CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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Crítica: Lise Davidsen en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

11 de octubre de 2023

Crítica de Óscar del Saz del recital de la soprano Lise Davidsen en el Ciclo de Lied coproducido por el Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] y el Teatro de la Zarzuela

Lise Davidsen en el Teatro de la Zarzuela

Davidsen y su Lied sin reservas

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 9-X-2023. Teatro de la Zarzuela. XXX Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM]. Obras de Edvard Grieg (1843-1907), Alban Berg (1885-1935), Franz Schubert (1797-1828) y Jean Sibelius (1865-1957). Lise Davidsen (soprano), James Baillieu (piano).

   Mucho toca que celebrar cuando el Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), en coproducción con el Teatro de la Zarzuela, ha logrado alcanzar su primera treintena, en una trayectoria imparable, robusta y -si cabe- in crescendo, garantizando además una renovación generacional en el público -cada vez vemos a gente más joven asistiendo a los recitales-, trabajando en la apuesta por dar oportunidades a los jóvenes intérpretes y manteniendo la frecuencia de la asistencia de figuras ya muy consagradas, algunos de los cuales repiten encantados cada año. 

   En esta especial ocasión, fue elegida -y es un gran tanto a favor por parte del Ciclo- la gran soprano noruega Lise Davidsen (1987), una de las voces más destacadas del presente y de cuya carrera se esperan grandes logros, sobre todo en los repertorios de -la rara avis- soprano spinto, en la línea -ojalá- de las inigualables Ghena Dimitrova (1941-2005) o Birgit Nilsson (1918-2005). En esta ocasión, la soprano se hizo acompañar por el también debutante, el pianista James Baillieu (Sudáfrica, 1982).

   El diseño del recital fue un recorrido denso y exigente por canciones del noruego Edvard Grieg (Fem Digte af Otto Benzon [Cinco poemas de Otto Benzon], op. 69, presentadas por primera vez en el Ciclo de Lied), transitando inmediatamente después a un ciclo de canciones del austriaco Alban Berg, que por el encuadre de su época aportaron una dosis de vanguardismo estilístico (Sieben frühe Lieder [Siete canciones de juventud]). Para volver a los orígenes del Lied, se presentó una selección de canciones señeras de Franz Schubert que después comentaremos, finalizando el recital con cinco canciones del finlandés Jean Sibelius (Fem sånger [Cinco canciones], op. 37 y la canción suelta Svarta rosor [Rosas negras], op. 36). 

Lise Davidsen en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

   La voz y el canto de nuestra protagonista es, a todas luces, impactante y parece no conocer extremos en volumen, con una más que suficiente e igualada extensión para su repertorio previsible (el de soprano spinto pero sin agudos extremos), a la vez que puede conseguir dinámicas imposibles, cambiantes, proyectadas o súbitas, de forma aparentemente sencilla, dotando a su canto de una gran variedad así como una importante cantidad de armónicos, en una facilidad para el cambio de registro (pecho versus cabeza) y las medias voces que no es fácil observar en otras colegas de cuerda. Su centro y graves son excepcionales, y aunque sus agudos son infalibles y emitidos de forma liberada y franca, podrían -siendo muy puntillosos- adolecer de excesiva exposición -por su forma de cantar- tendente a la apertura, penalizando la cobertura de la emisión. Su dicción es clara, el timbre no es nunca hiriente, y su legato/fraseo son muy elaborados, por mor de un control del fiato muy bien trabajado. 

   Todas estas enormes facultades estuvieron aplicadas, sin desmayo, al servicio de todo el recital, aunque Lise Davidsen, como es lógico, estuvo más atinada estilísticamente en los repertorios más afines (Grieg y Sibelius). A mayor abundamiento de los mismos, la cantante tuvo la amabilidad de explicarnos, micrófono en mano, la diferencia que existe en la gestión de los sentimientos entre los nórdicos y los que tenemos alma sureña. 

   De Edvard Grieg, que siempre compuso pendiente de retratar el rico folclorismo noruego, destacamos la muy contrastada primera canción -un Allegro grazioso que pendula el carácter entre el ímpetu canoro y el relajo-, Der gynger en Båd på Bølge [Se mece una barca en las olas]; también, la muy pesarosa tercera, a modo de marcha fúnebre, Ved Moders Grav [En la tumba de mi madre], donde la cantante hizo brillar su primoroso legato; por último, la quinta, Drømme [Sueños], fue demostración palpable de su virtuosista canto en piano combinado con tesitura aguda, relatando muy eficientemente una historia que habla de sentimientos encontrados entre la placidez de los sueños y la tozuda realidad. Lo cambiante de la escritura pianística, con varios pasajes coloristas, hizo lucirse a Baillieu.

   Con Alban Berg, pudimos disfrutar de la gran capacidad de la cantante para lucir en las dinámicas y exhibir su trabajada línea de canto. Ambas le sirvieron para construir las atmósferas apropiadas, en los sentimientos o en la ambientación, como en la primera, Nacht [Noche], en la que la naturaleza se pone en contra del ser humano y lo envuelve en pura soledad. La factura de los reguladores embellecieron la cuarta, Traumgekrönt [En una aureola de ensueño], y en Sommertage [Días de verano], Davidsen demostró que la frialdad en el canto no va con ella y fiel al espíritu de esta canción, realizó una versión llena de ardor y pasión. Quizá al piano de Baullieu le faltó aquí cierto fuste.

Lise Davidsen en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

   En el universo Schubert, nos fijamos en tres de las seis presentadas. En Gretchen am Spinnrade [Margarita en la rueca] el impresionante caudal sonoro de nuestra soprano, matizado por su dinámica piano, que luego se desboca, imprimió renovada inercia al discurso hipnótico y machacón del piano -la rueca- puesta al servicio de los versos de Goethe, consiguiendo -como ha de ser- que la angustia del relato fuera realmente exasperante. 

   Erlkönig [El rey de los alisos], fue perfectamente dramatizada por la voz de Davidsen en cuanto a los personajes que intervienen: Además del narrador (voz quasi-neutra), el hijo (voz aclarada), el padre (voz oscura) -ambos cabalgando juntos-, y la muerte que les persigue. En el piano, lástima, se nos quedó muy corto de intensidad Baillieu. En la última, Litanei auf das Fest aller Seelen [Letanía en la fiesta de los difuntos] nuestra soprano demostró su capacidad para aplicar las gradaciones de sus pianos (p, pp, ppp), resultando una versión tan balsámica como espiritual.

   Finalmente, Jean Sibelius sirvió a la cantante para demostrar variedad interpretativa en las canciones ofrecidas, con partes que mezclan el parlato con el canto, algunas con escaso acompañamiento del piano. La segunda, Lasse liten [Lasse, mi pequeño], colorista como la infancia misma, sirvió de tierna puesta en escena de nuestra soprano hecha madre. Var det en dröm? [¿Fue un sueño?], la cuarta, es una de las más conocidas del compositor, que muestra el amargor del amor perdido por causa de infidelidad. Destacamos la ambientación conseguida por las buenas prestaciones de Baillieu.

   El recital concluyó con Svarta rosor [Rosas negras], cuyas flores de ese color, las rojas y las blancas brindan dibujo -respectivamente- a la pena, a la sangre y a la muerte. Música y texto, reflejan un desasosegado discurso que sirvió a Davidsen para volver a mostrar su capacidad para cabalgar sobre un carrusel de modulaciones, agudos y graves, sin despeinarse, ni atisbar en ella la mínima fatiga vocal. 

   Todo este intenso recital fue muy aplaudido y vitoreado por el público, habiéndose ocupado todas las butacas del Teatro de la Zarzuela. Después de varias salidas a saludar, el binomio Davidsen-Baillieu ofreció dos propinas que terminaron por redondear su éxito: Ein Traum [Un sueño] y Zur Rosenzeit [A la hora de las rosas], de Edvard Grieg. 

   Todos los que no habíamos escuchado a Lise Davidsen en directo recordaremos este recital, sobre todo porque nos alegra que vuelvan a valorarse las voces grandes o, al menos, los y las Liederistas que cantan a voz y también consiguen emocionar. No cabe duda de que Lise Davidsen es una gran cantante ya, aun con sus pocos años de carrera. 

   Si cuida su instrumento desde el punto de vista técnico y afronta un repertorio adecuado, puede proporcionarnos mucho disfrute alrededor de un repertorio al que actualmente -pervirtiéndolo- se habían subido voces de muchos menos kilates. No hay duda de que la seguiremos en todo ese camino, deseando que siga frecuentando el Lied y este ya treintañero Ciclo.

Fotos: Rafa Martín

Lise Davidsen Teatro de la Zarzuela Lied CNDM James Baillieu