CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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JESÚS IGLESIAS NORIEGA: «En un par de años tendremos el primer estreno mundial de una ópera encargada por Les Arts»

4 de mayo de 2023

Aurelio M. Seco entrevista en Codalario a Jesús Iglesias Noriega, director artístico del Palau de les Arts «Reina Sofía» de Valencia

Jesús Iglesias Noriega

JESÚS IGLESIAS NORIEGA: «En un par de años tendremos el primer estreno mundial de una ópera encargada por Les Arts»

Una entrevista de Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
Usted es asturiano y estudió música en esta región.
 
Sí, nací en Gijón. Crecí en Asturias y viví allí hasta que terminé la universidad. Empecé a estudiar piano en una academia de Gijón, un centro privado que se llamaba Santa Cecilia, si no recuerdo mal. Seguí mis estudios de piano con F. Jaime Pantín y Amador Fernández. Después entré en la universidad para estudiar Económicas y, poco a poco, me fui volcando cada vez más hacia el lado de la gestión. Hice el máster en gestión cultural del ICCMU y, después, me trasladé a vivir a Argentina por un proyecto relacionado con la universidad. Allí entré en contacto con el Teatro Colón de Buenos Aires.
 
¿Cómo fue su experiencia allí?
 
Yo viví la época en la que en Argentina existía la paridad peso-dólar, con lo que había una cierta estabilidad económica. El Colón es un gran teatro, de los de tradición, de esos que cuando tú estás allí sientes de alguna forma el peso de la historia. Ese punto de romanticismo es bonito. 
 
¿Es la mejor acústica que ha oído?
 
La acústica es impresionante, pero más para el público que para los cantantes. Es un teatro muy grande en el que, sin embargo, se vendían muchas entradas de pie porque, aunque las voces fueran pequeñas sobre el escenario, se lograban oír muy bien en cualquier esquina del teatro. Yo recuerdo cantantes de voz pequeña en el Teatro de la Zarzuela que, cuando meses más tarde iban al Colón de Buenos Aires, se les oía mucho mejor. No soy de los que suelen decir «esto es lo mejor…». Es una gran acústica, pero desde el punto de vista de los cantantes, muchas veces la voz no retornaba tan fácilmente: el artista no se escuchaba tan bien. En el Teatro Real, sin embargo, el retorno es muy bueno. Los artistas cantan muy cómodos. Pero en esas salas tan grandes la voz no vuelve tan fácilmente, algo importante, porque no es bueno que se tenga que empujar demasiado la voz y forzarla. La gente histórica del Colón decía que cuando un cantante veía la sala y su acústica le cambiaba la cara y le daba un cierto respeto. La acústica es un gran misterio, incluso ahora que es una ciencia que se hace con acústicos. Hay una sala que puede tener parámetros excelentes pero cuyas cualidades no se sienten de la misma forma por parte del público.

¿En qué momento está la orquesta? Hay quien aseguraba que era la mejor de España. 
 
Es una orquesta de grandísimo nivel, un conjunto joven, creado hace alrededor de 15 años con gente nueva, lo que es una gran ventaja. Es más fácil crear algo de cero que tener que mejorar lo ya hecho. Cuando yo entré en la institución había algunos altibajos, debido a una crisis de contrataciones de personal, tasas de reposición, e incluso un ERE, cosas que afectaron a la orquesta. Entonces no se podrían cubrir plazas.

Cuando yo llegué había 74 músicos, pero sólo tenía cubiertas 54 plazas fijas. Ahora ya tenemos 76, y todas las plazas no digo que estén cubiertas, pero hemos sacado 22 para cubrir y eso sí es incorporar nuevos miembro a la orquesta. La orquesta está ahora en un buen momento, aunque hay que decir que su calidad nunca se ha visto mermada, porque cuando se han tenido que hacer refuerzos lo eran para toda la temporada. Creo que se ha logrado cierta cohesión. Los grandes directores que normalmente vienen a España de gira con sus orquestas, cuando dirigen la nuestra, que es una de las pocas que dirigen como invitados en nuestro país, se sorprenden de su calidad. «Nunca imaginé que fuera tan buena», afirman con frecuencia. La orquesta es uno de los grandes lujos de esta institución. Además, contar con un coro como el de la Comunidad Valenciana, que ya existía, y que este año cumple 35 años, es una garantía de unos estándares de calidad muy grandes.

¿Qué le falta a la orquesta?
 
Para tener la estructura de orquesta realmente adecuada todavía faltan tres plazas por crear y un proceso de reestructuración de puestos en algunas secciones, pero el esfuerzo enorme que se ha hecho por parte de la Consejería de Cultura de cubrir tantas plazas en tan poco tiempo les ha dado tranquilidad a los músicos y continuidad.
 
Estoy muy contento de haber consolidado un ciclo sinfónico que la orquesta pueda hacer en paralelo con su trabajo de foso, que a veces limita el crecimiento, mientras que trabajar con estilos y directores diferentes es algo positivo porque permiten al conjunto ganar en flexibilidad. En los últimos meses acabamos de ofrecer una Segunda sinfonía de Mahler de primer nivel. En junio tendremos la Sinfonía alpina de Strauss, con Fabio Luisi. Estamos planteando obras que sean grandes retos para ayudar a la orquesta a crecer. Entre los músicos hay una muy buena combinación entre las nuevas incorporaciones y la consolidación de los que ya estaban. También hay que ayudar con un repertorio que permita a la orquesta mostrar sus cualidades y crecer.

Se ha anunciado que usted seguirá al frente de la institución hasta 2026 como mínimo. Viniendo de un período de tanta inestabilidad en la dirección artística, ¿cuál es su secreto?
 
Yo creo que la propia institución también se va asentando. Cuando uno es joven todo es más difícil y la institución tuvo algunos momentos convulsos, que yo vi un tanto de lejos, porque estaba en Ámsterdam en esos momentos. Básicamente es cuestión de dar normalidad a las cosas buscando la mayor calidad posible. También tengo que decir que me he beneficiado de una situación económica muy estable, con un incremento de la aportación de la Consejería de Cultura y la entrada del Ministerio de Cultura al patronato, lo que ha permitido mejorar su aportación económica. El resultado es que, en estos cuatro años, he podido trabajar con tranquilidad, con el apoyo de los órganos de gobierno, sin interferencias y con total confianza. En la parte técnica hay profesionales de primer nivel. Conjugando el apoyo económico y político con el de la sociedad civil y confiando en la gente de la casa…. Si todos remamos en la misma dirección…. Me siendo afortunado de haber vivido este período y me imagino que algo también habré aportado. Es verdad que hay esa sensación de que finalmente estamos ante una etapa tranquila donde se está trabajando bien, con espectáculos de calidad y con el público respondiendo bien ante ellos.

Usted también ha querido abrir el teatro a «otras músicas».
 
 Hay que entender que esto es un centro cultural propio de una capital europea y que poseemos varias salas a las que hay que sacar una rentabilidad, si no económica, sí social. Si nos cicunscribimos a hacer sólo ópera (hacemos 5 funciones, y 6 si uno de los títulos es popular), sería tener una organización infrautilizada. Hay  que dar sentido también al centro cultural y trascender a la ópera. Ya había ciertas actividades, pero lo hemos estructurado. Así, todos los años hacemos un título de zarzuela, pero también un ciclo de lied, de danza, de grandes voces, el ciclo sinfónico..., pero diferenciado de lo que hace la Orquesta de Valencia, que es la tradicional de la ciudad, intentando que en el repertorio haya, por ejemplo, algún solista vocal. También hemos abierto un ciclo de música barroca, siempre con contenido vocal, y otras músicas, incluido el flamenco, atendiendo a otros géneros, porque todos los géneros tienen calidad. No porque se trate de ópera va a tener siempre calidad. Hay óperas malas y cantantes de música tradicional buenos, así que al final uno tiene que buscar la calidad y diversidad. En una institución joven hay que incluir a mucha gente que disfrute de esto. A mí me encantaría que a todo el mundo le gustase la ópera, pero no podemos obligar a nadie. También hemos llevado parte de nuestra programación a otros lugares de la Comunidad Valenciana. El ciclo sinfónico se repite casi entero en Castellón, y también queremos impulsar nuestra colaboración con Alicante.
 
¿Es a usted a quién se le ha ocurrido la denominación «Les Arts»?
 
Esto es una gran discusión. Cuando yo llego, el nombre oficial era el de Palau de les Arts «Reina Sofía». Había gente que le llamaba Palau, otra Les Arts, otra Reina Sofía, por lo que había una falta de identificación de marca. Yo suelo decir Les Arts, y es la marca que queremos vender para identificar el nombre. Cuando coges un taxi y dices «Al Palau», te llevan al Palau de la Música. Los taxistas nos conocen como «el Reina Sofía». Se trataba de unificar, porque Palau de les Arts Reina Sofía nos parecía demasiado largo. Fue una idea que abrimos a la discusión cuando entramos en el equipo directivo, y que hablamos con una empresa de imagen que también era nueva. El nombre oficial sigue siendo Palau de Les Arts Reina Sofia, lo que se buscó fue un nombre más corto, y unificado, que se pudiera utilizar como marca.

¿Y ahora Tristán e Isolda de Wagner?
 
Sí, por fin ha vuelto Wagner. Esta casa se abrió por todo lo alto en su día con una Tetralogía completa. Wagner enseguida formó parte del ADN de Les Arts, y desde entonces, en 2013 se hizo una reposición de La valquiria, nada más, así que todo el mundo preguntaba por Wagner, que vuelve ahora para poner de manifiesto de manera bestial la calidad de la orquesta, además de tener un reparto de gran nivel. Para mí esta producción es especial, porque llevo años trabajando con Àlex Ollé, que nunca había hecho nada para Les Arts. A mí me interesa hacer nuevas estéticas e invitar a autores importantes que nunca hayan venido. Entre la Tetralogía y la reposición de 2013 hubo además Parsifal. La «novedad» de las funciones de Tristan es que hacía 10 años que no se programaba un título de Wagner.
 

¿Cuáles son sus plates para la entidad en los próximos años?
 
Seguir con esta línea de trabajo, aportando nuevos títulos que no se hayan hecho, aunque volvamos también a cierto repertorio. Hay que tener en cuenta que en estos años hemos hecho Barroco, con Ariodante, que nunca se había visto en Valencia, o La coronación de Poppea que se ha podido ver en el festival de Aix en Provence, bajo la dirección escénica de Ted Huffman y musical de Leonardo García Alarcón. También tenemos Ernani, que es un título que faltaba de Verdi, o Jenufa de Janacek. En un par de años tendremos el primer estreno mundial de una ópera encargada por Les Arts, y será del compositor español Francisco Coll. También seguiremos con la «Trilogía Tudor» de Donizetti.


¿Qué obras ha escuchado últimamente que le hayan emocionado?
 
La Poppea que tendremos fue un gran espectáculo, con gente joven además, o la Jenufa que hemos tenido, con una participación de Petra Lang que no hay que pasar por alto. En realidad, en casa no siempre oigo ópera. De hecho, a veces incluso oigo menos ópera y música clásica que, por ejemplo, copla, tango o jazz. Me gusta la música para piano y el lied. El formato pequeño se está perdiendo, por eso es una reivindicación que queremos hacer desde Les Arts. A mí personalmente me gustan las músicas populares, las de la tradición y el folclore. No hablo tanto de pop o rock. Para la música popular soy más antiguo. También el tango y el flamenco, que me gusta más puro que modernizado, o el fado. No estoy cerrado sólo a un tipo de música, porque las músicas beben de lo tradicional y popular. La propia música clásica lo hace.

Foto: Mikel Ponce

 

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