CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Portada

Crítica: El Cuarteto de Leipzig inicia el ciclo que la Fundación Juan March dedica a «Shostakóvich y la censura soviética»

17 de marzo de 2023

«Concluía así el acalorado debate entre dos mundos que se dieron en la naciente Unión Soviética. Mundos que serían condenados y exterminados, los primeros por modernos y los segundos por burgueses»

Modernos y antimodernos

Por David Santana | @DSantanaHL
Madrid, 15-III-2023, Fundación Juan March. Ciclo Shostakóvich y la censura soviética. Con la aprobación de Stalin. Cuarteto n.º 3 de Nikolái Roslavets; Cuarteto n.º 1, op. 24 de Aleksandr Mosólov; Cuarteto n.º 3, «Suite pour quatuor à cordes» de Arthur Lourié; Cuarteto n.º 8 en do menor, op. 110 de Dimitri Shostakóvich. Cuarteto de Leipzig: Stefan Arzberger, Tilman Buening [violines], Ivo Bauer [viola], Peter Bruns [violonchelo].

   La propia existencia de la modernidad determina que debe existir también su contrario, su némesis: la antimodernidad.

   La Fundación Juan March programa bajo el título Shostakóvich —con tilde, como corresponde en castellano— y la censura soviética tres conciertos de música de cámara en los que se pretende abrir una ventana a la convulsa primera mitad del siglo XX en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En ellos escucharemos los primeros coletazos de la modernidad en las tierras rusas, su respuesta y, finalmente, el intento de destrucción por parte de Stalin y el camarada Andréi Zhdánov de este excelente entorno cultural que establecía un amable diálogo entre Moscú, Leningrado y París.

   Tiene lugar este ciclo al mismo tiempo que el Teatro Real programa la ópera La nariz de Shostakóvich. En el contexto actual tiene su relevancia pues, mediante la música, puede que en más de uno despierta la sorprendente idea de que el pueblo —ruso en este caso— no tiene por qué concordar con sus gobernantes.

   En el primero de los conciertos se presentan cuatro cuartetos bajo el título Con la aprobación de Stalin. Esta elección de título merece una reprimenda: el Cuarteto n.º 3 es de 1920 y, por lo tanto, anterior al nombramiento de Stalin como secretario general del PCUS; los cuartetos de Mosólov y Lourié son de la década de 1920, anteriores a la centralización del poder en torno a la figura de Stalin a partir de 1929 y, finalmente, el Cuarteto n.º 8 en do menor, op. 110 de Shostakóvich es siete años posterior a la muerte del tirano.

   Despegados ya de la innecesaria figura de Stalin podemos adentrarnos en el verdadero meollo de la cuestión: la lucha entre modernos y antimodernos.

   Era esta una guerra que se estaba librando ya en toda Europa con París como gran campo de batalla de la cultura en el que aquellos que miraban hacia el futuro sin remordimientos y aquellos que aún veían algo de valor en portar la antorcha de la tradición chocaron en la forma de comprender el arte. El programa interpretado por el Cuarteto de Lepzig nos muestra dos ejemplos de cada una de estas visiones. En la primera parte, la modernidad encarnada por leales bolcheviques y en la segunda, la antimodernidad representada por un católico de gustos burgueses y un compositor desencantado ya con una revolución que no había dado el fruto esperado.

   Golpean primero los modernos con el Cuarteto n.º 3 de Roslavets. Una pieza nerviosa en un único movimiento que dirige la melodía a un punto culminante que no termina de llegar. Escuchamos un excelente uso de los matices por parte del Cuarteto de Leipzig y una textura cohesionada en la que sobresale el cálido timbre de la viola de Ivo Bauer y el cristalino violín de Stefan Arzberger.

   Continua Aleksandr Mosólov con un interesantísimo Cuarteto n.º 1, op. 24. El Andante non troppo tiene un ritmo omnipresente que recuerda al latido del corazón humano. Se alternan ostinatos y silencios en un baile en el que el joven Mosólov, con tan solo 26 años, explora todas las posibilidades sonoras —incluso las percutidas— que el género del cuarteto le ofrece. El Cuarteto de Leipzig fue capaz de darle unos timbres muy atractivos: Bauer lírico, Peter Bruns rítmico y los violines, Arzberger y Buening, sonoros aún incluso sul ponticello.

   En el segundo asalto escuchamos, en primer lugar, la propuesta de Arthur Lourié: un Cuarteto n.º 3 parisino que tiende la mano a la suite barroca. La emoción se impone a la forma. El Hymne destaca por la gran expresividad. El Cuarteto de Leipzig supo imprimirle gran intensidad creando una textura firme construida a base de un sonido con gran presencia. Bauer estuvo excepcional en el Choral y la Marche funèbre destacó por el delicado equilibrio que consiguieron alcanzar entre expresividad y ritmo.

   Finaliza la contraargumentación antimoderna con uno de los cuartetos más melódicos del maestro Shostakóvich. El Cuarteto de Leipzig sacó un gran sonido al Largo logrando construir los graves una línea ininterrumpida de sonido. Arrancó Arzberger el Allegro molto con mucho peso en el arco, preludiando el error que casi obliga al cuarteto a comenzar de nuevo. No fue así por la cabezonería de Peter Bruns, quien metido de lleno en la obra parecía completamente poseído por un ritmo imparable que logró mantener hasta el final, salvando así los trastos. Bruns estuvo, así mismo, impecable en el Allegretto. Se resarció Arzberger en el penúltimo Largo con un pianissimo de gran delicadeza.

   Aposté que, de haber propina, escucharíamos de nuevo el Allegro molto. Perdí la apuesta. En su lugar el Cuarteto de Leipzig nos brindó un coral cuya identidad no he logrado averiguar, pero que, de algún modo podría encajar en esta sección antimoderna. «Debería haber normas contra las propinas» comentó alguien que sabe más que yo al finalizar.

   Concluía así el acalorado debate entre dos mundos que se dieron en la naciente Unión Soviética. Mundos que serían condenados y exterminados, los primeros por modernos y los segundos por burgueses.

Fotografías: Dolores Iglesias/Archivo Fundación Juan March.

Aleksandr Mosólov Cuarteto de Leipzig Crítica Arthur Lourié Nikolái Roslavets Fundación Juan March Shostakóvich