar su gran escena de la locura conduciendo un vehículo con Enrico y Raimundo observando la escena a través del móvil y el propio público en primer plano en una proyección de vídeo provocó las risas de gran parte de los espectadores. Y no estamos ante una ópera buffa, precisamente.

   Dos jóvenes cantantes portugueses han defendido los personajes con sus limitaciones, pero con ganas y buenas intenciones. La soprano Rita Marques se enfrentaba a uno de los papeles más exigentes y emblemáticos de la literatura operística y lo sacó adelante, aunque con mucho margen de mejora y elementos por pulir. El timbre carece de belleza, un tanto áfono en el centro, pero con extensión y seguridad en la zona alta, y la cantante es musical, cuida la línea y las dinámicas, como pudo apreciarse en su cavatina «Regnava nel silenzio», si bien la coloratura en la cabaletta «Quando rapito in estasi» no pasó de aproximativa. Todo ello demuestra que la joven soprano está aún muy verde y con camino por delante para afianzar la técnica. Algunos pasajes de emisión calante, frases que no terminan de rematarse afearon su interpretación, que, sin embargo, encontró su mejor momento en la escena de la locura que sacó adelante de manera apreciable. Tuvo mérito, pues debió cantar una de las escenas más complicadas de la historia de la ópera, mientras conducía encajonada en un coche. Un mi bemol alargado a placer culminó la cabaletta «Spargi d'amaro pianto» y concitó las mayores ovaciones de la noche. El tenor Luis Gomes demostró dominio del estilo, musicalidad y buen gusto en el fraseo, además de vibrantes acentos, aunque debe luchar con un material vocal muy modesto. Una voz pequeña, corta y aquejada de un molesto vibrato caprino que llegó justa al final resolviendo de forma muy apurada el exigente «Tu che a Dio spiegasti l'ali».

   Emisión dura, timbre ingrato, agudos forzados y modos muy toscos, faltos de la nobleza y estilo requeridos, el Enrico del barítono Gezym Mishketa. La voz más sonora de la noche fue la del bajo italiano Fabrizio Beggi como Raimondo, aunque sus modos canoros no destacaron por su finura, a lo que hay que sumar una afinación más que sospechosa. Cumplidor Marco Alves dos Santos como sposino, al igual que Patricia Quinta y Sergio Martins en los papeles de Alisa y Normanno, respectivamente. La dirección de Antonio Pirolli destacó más por el oficio y cierto pulso teatral, que por los detalles, que brillaron por su ausencia al igual que la articulación, sin poder evitar una sensación de trazo grueso y superficialidad. Orquesta un pelín estridente. Más templado el coro. Se interpretó la versión con los cortes tradicionales y sin la escena de las ruinas de la torre de Wolferag.

Fotos: António Pedro Ferreira

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