CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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Crítica: Christoph König dirige el concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE

8 de octubre de 2023

La Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE inaugura su temporada 2023-24 bajo la dirección de  Christoph König, con obras de Arriaga, Mozart y Bruckner

Christoph König con la Sinfónica y Coro de RTVE

El valorable Bruckner de Christoph König

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 6-X-2023. Teatro Monumental. Concierto A/1.  Obras de Juan C. Arriaga (1806-1826), W. A. Mozart (1756-1791), Anton Bruckner (1824-1896). Marina Monzó (soprano), Stepanka Pucalkova (mezzosoprano), Airam Hernández (tenor), Damián del Castillo (barítono). Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE. Marco Antonio García de Paz, director del Coro de RTVE. Christoph König, director.

   Las cuatro temporadas de la magnífica era Pablo González como director musical dan paso, en esta nueva temporada de la Orquesta Sinfónica y Coro RTVE, a la era del director alemán Christoph König (1986), que será su director titular y artístico, lo que le confiere -en teoría- una autonomía absoluta a la hora de diseñar las temporadas de conciertos e involucrarse a fondo en la evolución artística del Coro y la Orquesta. El maestro dirigirá en esta temporada ocho de los veinte conciertos programados, congregando por orden cronológico -y no citamos a todos- a Beethoven, Rachmaninov (3.ª Sinfonía), Beethoven (Concierto para piano n.º 3), Montsalvatge, Prokofiev, Mozart, Bruckner (6.ª Sinfonía), Holst, Stravinsky, Strauss, Beethoven (Sinfonía 9.ª) y Strauss (El murciélago).

   En esta ocasión especial, la de la apertura de la temporada, entendemos que el maestro König quiso convocar a todos sus efectivos sin dejar de programar algo de repertorio español, como fue la Obertura de Los esclavos felices, de Juan Crisóstomo de Arriaga. Para la parte coral eligió la muy vistosa Misa de la Coronación de Mozart, así como la prolija e hipnótica Sinfonía n.º 4 en Mi bemol mayor, «Romántica», de Anton Bruckner. 

   Escuchando la Obertura de Los esclavos felices, uno no deja de asombrarse de que fuera compuesta por el prodigio del bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, con tan solo 13 años. Aun con su corto corpus compositivo, cercenado por la tuberculosis cuando no había cumplido los 20 años, podemos adivinar que de no morir hubiera alcanzado niveles de prodigio inconmensurables. En la versión que ofreció König, reflejó muy apropiadamente ese interesante puente, captado por la inteligencia de Arriaga, que existe entre el Mozart mayestático y contenido -o ‘alemán’-, también el del más ‘italiano’, y las oberturas más espumeantes de Rossini.   

Christoph König con la Sinfónica y Coro de RTVE

   La Misa de la Coronación para órgano, coro, solistas y orquesta en do mayor (KV 317) es una de las misas que más se interpretan, de las muchas que compusiera Mozart. Esta misa se caracteriza porque que el coro se encuentra prácticamente presente en todo momento y requiere un cuarteto de solistas en el que la voz de soprano goza de un mayor lucimiento en solitario, sobre todo en el Kyrie inicial y en el más intimista, Agnus Dei

   La soprano Marina Monzó ofreció belleza vocal e interpretativa, timbre, volumen, expansión y proyección para plasmar estas dos difíciles secciones -además de en los cuartetos-, sublimando su técnico canto hacia los sonidos colgados, etéreos, sin perder nunca la capacidad para una muy buena dicción. También estuvo a la altura la voz del tenor Airam Hernández, con partes menos exigentes, cuyo apreciable volumen y capacidad de empaste con el resto de compañeros le permitió brillar en los cuartetos. No ocurrió lo mismo con las más que correctas voces del barítono Damián del Castillo y de la mezzosoprano Stepanka Pucalkova, que resultaron inaudibles en muchos momentos -la de la mezzo en todo momento- y ello desdibujó apreciablemente la belleza de los cuartetos.

   En cuanto al Coro de RTVE, formado para la ocasión por 56 miembros -los bajos esta vez estuvieron a la izquierda vistos desde el público-, todos lucieron muy concentrados durante toda la interpretación. Apreciamos muy mucho, en todas las cuerdas, sus capacidades para la realización de las dinámicas, siempre cantando con un sonido ampuloso -sobre todo en el Sanctus- y demostrando personalidad en cada una de las cuerdas, además de viveza en las partes rápidas de los Hosanna, arropando delicadamente los cuartetos cuando fue necesario y pudiendo competir de igual a igual con una orquestación eminentemente sinfónica -que no operística, como sostienen algunos musicólogos sólo por el hecho de que Mozart utilizara material para alguna de sus óperas-, pero sin sonidos desaforados.

   El plato más suculento, llegó en la segunda parte con la caleidoscópica Sinfonía n.º 4 de Bruckner, una de las sinfonías que ha experimentado un mayor número de revisiones debido a la permeabilidad del autor para incorporar cambios procedentes de otros colegas y alumnos. La sencilla personalidad de Bruckner, que nació en una familia de campesinos y que creció como organista expandiendo después su genio hacia el sinfonismo, permitieron tantos cambios. La versión que nos ocupa corresponde a la de 1880, con las siguientes acotaciones sobre los tiempos: 1. Bewegt, nicht zu schnell; 2. Andante, quasi allegretto; 3. Scherzo. Bewegt - Trio: Nicht zu schnell; 4. Finale: Bewegt, doch nicht zu schnell. Los violonchelos fueron ubicados detrás de los metales.

   El primer movimiento, luminoso, se caracteriza por las llamadas de las trompas y la malla sonora de trémolos en las cuerdas, intercalando temas líricos, heroicos y melódicos de forma alternada, en algunos casos danzables, dibujando en general un ambiente de naturaleza, donde se escuchan cantos de pájaros y se imagina una escena de caza.  Se subrayaron por parte de König la claridad expositiva y los grandes cambios dinámicos, con clímax alcanzados casi siempre por los metales -dado que Bruckner no suele componer con percusión, sólo con los timbales-, que resultaron empastadísimos (en especial el quinteto de trompas).

   Del segundo movimiento destacaremos un mayor calado espiritual que se alimenta del magnífico empaste de los violonchelos y el tema de las violas, mientras el resto de la cuerda realiza rítmicos pizzicatos. Fueron unos compases realmente especiales. Aunque el movimiento está motivado por una marcha fúnebre, hay también lugar para los danzables muy inspirados, que se alternan con tutti poderosos, que fueron muy bien contemporizados y contenidos por la mano de König. 

   El tercer movimiento es el más conocido por las repetitivas fanfarrias de los metales que simbolizan una escena de caza, en concreto el momento en el que se persigue a la pieza intentando cobrarla, y distintos grupos de caza -en ecos- van comunicando su situación. Como en el resto de movimientos, la construcción es aditiva con aspiraciones monumentales. El trío final de este movimiento sugiere placidez, descanso, después de la afanosa caza. 

   El último movimiento es extenso y cambiante, en muchos momentos hipnótico, en cuanto a distintas melodías, con aparición de temas plácidos que luego se desarrollan y se transforman. También se suceden las reexposiciones y un avance hacia el optimista clímax final como alabanza a la naturaleza.

   Como se ha comentado y detallado por cada uno de los movimientos, en Bruckner la música progresa paso a paso, sección por sección, con fuerza acumulativa. A nuestro juicio, König supo construir con acierto ese gran edificio sonoro, huyendo de trucos o asimilaciones a estilismos cercanos pero no identificables -como el de Wagner-. Y es que no es fácil acercarse a Bruckner -como, por cierto, hizo Celibidache de forma genial- y darle todo el sentido, limitándose a un tamaño de orquesta que más bien es la de Beethoven -pues no llega a ser la wagneriana-, renunciando a la percusión y a otros instrumentos de mayor riqueza tímbrica.

   En definitiva, Christoph König, realizó una muy buena versión de esta sinfonía, con un talante gestual muy empático con la música que dirigió en cada pasaje, siempre con braceos contenidos y normalmente cerrados en bucles, con resolutiva comunicación corporal y con tempi muy ajustados -quizá demasiado tendentes a la agilidad-, que le llegó a cubrir la obra en poco menos de 80 minutos. 

   Con un cuidado exquisito del sonido, aunque algo queda por pulir en los volúmenes que se aplicaron -alguno que otro hubo desmedido- el maestro logró conectar en todo momento con los instrumentistas y el público (hubo casi un lleno absoluto), por lo que obtuvo un éxito reseñable de vítores y aplausos. Como hizo el maestro, nosotros felicitamos sin reservas, desde aquí, a toda la sección de metales, en concreto a los trompas. Como es lógico, deseamos al maestro König una provechosa era con la Orquesta y Coro de RTVE.

Fotos: Orquesta y Coro RTVE

Marina Monzó Sinfónica y Coro de RTVE Airam Hernández Christoph König