CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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Crítica: «Tristán e Isolda» en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia

3 de mayo de 2023

Crítica de la ópera Tristán e Isolda de Wagner en el Palau de Les Arts «Reina Sofía» de Valencia, bajo la dirección musical de James Gaffigan y escénica de Àlex Ollé (La Fura dels Baus)

«Tristán e Isolda» de Wagner en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia

Luces y sombras

Por Alba María Yago Mora
Valencia, 30-IV-23. Palau de les Arts. Tristán e Isolda de Richard Wagner. Stephen Gould, Ain Anger, Ricarda Merbeth, Kostas Smoriginas, Moisés Marín, Claudia Mahnke, Martin Piskorski, Alejandro Sánchez. Dirección musical: James Gaffigan. Dirección de escena: Àlex Ollé. Coro de la Generalitat Valenciana. Orquesta de la Comunidad Valenciana.

   La famosa producción de la Opéra de Lyon de Tristán e Isolda de Richard Wagner, bajo la dirección musical de James Gaffigan, hizo otro afortunado regreso al Palau de Les Arts. La dirección de escena de Àlex Ollé (La Fura dels Baus) le dio una vida visual impresionante a un trabajo que, a pesar de todas sus glorias musicales, corría el peligro de ser extremadamente estático. Al proporcionar un fondo enorme y cambiante dominado por figuras que representan a los personajes del título (a menudo sumergidos en el agua), la instalación de video de Franc Aleu, la iluminación de Urs Schönerbaum ofrecieron un comentario conmovedor y poético sobre lo que se canta en el escenario. 

   El hecho de que las óperas de Wagner sean por lo general el doble de largas que la mayoría de las demás se debe a su tendencia a sondear las profundidades de la mente y las emociones de sus personajes, y a exprimir hasta la última gota de profundidad de sus historias. Wagner quería que sintiéramos el sufrimiento de sus personajes, su alegría, su frustración y sus triunfos. Lo asombroso de Tristán e Isolda es que es en la psique de los personajes donde transcurre la acción, y que ésta germina en la música. Esta es, sin duda, la ópera más retadora tanto a nivel emocional como mental. Cualquier actuación que transmita estos sentimientos con éxito general, especialmente en Tristán e Isolda, debe considerarse excelente, y esta lo fue.

   Tristán e Isolda representó un desafío para su director musical (después del Don Giovanni de Minasi), que en su mayor parte superó magníficamente. Desde el famoso Preludio (tocado a un ritmo perfectamente controlado) en adelante, Gaffigan logró una actuación de enorme energía y suntuoso tono musical de la Orquesta de la Comunidad Valenciana. Rara vez la enorme fuerza orquestal abrumó a los cantantes bajo su dirección. El neoyorquino explotó no solo el potencial visual sino también el sonoro de la Sala Principal del Palau de Les Arts. Momentos como la escena final del Acto I, durante la cual los cantantes, los miembros del coro y los músicos de la orquesta actúan desde todos los ángulos y alturas del auditorio, se representaron de manera emocionante.

«Tristán e Isolda» de Wagner en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia

   La soprano alemana Ricarda Merbeth, una de las cantantes líderes de su campo, considerada como una de las intérpretes más destacadas de Wagner y Strauss de nuestro tiempo, interpretó el enormemente exigente papel de Isolda. Si bien su voz fue hermosa, hubo una aspereza en su tono que fue a la vez desconcertante y emocionantemente inolvidable, pero la artista supo adaptarse a las respuestas cambiantes de su personaje. En el Acto I, por ejemplo, la fealdad del canto que comunicaba tanto su furia por haber sido enviada de Irlanda a Cornualles para convertirse en la esposa del rey Marke, como su enfado por la aparente indiferencia de Tristán, a quien se le encomendó la tarea de acompañarla en el viaje. Su interpretación del famoso Liebestod al final de la ópera fue distintiva. Si bien es cierto que siempre surgen juicios y comparaciones en las diferentes interpretaciones de este aria, los vítores la recibieron en su último toque de telón. 

   El tenor estadounidense Stephen Gould tuvo una voz inicialmente menos singular pero confiable como Tristán. El papel es monstruoso y muy difícil de interpretar,  implacable, con una gran demanda de peso vocal y tesitura. Paradójicamente, su calidad canora realmente cobró vida cuando, después de ser herido de muerte por el malvado Melot (interpretado con fruición por Moisés Marín) y llevado a su tierra natal, esperaba ansioso la llegada de Isolda. Ain Anger como el rey Marke no fue tan conmovedor ni tan noble como otros artistas que se han escuchado en el papel, pero cantó con dignidad y gran autoridad. Fue interesante que se pudiera llegar a percibir cierta dimensión homoerótica del amor de Marke por Tristán; tal lectura ciertamente corresponde a la forma en que su relación ha sido retratada en varias fuentes medievales utilizadas por Wagner, y es que Marke parecía mucho menos preocupado por la infidelidad de su nueva esposa que por la traición de Tristán.

   Otros dos papeles cruciales en la ópera fueron los respectivos asistentes de los personajes principales. Una maravillosa Claudia Mahnke como Brangäne y Kostas Smoriginas como Kurwenal cantaron y actuaron con gran convicción, siendo la primera particularmente efectiva en el Acto II cuando, ubicada en los tramos superiores del auditorio, vigilaba a los dos amantes. Kurwenal mostró una conmovedora transformación de un secuaz un tanto grosero en el Acto I a un fiel compañero y amigo de Tristán en el Acto III.

   A pesar de todas las maravillas visuales de esta producción, nos quedamos con la extraordinaria música de Wagner, interpretada por primera vez en 1865, pero que ya llegaba a los límites de la tonalidad (escuchando el tema recurrente de la flauta del pastor al comienzo del Acto III- interpretado maravillosamente por Ana Rivera al corno inglés- pudimos hacernos una idea de cómo suena el moderno lenguaje musical de Wagner). Tantos otros aspectos del "espectáculo" fueron tan consistentemente magníficos que ninguna persona pudo sobresalir. Todo funcionó de manera brillante, desde la dirección de Gaffigan, donde los tempos siempre parecen perfectamente elegidos, hasta los brillantes efectos de iluminación de Urs Schönebaum, que extraen detalles visuales de la sombría pero efectiva escenografía de Alfons Flores. La Orquesta de la Comunidad Valenciana interpretó la música de manera perfecta. Una orquesta formidable, un director visionario y un elenco resistente de cantantes flexibles hicieron que el compromiso que se obtuvo fuera absolutamente único. 

Fotos: Miguel Lorenzo / Mikel Ponce

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