CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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Crítica: Olga Peretyatko en el Ciclo de Lied del CNDM y el Teatro de la Zarzuela

17 de octubre de 2023

Crítica del recital de Olga Peretyatko en el Ciclo de Lied coproducido por el Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] y el Teatro de la Zarzuela

Olga Peretyatko en el Ciclo de Lied coproducido por el Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] y el Teatro de la Zarzuela

Peretyatko: Técnica y excelencia canoras

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 16-X-2023. Teatro de la Zarzuela. XXX Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM]. Obras de Robert Schumann (1810-1856), Clara Schumann (1819-1896), Johannes Brahms (1833-1897), Pauline García Viardot (1821-1910), Alexander Aliábiev (1787-1851), Frédéric Chopin (1810-1849). Olga Peretyatko (soprano), Semjon Skigin (piano).

   Después de la brillantísima apertura de la XXX edición del Ciclo de Lied con el debut de Lise Davidsen se mantiene en todo lo alto la apetencia por asistir a los recitales, dado que en esta ocasión se nos ofreció un nuevo debut -volvemos a felicitar a los responsables del Ciclo-, motivado por la presencia de la grandísima soprano rusa Olga Peretyatko (1980), acompañada por el experimentado pianista, el también ruso, Semjon Skiging.

   El diseño del recital fue una sucesión de introducciones de la propia soprano, de carácter biográfico-sentimental, por cada una de las piezas -micrófono en mano-, leídas en un aceptable nivel de español, reforzando en cada una de ellas la idea de la excelencia compositiva de las dos protagonistas de la velada, Clara (Wieck) Schumann y Pauline Viardot (hija del famosísimo tenor Manuel García (1775-1832) y hermana de María Malibrán (1808-1836)), y reivindicando su empeño por sobresalir como creadoras -frente al ‘masculinismo’ reinante en la época. Todavía en la actual, añadimos nosotros-, si bien lo consiguieron todo -con el público rendido a sus pies- como excepcionales intérpretes al piano y cantando -Pauline también fue una gran mezzo- en los teatros de ópera.

   Además, Peretyatko -entendiendo que los textos leídos pudieran ser de ella misma- quiso recalcar la sólida unión, el apoyo sentimental -casi como almas gemelas-, de sus respectivos grandes amores aun en distintas vicisitudes de su vida en común: a saber, Robert Schumann y el afamado escritor ruso Ivan Turguénev (1818-1883), que conoció a la Viardot en el Teatro Mariinski de San Petersburgo y la acompañó para establecerse en Francia. 

   Adelantamos aquí que se agradece la intención, y que estuvieron muy bien elegidos los textos alrededor de cartas, diarios, vivencias o rememoraciones de las dos protagonistas, y que vinieron muy a cuento a cada pieza a interpretar, pero quizá la alternante y un tanto machacona prosodia de textos hizo que en el recital hubiera demasiadas rupturas del hilo musical conductor. 

Olga Peretyatko en el Ciclo de Lied coproducido por el Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] y el Teatro de la Zarzuela

   Creemos que ello es importante comentarlo porque de hecho, y aunque hubo interludios de piano solo, en los que se lució Skigin, también en alguno de ellos se pisó la música con el raconto de nuestra soprano. El concierto se abrió de esta forma con la pieza de Robert Schumann, Träumerei [Ensueño], op. 15, n.º 7, de atmósfera claramente romántica, muy bien escanciada por parte de Skiging. Otra pieza en solitario fue la Mazurca (1905), mediada la segunda parte, compuesta por Pauline Viardot, y que vive de la estilística de Chopin en torno a la recreación de pasajes sin metrónomo y utilización profusa del rubato como recurso expresivo, que en las manos de Skiging resultó demasiado floreada, en detrimento de una mayor sutileza. 

   Cierto es que la Viardot ejerció de arreglista de varios compositores de la época, e incluso, publicó en 1864 las Seis mazurcas, de Chopin, haciendo ella lo propio -componer las suyas a imagen y semejanza- con la pieza (que también formó parte de este recital) Aime-moi [Ámame], añadiéndoles letra, así como trinos y agudos varios para hacerlas cantables y -en muchos casos- utilizarlas para dar clases a sus alumnas aventajadas. Encontramos muy apropiada esta pieza para esa vocalidad tan maleable y atractiva de nuestra protagonista.

   La voz de la Peretyatko es de lírico-ligera, muy bella y cálida, casi mediterránea en la riqueza armónica, a la que se une una excepcional técnica ‘a la antigua’, basada en la profundidad de la respiración y el apoyo, sin utilizar nunca el sobre-apoyo, sin forzar nada en la emisión, todo sobre el aire, consiguiendo un timbre límpido, y muy bien proyectado en cualquier parte de la sala. Su paleta de dinámicas es muy rica, con un canto en piano que resulta exquisito. 

   También a voz plena, se permite fraseos y legatos que articulan una envidiable línea de canto, que se enriquece por su encomiable dicción. Su técnica vocal también tiene completamente resuelta la zona aguda, con todos los sonidos cubiertos, hermosos y con peso, perfectamente proyectados, donde nada se resiente aun teniendo que cambiar de idioma varias veces (alemán, ruso, francés, italiano).

   Desde luego, es de las pocas veces en las que los protagonistas de un recital nos satisfacen en tan alto grado. Verdad es que siempre nos fijamos en la dependencia de los cantantes respecto de la partitura. En este caso, creemos que la «dependencia» fue más bien textual/idiomática. 

Olga Peretyatko en el Ciclo de Lied coproducido por el Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] y el Teatro de la Zarzuela

   De las siete canciones interpretadas de Clara Schumann destacamos la muy conocida y considerada obra maestra a la altura de las de su esposo, Lorelei, quintaesenciada en la voz de Peretyatko, así como la titulada Die stille Lotosblume [El loto silencioso], que sirvió para reflejar las conocidas y apasionadas cartas de Robert a Clara: cantada en pianísimo, con bella línea de canto, aunque de forma acariciadora por cada palabra, con una voz «oro en paño», nuestra soprano derrochó expresividad y emoción en cada verso.

   En la siguiente sección del recital se dibujó la experiencia vital del triángulo artístico Clara-Robert-Johannes Brahms, interpretándose obras sueltas de los tres creadores, y donde se refleja la llegada de Brahms a su casa con una carta de recomendación del insigne violinista Joseph Joachim (1831-1907), la enfermedad (locura) de Robert -Warnung [Advertencia], compuesta por este último- y su muerte poco después -Ich stand in dunkeln Träumen [Sumido en sueños sombríos], compuesta por Clara; y finalmente, Réquiem, compuesta por Robert Schumann-. Estas dos últimas, tan tristes, fueron perfectamente matizadas, en la estética puramente romántica, por la voz de Peretyatko. 

   La segunda parte, dedicada totalmente a composiciones de Viardot (salvo la efectista por trinos y picados, Solovei [El ruiseñor], del célebre Alexander Aliábiev), de ambientación mucho más ligada a las relaciones amorosas de vivencia más real y menos «romántica» (en el sentido de la corriente estilística), en este caso la de Viardot-Turguénev, con escrituras para la voz y el piano muy bien armadas.

   Todo ello se refleja en un repertorio más cosmopolita -a la francesa-, y también -a la rusa- (obviamente, a la italiana y a la española), que también hay que diferenciar en el canto, que en este caso ha de ser más arrojado y pirotécnico -Serenada [Serenata]-, salvo cuando vienen mal dadas en la vida -Povera me [Pobre de mí]- y ya nada le interesa a la compositora después de la muerte de su amado. 

   Olga Peretyatko sirvió con denuedo y un despliegue vocal multiforme a todas estas condiciones de contorno sentimentales, replegando el final del recital hacia lo sensible y lo introspectivo con dos piezas cantadas en ruso: La oscura niebla en las colinas de Georgia y Nana cosaca, terminando en francés con la de carácter afligido Le Miroir [El espejo].

   Después de este maravilloso recital, por mor de las espectaculares prestaciones de la artista y un Semjon Skigin de primera clase, asistimos a una única pero inolvidable propina de ópera, el ambiente natural de esta cantante. Difícil es iniciarla desde el pianísimo, modelando y cincelando el misterioso discurso sonoro que va acumulando energía en los arcos sin respiración y las dinámicas creciente-decreciente, junto con la luna llena presente -aunque no estuviera-, y el público cual pueblo celta, asistiendo a ese mágico ritual donde sacerdotisa y cantante se funden para celebrar la feminidad, rendir cuentas ante los fenómenos naturales y limpiarnos el espíritu. 

   Todo eso -y más- lo conseguían las Normas de Callas y Caballé. Les aseguramos que el Casta diva de Olga Peretyatko, aun en versión con piano, no se quedó muy por detrás. ¿Dónde hay que firmar para que Olga Peretyatko vuelva al Ciclo de Lied?

Fotos: Rafa Martín

Olga Peretyatko en el Ciclo de Lied coproducido por el Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] y el Teatro de la Zarzuela
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