CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: Thomas Adès y Anthony Marwood con la Orquesta Nacional de España

14 de marzo de 2023

Crítica de David Santana del concierto de  Thomas Adès al frente de la Orquesta Nacional de España

Thomas Adès con la Orquesta Nacional de España

Espejos y paternidades

Por David Santana | @DSantanaHL
Madrid, 12-III-2023. Auditorio Nacional de Madrid. Orquesta Nacional de España, Thomas Adès, director. Anthony Marwood, violín Tower, for Frank Gehry; Märchentänze, para violín y orquesta y The Exterminating Angel Symphony de Thomas Adès; Taras Bulba y Sinfonietta de Leos Janácek.

   Programar puede ser un arte. La sutilidad con la que algunos programas como el de esta última velada de la Orquesta y Coro Nacionales de España [OCNE] consiguen jugar con la experiencia del oyente resultan realmente divertidas. Las notas al programa nos dan ya algunas pistas al respecto, aunque la redacción pueda resultar un tanto confusa al contar con referencias cruzadas similares a las que plantea el propio concierto.

   Tower, for Frank Gehry para 14 trompetas abre el concierto realizando así un paralelismo con la obra final, la Sinfonietta de Janácek, que comienza también con una fanfarria. En ambos casos los metales consiguieron redondear el sonido, logrando un acabado compacto y con la potencia justa para impresionar, pero sin caer en el exceso.

  La Sinfonietta prosigue con la reinterpretación de Janácek de la música étnica de su Moravia natal y algo similar hace Adès en su Märchentänze con varias melodías inglesas. Compuesta originalmente para violín y piano en 2020, la obra evoluciona a la sonoridad orquestal de forma natural, sin perder, por ejemplo, la ligereza de la danza inicial a pesar del considerable aumento de particellas. El Giusto, ritmico resulta casi irónico en su estatismo. Destacó en éste el fiato del violín de Anthony Marwood que se replicó de forma idéntica en el clarinete, en ambos casos se aprecia el idiomatismo de la música vocal. El solista destacó precisamente por dar a su papel un carácter puramente lírico.

   Restan A Skylark, for Jane, el corazón minimalista de la pieza y Swift que, sin abandonar del todo esta técnica compositiva, la «evoluciona» añadiendo un segundo tema y una estructura que se apoya en un riquísimo contraste de timbres.

   El paralelismo con la Sinfonietta es evidente. En esta última tras la fanfarria inicial, se abre un Andante ágil en el que destaca el ostinato de los vientos, preciso y ligero que desemboca en temas más líricos. Se pone en contraste con el Moderato en el que los timbres de los graves de la sección de viento metal dotan a la escena de melancolía y romanticismo. En el Allegretto las trompetas inician un tema que se repetirá constantemente pasando por distintos instrumentos, dando así unidad a todo el movimiento, de forma similar que ocurría con el tema de A Skylark, for Jane. Pone la nota discordante el movimiento final dedicado al ayuntamiento de Brno, con el mismo carácter triunfal que el Swift, sí, pero mucho más mayestático.

   Cambiamos de tercio con la intromisión del poema sinfónico Taras Bulba de Janàcek. La elección de esta pieza pone sobre la mesa una cuestión de más peso. Tarás Bulba es un cuento de Nikolái Gógol que narra la historia de un líder cosaco ucraniano que en el proceso de lucha contra la dominación polaca pierde a sus dos hijos —a Andrei lo mata él mismo— e incluso su propia vida. El final trágico de la historia deja al lector compungido y sin tener una respuesta clara a la gran pregunta: ¿mereció la pena el heroísmo de Tarás Bulba?

   Bajo esa cuestión de «merecer la pena» discurren las dos obras que restan de la velada. La música de Taras Bulba resulta especialmente bella para lo espantoso de los hechos que intentan narrar. Destaca el gran sonido de la compleja estructura que, en el movimiento final, Profecía y muerte de Taras Bulba, se empieza a construir a partir del L’istesso tempo con la irrupción del timbal y que con este mismo instrumento finaliza de forma abrupta antes de retomar una Coda majestuosa cuyo paralelismo con el Egmont es imposible no advertir. Ambas piezas coinciden también en las dificultades que exigen para la dirección melódica debido a los distintos momentos de tensión y distensión que se suceden. Me temo que Adès no ofreció un Taras Bulba excepcional, correcto pero plano y con poco que destacar. Algo similar ocurrió con la Sinfonía El ángel exterminador. La excelencia de la música, ahora despegada de la escena, requiere de una mayor elaboración por parte del maestro para poder transmitir del mismo modo y generar una nueva narrativa que impacte al oyente que merece sentir que está escuchando algo más que un popurrí de buena música. 

   El concierto de este fin de semana nos reveló que el gran talento de Thomas Adès es la composición y no la dirección. Ésta no destacó más que por sus toscos movimientos, excesivamente técnicos y poco elegantes. No obstante, no puedo evitar ver cierto heroísmo en el hecho de que sea el propio compositor el que dirija su obra. ¿Quién va a tratar mejor a sus hijos que su propio padre? En fin, quizás Andrei, el hijo de Taras Bulba, tenga algo que decir al respecto.

Fotos: OCNE

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