CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas

Crítica: Moonwinds, de estrenos en las «Series 20/21» del CNDM

24 de mayo de 2023

«Termina con esta mirada a oriente un reconocimiento a un compositor cuya obra ha sabido adaptarse a los tiempos gracias la curiosidad y la sabiduría que siempre acompañan a su música»

Euterpe y Calíope

Por David Santana | @DSantanaHL
Madrid. 22-V-2023. Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. CNDM. Series 20/21. Poema, Estampas de Kwaidan, Quadern de Haikus e Introducción, cadencia y aria de Benet Casablancas; Klänge von Lethe de Toshio Hosokawa; Upflight of butterflies de Charlotte Bray; y Like a tiny frop of dew de Laura Vega. Moonwinds: Julia Gallego [flauta], Veriko Tchumburidze [violín], Salvador Bolón [violonchelo], Juan Carlos Garvayo [piano] y Joan Enric Lluna [clarinete y dirección].

   Va llegando a su fin la temporada del ciclo Series 20/21 del CNDM de la que el compositor español Benet Casablancas ha sido el gran protagonista. Durante este curso 2022-2023 hemos podido acercarnos a la figura de un compositor fascinante, polifacético y con un estilo plenamente reconocible.

   En este último concierto de la temporada –ofialmente, pues queda un concierto a cargo de Iván Martín, que fue aplazado en su día por motivos de salud– pudimos apreciar la capacidad de Casablancas para reunir en una sola obra a dos de las nueve musas: la música y la elocuencia. Ya nos advierte el programa de que el ánimo del autor no es «programático o descriptivo». Para nada, lo que el compositor parece recrear tanto en Poema como en Estampas de Kwaidan es la cadencia propia de la poesía, de forma similar, creo yo a lo que el mismísimo San Agustín interpreta como «modular» en su De musica: someter a una medida, a una regla.

   De modo que, cuando Joan Enric Lluna toma el clarinete y comienza a tocar Poema, nos encontramos con un ejercicio a medio camino entre la oratoria y la música en el que el instrumento no suena, sino que declama de forma orgánica y poética. En Estampas de Kwaidan encontramos una versión mejorada con esto mismo. El clarinete se convierte aquí en una especie de narrador que invoca una escena que suena al involucrar en el discurso al violonchelo y al piano. Los tres músicos se mueven con una única intención hacia un punto de tensión que, progresivamente retorna a la calma. La parte negativa de la obra está en la repetición —no idéntica, pero si similar— de la estructura en cada uno de los cuatro movimientos, lo que hace que, aunque interesante, sea poco placentera.

   Quadern de haikus es, en este aspecto radicalmente diferente. Son nueve brevísimas explosiones de genialidad, distintas, pero a la vez con una sonoridad común lograda a partir del excelente trabajo en materia tímbrica que realiza Casablancas. Con esta obra escuchamos al quinteto de Moonwinds al completo por primera vez en la velada y pudimos apreciar la cohesión que hay entre estos excelentes músicos.

   Creo que Quadern de haikus hubiera sido un mejor broche para la velada que Introducción, cadencia y aria, una obra más compleja y mucho menos fresca, hija de su tiempo. Además, chocó notablemente con la obra precedente: Like a tinyt drop of dew, de Laura Vega, una pieza que logra recrear en todo su esplendor el sonido de las bandas sonoras del cine épico con tan solo un quinteto. Vega lo consigue gracias a un manejo extraordinario del ritmo y la melodía que va pasando por distintos instrumentos, todo ello adornado con minuciosos detalles tímbricos que no pasaron desapercibidos. El quinteto de Moodwinds supo dar la intensidad adecuada a una obra de la que solo puedo mencionar un detalle negativo: la pretenciosidad del título y la frase que la compositora dedicó a la pieza en el programa de mano.

   Se completó la velada con Upflight of butterflies, en la que la compositora Charlotte Bray hace gala de todas las capacidades que ofrece un quinteto de flauta, clarinete, violín, violonchelo y piano; y con Klänge von Lethe, del compositor japonés Toshio Hosokawa. En una peculiar pieza que combina a la perfección paisajismo sonoro y melodía, el autor crea una particella para la flauta absolutamente virtuosa de la que Julia Gallego no solo salió airosa, sino que le sirvió para mostrar todo su talento.

   Termina con esta mirada a oriente un reconocimiento a un compositor cuya obra ha sabido adaptarse a los tiempos gracias la curiosidad y la sabiduría que siempre acompañan a su música.

Fotografías: Rafa Martín/CNDM.

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