CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: Alexander Liebreich y Carles Marín con la Orquesta de Valencia

25 de abril de 2023

Crítica del concierto de la Orquesta de Valencia, bajo la dirección de Alexander Liebreich, con el pianista Carles Marín como solista

Carles Martín con la Orquesta de Valencia

 Titán magníficamente expresiva

Por Alba María Yago Mora
Valencia, 21-IV-2023. Palau de Les Arts «Reina Sofía». Carles Marín, piano. Orquesta de Valencia. Director: Alexander Liebreich. Obras de Francisco Coll, Saint-Saëns y  Mahler.

   El pasado viernes la Orquesta de Valencia rindió homenaje al histórico trompista español Vicente Zarzo. Y qué mejor manera de hacerlo que con el estreno de Elysian, de Francisco Coll. La obra es un coencargo del Palau de la Música de Valencia y de la Toronto Symphony Orchestra, y fue concebida como el retrato de la vida de una ciudad cosmopolita en un momento tan trascendental como la pandemia. Durante su interpretación se pudo distinguir su forma rondó, en la que se alternaron secciones fuertes y rápidas -que nos transportaron a la actividad frenética de la ciudad- con otras más serenas y expresivas -simulando esos momentos de calma que se encuentran dentro del caos-. Elysian logró llamar la atención de todos los allí presentes, tanto por la ansiedad que provocaron sus secciones más ávidas como por la serenidad de sus fragmentos más calmados. Se consiguió transmitir el ideal de la metrópoli como un mundo en sí mismo, de cual surge su título.

   A este estreno europeo le siguió el Concierto para piano y orquesta nº5 en fa mayor, op.103 «Egipcio» del último bastión de la elegancia romántica: Camille Saint-Saëns. Siendo el más programático de los conciertos que compuso, en él pudimos encontrar referencias directas al croar de las ranas en el Nilo, un canto de amor nubio, y la alegría de cruzar el mar expresada por el zumbido de las hélices del barco. La interpretación de Carles Marín podría haberse convertido en nuestra favorita, pero en demasiadas ocasiones la orquesta no encontró el balance adecuado. De haber logrado un mejor equilibrio, la ferocidad de algunas de las interpretaciones podría haberse notado menos, y nos habría dejado disfrutar de las filigranas del pianista. A pesar de esto, Marín hizo una interpretación sutil, con mucho gusto y más refinamiento, logrando que su virtuosismo sonara sin esfuerzo. Logró transmitir el orientalismo de este quinto concierto, tocando su música como si fuera la mejor jamás escrita. Ingenio, vitalidad, sensualidad, ímpetu y una esencial ligereza de toque son solo algunos de los calificativos que se ganó este gran solista, que se despidió del público con la interpretación de un fragmento del Andante Moderato de la Sonata en fa menor, L.118/K.466 de Scarlatti. Toda una joya, la pieza y la interpretación.

Liebreich y la Orquesta de Valencia con Francisco Coll

   Y al fin llegó Titán. A pesar de un comienzo tardío, Mahler se convirtió en el niño mimado de los amantes de la música, y por una buena razón. Sus obras combinan buenas melodías románticas del siglo XIX junto con el modernismo a menudo extraño, caótico y experimental del siglo XX. No se muestran mejor estas características que en su Primera sinfonía. Liebreich manejó todo esto con la facilidad de alguien que ha estado dirigiendo a Mahler toda su vida. A pesar de ello, no logró proyectar las nieblas iniciales de manera atmosférica, quizás debido a la falta de coordinación entre algunas secciones del viento, pero estuvo cerca. Se lanzó también a la creación «controlada» de melodías mahlerianas, un control que nunca llegó a sobrepasar los límites del melodrama o sentimentalismo. De esta manera consiguió una forma magníficamente expresiva. El alemán sugirió un amplio alcance sinfónico, encontrando vínculos entre los variados movimientos en lugar de simplemente tocarlos como entidades separadas y dispares. Presentó un retrato convincente de la obra como un todo, aumentando nuestra conciencia sobre la importancia de cada movimiento sin que la sinfonía perdiese nunca la cohesión interna o la unidad global. No hace falta decir que también fue bastante emocionante cuando la música lo requirió, como en el inicio del movimiento final, y tan embelesado y burlón como fue necesario. Todo pareció funcionar bastante bien en conjunto. El final fue excepcional. La orquesta logró crear un sonido de Mahler genuino. Los metales sonaron fantásticos -especialmente las trompas, que emocionaron a toda la audiencia- y las cuerdas tuvieron el mordisco necesario. Fue realmente emocionante. Sería difícil destacar las mejores intervenciones, por numerosas, pero especialmente las de Roberto Turlo (oboe) e Ignacio Soler (fagot) consiguieron dotar de carácter y expresividad muchas de las melodías principales. La percusión fue espectacular, como siempre. 

Foto: Live Music Valencia

Liebreich y Carles Marín con la Orquesta de Valencia
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